
Él se arrodilló en la entrada de la selva.
Su lanza saludaba a las estrellas, sus ojos se clavaban en el suelo.
Esa era su señal de respeto.
Un rugido gutural fue la señal.
La cacería había comenzado.
Así que corrió.
Como si le siguiera el mismo diablo Popobawa.
Esquivó la maleza. Se agarró a las raíces. Trepó por los troncos caídos buscando altura. Pero no vio nada. La oscuridad superaba a la luna en su batalla.
Notó su presencia.
Le había dado ventaja.
Saltó hacia el claro, pero fue derribado en el aire.
Una sombra pasó en silencio. Supo quién era. Lo notó en la espalda. Y en la sangre que se derramaba.
Se levantó de un impulso y corrió con rabia.
La notaba tras él, así que se ocultó entre las raíces y siguió avanzando a rastras. Escuchó sus pisadas sobre la maleza.
Era el momento.
Tenía que atacar.
Salió de entre las raíces en un grito. Lanzó su lanza con la pericia de un águila. La sombra la esquivó. Pero él tenía la seguridad de haber acertado.
Volvió a correr.
Con ganas.
Ganas de seguir vivo.
Estaba llegando.
En aquel claro estaba la cueva. Sus fuerzas fallaban. Respiraba con dificultad.
Ella salió de las sombras.
Su cuerpo felino lo rodeó lentamente.
—Cojeas de la pata trasera. Al menos sé que te he dado.
Ella se acercó veloz. Le miró fijamente a los ojos y rugió con fiereza. El miedo le hizo apartar la mirada. Cuando abrió los ojos ya no estaba. Él respiró en paz.
Un llanto dentro de la cueva.
Entró casi a rastras y la vio. Una mujer, con las manos en la cara, sentada desnuda en la roca central. Sangraba de la pierna derecha.
—Ya tienes lo que querías. Vete —le gritó la mujer.
—¿Tú eres la Mwasi ya Nkoyi? —dijo él—. ¿He sido aceptado como guerrero?
—Ya tienes mi veneno en tu sangre. Úsalo como quieras. Pero no he aceptado nada.
—Pero… me has dejado con vida. El ritual de la caza…
—En ese ritual yo buscaba vida y tú muerte.
—No te entiendo.
Ella levantó la mirada.
—Ese ritual no trata de la guerra.
—Es un cortejo.
ARKA’N ASRAFOKOR – Angry God Of Earth

La selva siempre decide.

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