
Atrapada entre el canto de los estorninos, vencida sin remedio por el peso de los párpados, entre el verde de la pradera y el azul del cielo, suspiró. De su boca se elevaron mariposas blancas, queriendo alcanzar el sol entre las brumas. De sus manos y pies, las raíces encontraron líquido alimento para el murmullo de su pecho. Y su cabello, se deshizo en bucles de tiempo, en el amanecer del rocío, en el amor del río por el mar eterno.
Y el mar rompió en sal las lágrimas de otros.
Ella ya era universo.
Y se convirtió en recuerdo.
Dead Can Dance – Opium
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