
Esto ya lo sabía.
Que tu sonrisa era un disfraz.
Que cuando había lágrimas no eran más que el espejismo de una vida pasada.
Esa que nunca tuviste y deseabas con ansias.
Y la verdad… no había nada.
Solo el eco de una primavera que nunca llegó.
Pero yo no me quedé atrás.
También quise lo imposible.
Aquello que debía existir, pero ocurría en otra orilla.
Pinceladas de acuarela,
trazos domados,
colores difusos acariciados por susurros.
Y yo, encadenado,
empeñado en creer que tú querías más.
Y nada más.
Tú te fuiste a perseguir otros versos.
Yo me quedé con mi luna rota,
suspirándole al alba.
Pascal Comelade – Petita Escena Nocturna

Quise creerlo.

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