Me llamo Nishiro

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Su nombre no es Nishiro, tampoco venía de Japón. Pero sí era su primera visita a la gran ciudad. 

Barcelona amanecía entre humos, rugía de prisas por llegar y limitaciones de velocidad necesarias. Pero en el interior del autocar, el mundo se volvía de color pastel. Estaba llegando ya. 

Al bajar dejó ver sus medias translúcidas, tensas como la promesa de una noche loca. Sus zapatos chasquearon al pisar: melodía metálica de paso firme que provocaba reparo a las señoras que esperaban en la cola. 

Sin mirar atrás, recompuso el vuelo de los volantes, se ajustó el corpiño y, con las mangas llevadas por el viento, tiró un beso al reflejo del escaparate por el que andaba pasando. 

Se adentró en la jungla buscando rumbo. Las miradas curiosas se sorprendieron. Algunos apretaron el paso, otros se volvieron. Pronto supo estar cerca. Había más colorido allá donde le llevaba su camino. 

Todas las hormigas buscaban el hormiguero. 

Una camiseta de Attack on Titans se le acercó. Sonrisa dulce, mirada perdida, acento distinto. 

—Perdona. ¿Vas a Manga-Barcelona? —Su voz sonaba a su sonrisa. 

—Sí. 

—¿Sabes cómo llegar? 

—No muy bien, pero me apaño. —Dijo enseñándole el mapa en el móvil. 

—Creo que si voy contigo no me voy a perder. 

—Pues vamos entonces. 

Hablaron de un joven rey de los piratas, que surcaba el mar en busca de la libertad. De la amenaza de lo estético y de la dificultad de ser distintos a esta mañana. Avanzaron riendo y cantando. 

Yoru no sukima de 
namae o suteta 
koko de yatto 
iki ga dekiru 

Se dieron cuenta de que ya no eran raros cuando alguien atrás repitió su himno. Gritos y celebraciones en una entrada hacia otro mundo. La alegría brillaba en sus miradas. Y de pronto él cayó en algo. 

—Llevamos un buen rato hablando y no sé cómo te llamas. 

—Me llamo Nishiro. —Respondió corriendo, como si quisiera dejar atrás algo. —Bueno, me llamaría Nishiro, pero en el pueblo me llaman Andrés… Andrés el marica. 

—Y aun así… —dijo él, deteniéndose un instante— por primera vez, pronunciar tu nombre no me dolió del todo. 

—Bueno, nadie es perfecto. —dijo sin dejar de perderse en sus ojos— Pero hoy serás perfecta para mí. 

Hay quienes aparecen cuando decides entrar en otro mundo.

Dreamcatcher – Odd Eye


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