
—¿Dónde está Willy?
—Te está esperando, en tu cuarto.
Ahí estaba.
Con una corona de sufrimiento sobre el lomo.
Gastando el tiempo en descanso.
Suspirando en sueños.
Tenía una fea cicatriz que contaba una batalla.
Apareció aquel día gris.
Flaco de trasnochar sobre tejados, sucio de insultos en el vertedero.
Entró por mi ventana sediento de amor.
—Hola, chico. ¿Qué haces por aquí?
¿Y qué iba a hacer yo si no?
Invitarle a pasar.
Arroparle la barriga y regalarle la yema de mis dedos.
Y después, todo fue un sueño.
Aprendió a quedarse a mi vera
y yo a respirar con él.
Supo de mi tristeza
y su ronroneo me alivió.
Me enseñó a caminar despacio,
a contemplar la luz de la mañana sin morir de dolor.
Comprendió mi silencio
y simplemente me acompañó.
Ahora caminaba despacio, triste, viendo una lágrima resbalar.
—Tranquilo… ya ha pasado lo peor.
Un suspiro rompió el silencio.
—Se pondrá bien.

Comprendió mi silencio y se quedó.
Portishead – Roads

Deja un comentario