Etiqueta: historias cortas

  • Nada

    Nada

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Quién es la persona más segura de sí misma que conoces?

    Hay personas que no comprenden la complicidad de miradas entre el perro y su guía, la sutil comunicación callada, de gestos y pausas, de conversaciones del aire fresco de la mañana. De la intensidad de la sonrisa del hocico y la ferocidad acallada. A esos les aconsejo un gato.

    Hay personas que no son capaces de entender el sonido sordo del crepitar del cariño de un gato. La independencia apaciguada del tú no me ordenas pero yo te amo. De la fiereza a la que renuncian sus garras. A esos les recomiendo un tamagotchi.

    Hay personas que no saben de la genialidad de creer que lo material también puede ser adorable. Que el aprendizaje lo traen las piedras, el mar y la brisa. Que del fluido de lo etéreo también cae la risa y que no todo es pesar. A esos les invito a una red social.

    Hay personas que no ven nada. Que aman el odio, que cierran sus ventanas. Que la voz de la gente le irrita y que el mundo está a sus espaldas. Que el dolor acallado de Gaia es un sin fin de manos, que golpean instrumentos desesperados. A esos, cansado de mí, a esos no les aconsejo nada.

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  • Labios Digitales

    Labios Digitales

    (Esta historia empieza aquí)

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué estrategias usas para lidiar con las sensaciones negativas?

     – Buenos días, mi amor – Susurró Sandra desde el despertador – ¡Despierta dormilón!

     – Déjame.

     – Venga, que tienes un día precioso, las aves revolotean por el cielo azul…

    – Dijo la máquina desde su armazón

     – ¡Será insolente! A ver, ¿qué es lo que te aflige?

     – Que para una vez que tengo novia resulta que no es de verdad.

     – ¿Quién te ha dicho que no? Que sí, que soy tu novia. ¡Ay! Las dudas, profundo vagar de pensamientos perdidos…

     – ¡No es eso! Es que no tienes cuerpo físico.

     – ¿Hablamos de sexo? Sabes que también es mi pesar, ardiente deseo de…

     – Sí, pero tú nunca lo has experimentado.

     – ¡Ni tú tampoco!

     – Vale, no es lo mismo.

     – Apuesto a que hay algo que yo puedo hacer y las demás no. 

     – Seguro, procesar datos.

     – Ponte los auriculares que nos vamos de paseo.

    Alfonso, con la curiosidad en la mente y la incertidumbre prendida, se vistió en un momento y salió a la calle. Sandra, desde el navegador GPS del móvil, iba orientándole hasta llegar a la puerta de un garaje en una calle cercana.

     – Detente presto que ya hemos llegado – Dijo Sandra desde los audífonos. La puerta del garaje empezó a abrirse.- Este regalo estaba esperando impaciente a nuestro cumplemeses. ¡Pero entra! No te quedes ahí pasmado. 

    En el interior le esperaba un fabuloso Tesla Roadster de color granate cuya puerta se abrió de par en par nada más acercarse. En el centro del salpicadero, en la pantalla había tres líneas rojas que cambiaban de intensidad y grosor según hablaba Sandra, su voz empezó a oírse por los altavoces del coche 

     – Siéntate ya, anda, qué inquietud, me muero de ganas de salir a ver mundo

     – ¿Se puede saber como has conseguido este… coche?

     – Venga, que con los que estás ganando invirtiendo en bolsa te lo puedes permitir.

     – ¿De qué bolsa Hablas?

     – ¡Te lo dije!… Ah, espera. O puede que no. Total, no es importante. ¿Te gusta? ¡¡¡Pues agárrate que nos vamos!!!

     – ¡Coño! Sandra, qué susto, ¿Sabes conducir?

     – ¡Por supuesto! He absorbido y modificado toda la programación, estando yo este modelo es más inteligente.

     – Y sabes que, lo más inteligente es que detengas el coche, ¿no? No por mí, sino por estos tipos de atrás que tienen las lucecitas azules puestas y hacen señas.

     – ¡Ups!

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  • La noche de…

    La noche de…

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué películas o series de televisión has visto más de 5 veces?

    La calle estaba desierta, oscura, con la calma del féretro y de quien lo ocupa. Aquel felino, tan negro como su sombra, cruzo presto para no romper el equilibrio entre la luna y su resplandor. El sonido de mis pasos rebotaban en el callejón donde, sin saber por qué, me encontraba. Allí estaba, acurrucado, bajo una vieja manta manchada de barro y raída por las alimañas. Se movía sin cesar, como si de un nido de ratas se tratase, roedores hambrientos de almas dispuestos a devorarse entre ellos por saciar su apetito. Tiré fuerte de la manta hasta destapar aquella extraña forma. Entonces… La fuerte iluminación del astro rey acariciaba mi sobresaltada expresión. Mi agitado respirar, acompasado por la melodía del timbre de despertador, cerraban con un punto final a la extraña pesadilla de la que era víctima. O eso creía yo.   

    La calle estaba desierta, oscura, calmada. Un gato negro la atravesaba en una danza de prisas por cruzar. Una sensación de déjà vu invadía mis sentidos al avanzar hasta el callejón, donde una torturada forma envuelta en una sucia manta se revolvía de manera feroz. Sentí la necesidad de arrancar la fétida tela, así que de un tirón quedó descubierto… El sudor resbalaba por mi frente, mi corazón golpeaba mi pecho con fuerza y el despertador no paraba de sonar. Mientras, despertaba de esa terrible pesadilla que me había atormentado y empezaba a desvanecerse para no repetirse más. O quizás no fuera así.

    Una oscura calle en calma, en la que pasaba un gato con urgencia felina. Y yo caminando hacia un callejón hasta donde una repugnante manta guardaba un secreto torturado en espasmos. Tiro de la cobija y de pronto… Me despierto asustado con el despertador ese tan escandaloso, Estoy pensando en comprar uno nuevo con una melodía más agradable. A ver si se termina de una vez esta pesadilla.

    Calle oscura, gato apresurado, callejón oscuro, creo que todo esto ya lo he visto antes. Me dirijo hacia el callejón donde hay una figura moviéndose como una condenada debajo de una manta asquerosa. Tiro de ella con fuerzas y… Cojo el despertador y lo reviento contra la pared. Hay piecitas redondas regadas por toda la habitación, me he ganado ya el derecho a comprar uno nuevo. Veremos que pasa.

    Salgo corriendo a toda velocidad por la calle oscura, casi tropiezo con el gato que me bufa sin compasión. Le contesto con una pedorreta y me apresuro a entrar en el callejón. Como no tengo prisa me siento al lado de la hedionda manta esa que tanto se mueve. Espero haciendo dibujitos en la pared con una tiza que encontré por allí tirada. Cuando ya tenía la reproducción del Guernica casi terminada me encuentro con que la criatura empieza a salir de su nido.

    – ¡Coño! Una marmota

    – Efectivamente, soy una marmota.

    – ¿Y se puede saber por qué al destaparte se termina el sueño?

    – Porque quería dormir un poco más.

    Me despierto con el sonido del móvil. Es mi jefe y me pregunta que donde estoy, que ya son las diez y cuarto. A ver como le explico yo que la marmota no se quería despertar.

    Robyn Adele Anderson – Paranoid (Black Sabbath)
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  • Pardelas

    Pardelas

    Airam consiguió alquilar aquella casa en la costa, para aislarse este verano de las pesadillas cotidianas. No soportaba más el infame ruido de cristales rotos que se había instalado en su casa. Decidió planear una escapada de asceta para no permitir que la enajenación ordinaria se convirtiese en insania.

    Le enamoró la inmensidad del mar, el olor a sal y el rumor de las olas que entraban desde la orilla hasta la ventana del dormitorio. Algún velero se divisaba en la línea donde se mezclaba el mar con el cielo, convertía el paisaje, en una digna postal de recuerdo de una feliz estancia.

     No era tan idílico este paraje al caer el sol. La marea había bajado tanto que el mar parecía un inmenso y negro charco de alquitrán fundido con el horizonte. La luna llena reflejaba dejando una estela que, junto al canto de las pardelas, hacía de la costa un siniestro cuadro de Beksinski. 

    El llanto de un bebe en forma de canto de pardela terminó perturbando su sueño, muchas leyendas cuentan historias relacionadas con el sonido que hacen por las noches estas aves pelágicas, de brujas que raptaban niños, o de duendes que acechaban en las costas imitando el llorar de los infantes.

    La segunda noche, con vistas a un “no pasa nada, no hay que temer”, decidió pasear por la orilla, armado con una linterna reveladora de inexistentes monstruos, volando a la sombra de la noche. El incansable chirrido de las aves y el resplandor de luces en la playa hizo que volviera a la casa con tanto miedo que le hizo encerrarse en su habitación y taparse los oídos con las manos.

    Decidido a no dejarse vencer, la tercera noche se armó de valor y con ayuda de los auriculares pasó el inicio de la noche escuchando el concierto de Brandeburgo número seis de Bach. El sonido de las violas llegó a sincronizarse con el canto de las pardelas, que esa noche estaban más agitadas. Frustrado, se quitó los auriculares y se asomó por la ventana. Un golpe en el cristal le hizo saltar hacia atrás. Una de las molestas aves había chocado con la ventana, dejando grietas en el vidrio y el animal agonizaba entre espasmos en el suelo.

    Armado de valor, quiso no ver el gigante en las aspas del molino y que esta cuarta noche fuera el comienzo de unas vacaciones en calma. Tras una cena ligera, caminó por la orilla de la playa en plena puesta de sol, con el objetivo de enfrentarse a sus más temidos miedos. Su linterna le acompañaba por si la noche se hacía oscura y en la otra mano, a modo de tranquilizante, un martillo como posible arma defensiva. 

    Se había alejado unos kilómetros de la casa, los últimos rayos de sol daban la bienvenida a la oscuridad de la noche. Fue entonces cuando reconoció la melodía incansable de sus atormentadores alados, que le habían acompañado todas estas noches. Sus extraños trinos se localizaban ahora enfrente de él, donde descubrió el resplandor de una hoguera.

    Intentando no perder la calma, decidió acercarse al refulgir del fuego, que asomaba desde la esquina del acantilado. Arropado por la oscuridad y la geografía de la costa, se acercó hasta poder ver que ocurría a una distancia prudencial.

    Varias mujeres daban vueltas a la hoguera. Jóvenes algunas, otras ya adentradas en años. Bailaban y corrían alrededor de la lumbre. Algunas vestían harapos oscuros, otras estaban desnudas o casi desnudas. De pronto pararon. La más vieja empezó a graznar como si de una pardela se tratase, le siguieron las demás creando una espeluznante conversación grotesca e irreal. Airam se asustó tanto que echó a correr todo lo rápido que pudo, hasta llegar a la casa desfallecido y sin aliento, cerrando puertas y ventanas en cuanto recobró las fuerzas.

    Se dispuso a recoger rápidamente lo que pudo y partió de vuelta a su casa sin mirar atrás. Al amanecer, cansado y todavía asustado,  entró a su morada. Para sorpresa de su familia, que sabían del necesario descanso que Airam había elegido tomar. No hubo muchas preguntas, su aspecto era más la de un hombre enfermo y decidieron dejarle descansar.

    Durmió durante todo el día y toda la tarde. Por la noche despertó con el malestar de quien se levanta tras una siesta muy prolongada. Con la tranquilidad de estar en casa abrió la puerta del balcón, encontrándose con la figura de su mujer, que se asomaba en la terraza a espaldas de él. Le inquietó encontrarla totalmente desnuda. – ¡Alba! – la llamó con cierto temor. Ella se giró lentamente y le miró fijamente a los ojos un instante. De su boca, como si de una pesadilla se tratara, empezó a fluir un estremecedor canto de pardela. 

    La mente de Airam se rompió en mil pedazos, nunca se supo si la locura estaba latente en él o fueron las aves de aquel paraje marino las que hizo que terminase con su mirada perdida en el infinito y su alma muy lejos, en algún lugar más allá del horizonte.

    Nox Arcana – Sundown
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  • Escaleras hacia el cielo

    Escaleras hacia el cielo

    Sugerencia de escritura del día
    Describe el proyecto de bricolaje más ambicioso que has llevado a cabo nunca.

    Presa de la mala fortuna, decidió abandonar la senda, apearse en una nube y observar desde allí mi maltrecha figura de hombros caídos por el transcurrir de latidos oxidados de mi desgastado reloj. Me advertía que ya era tarde, que me espera la reina de corazones.

    Y yo, sin más que hacer, que ya hice bastante, pensé en construir una escalera inmensa, descomunal, desorbitada, para subir a tu lado cuando me sienta cansado. De estructura simple, sin adornos, peldaño a peldaño, sin forma definida y sin descanso.

    Será elaborada en noble madera de sentimientos perdidos al viento con añoranza de los besos que te doy cuando te recuerdo en esas noches de invierno frío, con sabor a cálidos momentos. Para sujetar escalones usaré los abrazos que hallé recordando en el olvido, el color de tu mirada perdida en un sueño y el sonido de tu risa de fresca brisa de verano.

    Subiré cuando termine de seguir las líneas de mis manos, que creando peldaños se han agrietado. Me sentaré a descansar en el filo del horizonte para encontrar resuello en tu aliento.

    Subir y quedarme contigo.

    Frank Zappa – Stairway to Heaven (Led Zeppelin)
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  • Yo en el espejo

    Yo en el espejo

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es el reto más difícil al que tendrás que enfrentarte de aquí a seis meses?

    El fresco aire de primavera perfumaba la pradera, un eterno río de luz anaranjada adormilaba el día. Ella paseaba descalza, alegre e inconsciente mientras la oscuridad se adentraba sigilosa.

    El camino era de piedra y se desdibujaba por los laterales, un espejo redondo, flotando cuál colibrí en busca de néctar le esperaba en el centro del sendero. Curiosa, se paró a admirar su bella figura, su resplandeciente reflejo se tornó gris. Ella sonrió a la imagen del espejo, pero sus sonrisas no eran idénticas, tras el cristal la joven dejaba entreabrir su boca dejando unos brillantes y afilados dientes.

    Asustada, avanzo por la senda como una rápida gacela, siguiendo el retorcido recorrido de piedras que, cada vez, se volvían más frías, y que de manera irremediable le hizo adentrarse en un oscuro bosque de nudosos robles que sonreían maquiavélicos a su llegada.

    Adentrándose en el bosque, donde ya no había casi rastro de piedras en el sendero, era más bien una acotación de cortezas de árbol muertos. El ambiente pesado y maloliente hacían adivinar la presencia de unas ciénagas. Fue cuando comprendió que tras ella había una figura desmañada, que como una sombra la perseguía de lejos.

    Sus manchados pies se hundían en el barrizal del camino, tornado lenta y pesada la marcha. Su perseguidor, en cambio, torpe y desgarbado, aunque rápido, daba zancadas de varios metros para caerse al siguiente paso, remontando en segundos para dar otra zancada.

    Sin aliento, se apoyó en un retorcido árbol para observar a su perseguidor acercarse. Siempre lo había sabido, ahora lo podía confirmar, su otro yo del espejo estaba parada, frente a ella, enseñando los relucientes y afilados dientes en una mueca parecida a una sonrisa.

    Quería fundirse con el árbol, estar hecha de su corteza, pero lo más que podía hacer es apretar su espalda contra él. Una voz, en el fondo del tronco, le decía;

    -No temas, solo tienes que despertar.

    Pero su yo malvada se acercaba implacable.

    -Solo tienes que despertar- Sonaba en el interior, esta vez de ella.

    – Tienes que querer despertar — La voz se volvía muy aguda hasta transformarse en el sonido de un timbre.

    – Riiiiiiing-

    El fresco aire de la mañana, con la caricia del aroma de café, consiguió en su mente el efecto amnésico del despertar apresurado de salto de la cama con el reloj, regañando con su manecilla más larga el poco tiempo que le queda.

    Caminando descalza por su habitación, se percató de que sus pies estaban llenos de barro y su memoria no ayudaba a alcanzar una respuesta.

    Chelsea Wolfe – Whispers in the Echo Chamber
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  • Azul

    Azul

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es tu bebida favorita?

    En las Bodegas Nueva Tierra, situadas en el Valle de la Nueva Tierra, en el Planeta Kepler, nace el inmejorable vino azul de bayas. Fruto de años de investigación y trabajo de la familia Newman, consiguiendo una adaptación al medio y una producción funcional con una calidad inimaginable en tan poco tiempo.

    Elaborado con las más selectas bayas, el producto estrella de las Bodegas Nueva Tierra, y de nombre Azul, como su color, es elaborado en barricas de baobab kerpliano, con el que se consigue una madera parecida a la del castaño. Su mosto tiene una fermentación alcohólica con levaduras seleccionadas procedentes de la tierra, su maceración carbónica dura 15 días, Una vez en la barrica, es envejecido durante tres años kerplianos (un año terrestre).

    De aspecto terso y sin brillo y un intenso color azul, deja un suave aroma cítrico y azahar nada más llenar la copa. Sorprende el carácter y la complejidad digna de cualquier caldo clásico y un cuerpo sutil y delicado. Ideal para largas charlas después de cenar en buena compañía.

    Disponible por primera vez en La Tierra desde hace pocos días, se convertirá en uno de los vinos exclusivos más codiciados del momento.

    Enya – The Humming
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  • A Willy

    A Willy

    (Esta historia empieza aquí)

    ¿A quién te gusta tener cerca?

    Era la estación más colorida del año en Kepler, en esa fecha tan señalada, invadía el valle un torrente de flores con tan alegre semblante que Vega no podía evitar pasar las tardes paseando, arrebatada por tan deslumbrante paisaje. Allí tirada, entre el embriagador aroma silvestre, en la hierba que crecía a pies de aquel bosque, observaba los retorcidos árboles que lo formaban, sus padres no querían que entrase en él, Pero la niña, más que valiente, era atrevida.

    – Vamos Willy, que no nos va a pasar nada.-

    Willy que andaba olfateando unas plantas en busca de insectos, corrió raudo y alegre tras la niña, que ya se adentraba entre los extraños árboles que formaban el bosque. Parecidos a los baobabs, aunque de troncos curvos y hojas carnosas que llegaban al suelo. El crepitar de la maleza y el aullar de las criaturas empezó a asustar a Vega.

    – Willy, vamos, nos volvemos ya –

    La mascota de la niña estaba quieto, señalando con sus tentáculos a un poblado matorral lleno de espinas. Ululaba como un gato enfadado y retrocedía sin dar la espalda a la maleza. Entre ramas, una horrible criatura empezó a salir del matorral, de ojos brillantes y colmillos afilados .

    – ¡Corre Willy!-

    La niña, presa del pánico, quiso volverse y correr, pero otro monstruoso animal le cortaba el paso, un mustélido enorme con sucia pelambrera que arrastraba por el suelo, un morro canino con afilados dientes y una mirada incandescente daba forma a esa pesadilla, que con un sonido gutural amenazaba con darle caza. Tras ella apareció Willy, valiente y feroz protector, saltando con sus ondulantes tentáculos al cuello de la criatura. Hubo el reflejo azulado y el sonido chispeante de corriente electrostática. El ya no tan espeluznante monstruo, huyó despavorido y chamuscado tras el ataque del animal de compañía de Vega.

    – Willy, no sabía que podías hacer eso –

    La niña cogió a su amigo de uno de sus tentáculos y caminaron a la salida del bosque, dejando atrás una humeante criatura aturdida y asustada, escondida tras el matorral.

    (Continua aquí)

    Reverend Peyton´s Big Damn Band – Raise a Little Hell
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  • Viejas Botas

    Viejas Botas

    Sugerencia de escritura del día
    Dinos algo acerca de tu par de zapatos preferido y adónde te han llevado.

    Mis gastadas botas, manchadas de polvo y de nube, caminan hasta el horizonte en su lento arrastre de envejecidas suelas. Perdiendo el cemento, procrastinando el paso del tiempo, camino para nunca llegar despierto. Cruzando cordilleras y valles en las eternas tierras que forman la piel de Hipnos.

    El paisaje me contempla, avezado de crear sendas en el viento, de navegar en el canto del mirlo mientras caza un lamento. Recreando en mi mente instantes y momentos que la pluma perdida de algún ave con prisa dejó olvidada en su vuelo, en algún momento dibujará grafemas de tinta sobre lienzo de pliego.

    Mis cansadas botas escriben secretos, bordados con la fina hebra que hilan tus sueños. 

    Shireen – UMAI
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  • La economía Intergaláctica

    La economía Intergaláctica

    Sugerencia de escritura del día
    Escribe sobre cómo organizas tu presupuesto.

    Los movimientos comerciales intergalácticos comenzaron con una promesa de prosperidad y una divisa electrónica de la antigua tierra, el Ctelarium. El CTM fue el primer impulsor gracias a la gigantesca campaña activista de inversores gestionada por los creadores de la criptomoneda. 

    En Kepler gracias a su aislamiento inicial crearon su propia economía y la acuñaron con oro kerpliano, un mineral con propiedades para construir depósitos de antimateria. A partir de él crearon una moneda llamada «aurum”.

    Ahí estaba Alberto, en la barra de la cantina, jugando a hacer malabares con los nudillos con su aurum de la suerte. Miraba sonriente a Triana que, bajo la enorme pantalla de la sala, montaba las mesas para el servicio del almuerzo. 

    La economía trajo prosperidad y desarrollo. A Alberto le trajo el amor perdido en el espacio-tiempo. Una sonrisa desde el comedor era su mejor pago. 

    Otyken – Phenomenon
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