
Todas las mañanas pasea con ellos.
Uno es blanco, nube de verano.
Otro gris, cielo de esta madrugada.
Los dos se paran frente a mi ventana.
Pasa por mi lado en silencio.
Tan pendiente de ellos como ellos de las paredes.
Yo no puedo evitarlo.
Se me escapa la mirada.
Y ella pasa como si nada.
Sujetando las riendas animadas
que la llevan por el camino recto,
cruzando las baldosas amarillas,
que la alejan de mis sueños.
Pero yo sé que, en el camino,
ella va sonriendo.
La esperaré mañana,
y quizás… sonría de nuevo.

Que nunca falte un camino amarillo hacia el que mirar.
Vetusta Morla – Baldosas Amarillas

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