
Un grito constante de terror. Eso parecía ser.
La niña apareció frente al descomunal y monstruoso Zárkathon que, tras un manotazo, derribó el árbol que la protegía.
Quiso correr, pero pronto su zarpa se cerró sobre ella, elevándola por el aire. La tiró hacia las nubes y, de un movimiento certero, abrió las fauces y desapareció entre sus dientes.
La expresión de la criatura cambió de estado, de la felicidad idiotizada al dolor intenso. Sacó su enorme lengua rosa.
De ella colgaba la niña, aferrada con un feroz mordisco.
El monstruo chillaba de dolor. La niña no pudo con el brusco movimiento de la criatura y se soltó. Fue rescatada por las grandes zarpas de la bestia. Se la acercó a la cara.
—¡Zárkathon, eres un bruto! —dijo la niña claramente enfadada—. ¡No voy a jugar más contigo!
La bestia miró a la niña con la cara triste de un can sin pan.
—¡Ostras, Zárkathon! Un día me vas a hacer daño.
La niña se subió a la cabeza del arrepentido ser. Se agarró fuerte del cuerno izquierdo y le susurró al oído:
—Hala, vámonos a casa.
Abrió sus monumentales alas y desaparecieron entre las estrellas.
NOFX – Linoleum

—¿Y tus padres saben que paseas con un monstruo volador?
—No. Pero mi hermano sí.
—¿Y qué dice?
—Que cuando Zárkathon crezca más, lo va a usar para ir al instituto.

Deja un comentario