
La noche duró un suspiro, un par de vueltas en la cama y un sabor metálico a pesadilla de infante. El café le dio un respiro, pero el cansancio no.
—Qué mala cara. ¿Dormiste mal?
—Anoche no podía dormirme. Y cuando lo conseguí, todo eran pesadillas.
—¿Ah, sí? Menos mal que hoy estás de descanso. ¿Qué soñaste?
—Soñé con tu madre.
—¡Vaya!
—Sí, pero no era tu madre. Era otra cosa.
—¿Qué cosa era? ¿Un ogro?
—No, una bruja.
—Nada, que lo estás arreglando.
—Coño, Marta, que era un sueño.
—Con una suegra feroz.
—Bueno, si quieres no te lo cuento.
—Que no, no pasa nada. Cuéntame sobre esa bruja.
—Pues estaba en su casa preparándose. Vistiéndose para salir. Pero yo ya sabía lo que quería. Y venía hacia aquí.
—¿En plan lobo feroz de los cuentos?
—Mira, sí. Algo así. Pero no era comerme lo que quería.
—¿Descuartizarte, tal vez?
—No. Venía de camino y se iba relamiendo. Era horrible.
—¿Pero qué quería?
—Pues… eso… ya sabes.
—No, no sé. ¿Qué quería mi madre? ¿Abofetearte? ¿Golpearte con un bate de béisbol? ¿Llevarse la custodia de tus hijos?
—Follarme, Marta. Quería abusar vilmente de mí.
—¡Joder! Con mi madre. Menudos sueños tienes.
—Como si yo los eligiera.
—A ver si va a ser algo freudiano y tiene que ver con tu psique.
—Déjate de historias y vete a trabajar, que vas a llegar tarde.
Él removía todavía el café cuando ella le plantó un beso de despedida y se dispuso a salir.
El timbre de la puerta los sorprendió a los dos.
Tres toques.
Riiing.
Ring.
Riiing.
Marta, que ya estaba allí, abrió.
Tras la puerta, con los labios pintados de rojo y el cabello recién salido de la peluquería, estaba ella.
—¿Mamá?

Ya sabía lo que quería
Los Mojinos Escozios – Dejad Que Las Niñas se Aserquen a Mi (Hombres G)

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