
—Fffshhh… shh… si arasishhh…
—¿Fffshhh… shh… si arasishhh?
—Sí. Fffshhh… shh… si arasishhh.
—Pues no te entiendo.
—Da igual que no me entiendas. ¿No sientes pavor?
—Pues no mucho. ¿Debería?
—Claro. Soy un fantasma.
—¿Y no decís “¡uh!”?
—¿¡Uh!?
—Sí, bueno… uuuuuh.
—Ah, no. Esos son los aulladores. Yo soy un susurrador.
—Ah, vale. ¿Y qué quieres?
—Atormentarte, claro.
—¿Y por qué?
—Bueno… mis razones tengo.
—Pero ¿cómo me vas a atormentar si no sabes el motivo?
—También tienes razón. Pero una cosa que tiene la muerte es que dispersa mucho la mente. Se ve que, como dejas de tener cerebro, luego cuesta acordarse de las cosas.
—Pues qué rollo.
—Ya ves. Me acuerdo de una mujer. Una mujer preciosa.
—De eso siempre se acuerda uno.
—También de caer desde muy alto. Y luego un golpe.
—¿Desde una ventana?
—Sí… puede ser. Una ventana y un marido enfadado.
—Coño… ¿José Mari? ¿Eres tú, José Mari?
—Sí… creo que sí.
—Pues José Mari, te has equivocado de piso. El cornudo que te empujó cuando te pilló con su mujer vive en el de arriba.
Nekromantix – Nice Day For A Resurrection

Si un fantasma susurra a tu oído, no entres en pánico. Quizá solo se haya equivocado de puerta.

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