El presente es un lugar
Sus ojos cerrados.
Una gota en la frente.
Dos besaron sus mejillas.
Tres resbalaron sobre su pelo.
A la quinta comenzó el diluvio.
Mientras se mojaba, sonreía, hipnotizado por el sonido de la lluvia, extasiado por aquel aroma a limpio.
Alguien creyó que necesitaba ayuda.
—Pero… ¡Por el amor de Dios! Se va a empapar.
Él seguía sintiendo el agua caer.
—Venga conmigo. Aquí no se mojará.
El rumor de la lluvia lo invadía todo.
—Le daré algo de comer.
Solo entonces abrió los ojos.
Era una vieja cantina, con polvo en los cristales y olor a bebida. Desesperada por abrazar clientes. Sus paredes hablaban de días pasados. Su dueña no.
Sentó al mendigo en una mesa y, poco después, le sirvió un plato de esos que se agradecen en invierno.
A la primera cucharada se le ensanchó la sonrisa.
—Pero, hombre… ¿Qué hacía en mitad de la lluvia?
—Disfrutar de este maravilloso día. ¿No se lo parece?
—No. Con este tiempo no recibo clientes. Si sigue así mucho más, me quedaré sin futuro.
—No ha pasado.
—¿Qué?
—Que el futuro no ha pasado.
—¿Y si no nos adelantamos al futuro? ¿Qué nos queda?
—Nos queda hoy.
—¿Tan simple?
—Sí. El pasado falleció entre intentos. El futuro no existe todavía. Solo nos queda el estar.
—¿Y usted…? ¿Cómo está?
—Magníficamente. El presente me ha regalado este sabroso manjar.
—No ha sido el presente. He sido yo.
El mendigo rebuscó en su bolsillo y depositó en las manos de la mujer varias monedas de plata.
—Pero… Esto es una fortuna.
—Es lo que vale su plato. Inmensamente rico y justo cuando más lo necesitaba.
—Pero guarde monedas para cuando las necesite de nuevo.
—Cuando las necesite, vendrán a mí.
—¿Tan seguro está?
—No. Pero sabré qué hacer. Y, si no, no podré hacer nada.
La lluvia dejó de sonar.
El sol volvió a secar las calles.
Él sonrió.
El presente comenzó a cambiar otra vez.

Cuando salió de la cantina seguía lloviendo dentro de él
The Blue Nile – Tinseltown in the Rain

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