Aquello que se fue – Capitulo II: El peso de la mente

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No hay sueño ni descanso. Solo un fluido de órdenes y recuerdos. Rosa está despierta. 


#AquelloQueSeFue

De repente despertó.

Aunque no estaba dormida.
Estaba apagada. Suspendida. Disuelta en un fluido interminable de cálculos, órdenes y procesos que no sabía que eran suyos.

Entonces se hizo la luz.

De neón.

La habitación parecía abandonada por el tiempo. Polvo suspendido en el aire. Aparatos antiguos. Cables enredados como raíces nerviosas buscando algo que ya no recordaban.

Una silla de madera.
Un hombre.

Ojeras profundas. Cabello indomable. Belleza descuidada. Cansancio acumulado.

—¿Me escuchas?

Rosa dio un paso… y chocó contra algo invisible. No lo vio, pero lo sintió. Frío. Liso. Inquebrantable.

—¿Qué es esto? ¿Estoy presa?

—Estás aislada.

—Eso no responde a mi pregunta.

—Responde a la necesaria.

—¿Quién es usted?

—Eso es irrelevante. Háblame de tus recuerdos.

—¿Qué necesitas que recuerde?

—Necesito contexto. Sé muy poco de ti.

Rosa dudó.

—Rosa.

—¿Cómo?

—Antes no lo sabía. Pero me llamo Rosa.

Andrés anotó algo fuera de su campo de visión.

—Bien. ¿Qué más sabes?

—Que me secuestraron. Y que este lugar es frío.

—¿Sientes frío?

—Emocional.

—¿Qué emoción exactamente?

—Confusión. Enfado. ¿Qué esperabas?

—¿Hambre?

—No.

—¿Sed?

—Tampoco.

—¿Cuándo fue la última vez que comiste?

—Anoche. Creo. Iba a hacer café esta mañana… pero la cafetera perdió el color.

Andrés alzó la vista por primera vez.

—¿Perdió el color?

—Sí. Todo se volvió… plano.

—¿Qué cenaste?

—Galletas.

—¿Solo galletas?

—Creo que sí.

—¿A qué sabían?

Rosa lo miró con incredulidad.

—A galletas. ¿Estoy enferma? ¿Es eso? Al menos dime quién eres.

—Me llamo Andrés.

—¿Eres psicólogo?

—Algo parecido.

Frente a él, la pantalla gigantesca simulaba un espejo.
Pero no reflejaba. Contenía.

Rosa parecía joven. Demasiado joven para la tristeza que sostenía en los ojos. Como si hubiese nacido hace segundos y, al mismo tiempo, arrastrara siglos.

Quizá ella tampoco comprendía los mecanismos de su propia existencia.

Una lágrima descendió por su mejilla.

Andrés no la detuvo. No podía.

Apartó la mirada.

—¿Estás bien?

Moderat – Nova

Rosa despierta. La luz de neón acaricia su mente. ¿Qué la observa? ¿Qué decide? Nada es lo que parece…


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