La Oración

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Un automóvil negro estacionado en una carretera oscura bajo una luz de farola, con un paisaje rural al fondo.

Una sombra.

Solo era una sombra.

Pero se movió.

Mi pie disparó el freno.

Las ruedas gritaron.

Yo también.

Mi mente se volvió en blanco y negro.

Recordé al instante toda mi vida. Los juegos de la infancia, el aroma de la cocina de mi abuela, la despedida de Olga aquella tarde de invierno.

Lo pude ver todo.

Hasta el instante en que arranqué el coche aquella tarde. Triste por el día que acababa y por no haber podido perderme en tu mirada.

Y decidí conducir sin rumbo.

Sentí cada curva trazada, cada lamento cruzando el asfalto. Canté una plegaria de angustia a algún dios desconocido. Pedí algo nuevo. Algo que me sacara de mis pensamientos.

Por favor, Dios, te lo pido.

Seguí trazando mi camino.

Hasta que la encontré.

Me miraba fijamente, con los ojos desorbitados y las manos apoyadas en el capó.

Estaba aterrado.

Ella también.

Mi viejo Ibiza se había detenido a pocos centímetros de su piel.

Salí.

Me acerqué.

La contemplé mientras se sentaba en el arcén.

Me miró.

Y gritó.

—Pero… ¿eres imbécil? ¡Casi me matas!

—¡Si es que no te vi!

—¡Para haberme atropellado! ¿Estás loco?

—Estabas en mitad de la carretera…

—¡Y tú ibas a toda leche!

—Y encima, de negro.

—¡Y tú… sin…!

Se quedó callada.

Me miró con rabia.

Y se echó a llorar.

Desconsoladamente.

Me acerqué un poco más. Me senté a su lado y le pregunté:

—¿Estás bien?

No podía parar de llorar.

No pude resistir la necesidad de abrazarla. Quizá no debería haberlo hecho, pero necesitaba sentir su calor.

Y me calmé.

Ella también.

—¿Cómo te llamas? —Necesitaba saberlo.

—Andrea. ¿Y tú?

—Andrés.

—Qué curioso.

—¿Estás bien, Andrea?

—Sí. Solo ha sido el susto.

—La culpa fue mía.

—Bueno, yo caminaba sin rumbo. Siempre lo hago cuando me siento triste.

—Yo también. Bueno… Yo conduzco sin rumbo.

—¿Tú también estás triste?

—Lo estaba. Ahora ya no.

—Andrés, casi me atropellas. Me tienes que invitar a una copa para compensarlo.

—Eso está hecho. ¿Dónde vamos?

Una estrella fugaz cruzó el firmamento.

Icono abstracto con un diseño circular en tonos grises y un fondo azul claro.

La inercia siempre pide un trago

Viva Suecia – Bien por ti


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