
Están aquí, hoy los he descubierto. Como salidos de una asfixiante película de ciencia ficción de los años 80, los he visto actuar. Existen extraterrestres y están entre nosotros. Camuflados en nuestro mundo, sin una misión que pueda discernirse, pasan por ser tu amigo, el profesor de gimnasia, la vecina guapa del quinto C, el ministro de cultura o quizás también tu escritor favorito. Quizás sean más de los que creo y hayan aprendido un método para ocultarse más efectivo.
Yo creo que son plantas pensantes, y han venido a alimentarse de humanos, o a violarnos a todos sin que a duras penas nos enteremos. Los concibo como lechugas con ramas tiernas y un cogollo espeso, o como coles dignas de un chucrut fermentado en pensamientos raros. Se alimentan, a mi parecer, de fatiga mental, de cambios de humor y de oscuras manchas de miedo que flotan en las ideas. Se reproducen a raíz de la baja autoestima, con el “quiero y no puedo” y el “él ni un minuto tarde, que tu tiempo es mío”.
Si quieres conocer a estos infiltrados estelares, y así evitar ser depredado sin compasión, debes saber que no se ocultan en las sombras, ni acechan atravesando el prado, pero no los ves cuando vienen y cuando están, huir es complicado. Atacan verbalizando comentarios mordaces, tristes historias de heridas abiertas y magnas parábolas de autoengrandecimiento sistemáticas. Disparando dardos de culpa y hechizos de empequeñecimiento instantáneo, alimentándose de mente y alma y dejándote en el suelo, esperando a que te reanimes para atacar de nuevo.
No soy científico, ni eminencia en mística astral, tampoco sé de sucesos extraños ni de lo paranormal. Tan solo sospecho este hecho, pues en mi entendimiento no entra pensar que, en vez de tratar de armonizar nuestro existir, tratemos de fagocitar al desconocido por algo ajeno a poder sobrevivir.
Steve Vai – Tender Surrender








