
—Qué calor.
—Normal. Después de lo que acabamos de hacer… cualquiera tendría frío.
—¡Tonto! No me refiero a eso. Antes no hacía tanto calor.
—¿Que no? En agosto aquí siempre hace este calor. ¿Siempre has vivido aquí?
—Bueno… pasé unos años en el norte. Pero mi adolescencia fue aquí.
—¿Aquí, en el pueblo?
—Sí.
—Qué raro que no me acuerde de ti. Tienes treinta años, ¿no?
—Treinta y dos. Te mentí con la edad.
—Bueno… mi edad. Qué raro. ¿Fuiste al colegio aquí? ¿O tus padres eran de los que podían permitirse el privado?
—Idiota. Claro que estudié aquí.
—Pues de verdad que no me acuerdo de ti.
—Bueno… hace veinte años era un poco diferente.
—Eras un chico, seguro.
—Sí. Me llamaba Ramón. No, imbécil. Era tímida y retraída. Vestía siempre de negro y llevaba un maquillaje muy oscuro.
—¿Gótica?
—Algo así.
—Eras Rafi la Gor…
…
—Cómo has cambiado.
——Ya ves. Lo que es llevar en el cuerpo años de complejos. Al final terminas castigándolo. Dejando de comer. Es curioso… crees que odias tu cuerpo, cuando en realidad odias las voces que llevas dentro. Pero bueno… unas cuantas sesiones con psicólogos y un poco de amor propio… y aquí estoy. Nada que no pudiera solucionar.
—¿Qué solucionaste? ¿La obesidad?
—Los insultos. Los empujones en el colegio. Las bromas tan ingeniosas que me hacíais tú y tus amigos.
Hizo una pausa.
—Tú no me recuerdas. Pero yo a ti sí.
Él bajó la mirada.
—Éramos niños.
—Erais crueles.
El silencio duró unos segundos.
—Pero sí. Es agua pasada. Y, aunque no lo parezca… esta noche la he disfrutado.
Él sonrió aliviado.
—Bueno… nos volveremos a ver estos días, ¿no?
Ella terminó de vestirse.
Lo miró de arriba abajo.
Sonrió.
—Cuando te crezca un poco.

Las voces pesaban mucho más que mi cuerpo
Korn – Falling Away From Me
Esta historia va por quienes un día dejaron de verse con sus propios ojos.

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