
— Sí, no se preocupe. El seguro se hará cargo de su vivienda.
— Menos mal. ¿Cuánto tiempo cree usted que tardará la obra?
— Pues… Entre la validación del perito, el pedido del material, los permisos y la obra… Unos dieciséis meses. Puede que más.
— Entonces ustedes me habilitarán una vivienda durante ese tiempo, ¿verdad? La casa ha quedado inhabitable después de la riada…
— Efectivamente. Previo pago de unos 700 € mensuales, puede que 800 según la zona.
— Pero… yo no puedo pagar una hipoteca y ese alquiler al mismo tiempo. Tengo más gastos, ¿sabe?
— Lo entiendo. Pero el seguro no le cubre vivienda de sustitución.
— No puedo asumir más de lo que ya pago… Alguna solución debe haber para un caso como este.
— Bueno, hay una alternativa. Aunque no sé si la querrá…
— En las condiciones en las que estoy… creo que cualquier alternativa me vale.
— Fíjese, es esta que ve en la pantalla.
— Esto es… Es una maravilla de casa. ¿Qué pega tiene?
— Bueno, no se paga con dinero precisamente.
— Me está asustando… ¿Tendré que donar algún órgano?
— No, no exactamente. Lo llamamos pago por capacidad mental.
— ¿Qué?
— Consiste en ceder parte de su mente para uso ajeno. Sabe que el cerebro humano está bastante desaprovechado, ¿no?
— Eso he escuchado, aunque creo que era una interpretación errónea…
— Bueno, solo a medias. La idea es esta: cederemos el 30% de su mente a una corporación, que usará esa capacidad para intercambio de datos.
— ¿Como un disco duro?
— En realidad, como una nube. Acotaremos esa parte de su memoria, instalaremos un sistema operativo y lo haremos funcionar como servidor de datos.
— ¿Y eso no afectará a mi cerebro?
— Apenas. Puede perder algunos datos de memoria profunda.
— ¿Olvidaré cosas?
— Casi nada… Vamos directamente a la zona donde suelen almacenarse los traumas de infancia. Poco más.
— Buff…
— ¿Le interesa? Se ahorra en psicólogos y le damos vivienda por dos años.
— ¿Duele?
— No mucho. Es una intervención quirúrgica sencilla. Algún dolor de cabeza puntual.
— Bueno, no tengo muchas más opciones. ¿Algo más que deba saber?
— No hay muchas pegas. Salvo…
— ¿Qué más?
— Los hackers. Búsquese un buen antivirus, por si acaso.

Nada es gratis. Ni siquiera tu memoria.
Frank Zappa – A Token Of My Extreme

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