
No sabía de dónde habían sacado la idea del queso.
El granero tenía suficientes semillas para mi alimentación. Pero una galleta no hubiera estado mal. También inventaron algo muy rico que llaman pan. Ojalá hubiera sido eso.
Pero allí solo estaba ese grasiento trozo de leche fermentada.
¿De verdad querían que arriesgara mi vida por esa porquería?
Aunque no hay que ser desagradecido.
Así que, con sumo cuidado, pulsé el detonante que activó la trampa. El metal golpeó con fuerza la madera y me dejó vía libre para retirar aquella porquería amarilla.
Se la di al perro.
Sé que a él le encanta.
Y además mantiene al gato lejos.
No sé por qué lo odia tanto, pero está bien que sea así.
Ahora solo quedaba lo más difícil.
Conseguí deslizarme bajo la barra metálica del aparato mortífero.
El trampero andaba ya cerca, así que decidí recurrir a mis grandes dotes interpretativas.
Los ojos cerrados.
La lengua colgando.
Personificaba una marcha fúnebre a punto de ser transportada.
Y eso hizo el cafre.
Agarró el siniestro aparato con una mano y estiró del pedal metálico con la otra.
Antes de que pudiera echarme el guante encima, mordí su dedo con todas mis ganas.
Salí disparado.
Sabía que no podría seguirme.
Estaba demasiado ocupado quitándose la trampa que se le había disparado en la mano.
Quizá ahora comprendería lo poco atractivo que resulta ese invento cuando te toca estar al otro lado.
Lo escuché maldecir mientras me alejaba.
Sonreí para mis adentros.
Hay lecciones que solo se aprenden mediante la experiencia.
Y si pretende volver a capturarme, más le vale presentarse con algo mejor que queso.
Una galleta, por ejemplo.
O pan.
Así aprenderá a dejarme algo más sabroso de cebo.

Hay cebos que resultan ofensivos
Voodoo Glow Skulls – Used To Love Her

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