
Ella murió esa noche en la que te despediste.
Sí, murió. De verdad.
En un arrebato etílico, quiso apagar su verbo.
Pero la muerte no la quiso en su reino.
Y despertó.
Confundida y sin comprenderlo.
Tan solo le quedó su voz.
Y con ella huyó.
Lejos.
Perseguida por sus recuerdos.
Olvidada por los sueños que iluminaron una vez su camino.
Un camino que, de tanto huir, se fue haciendo pesado y lento.
Hasta que por fin buscó descanso.
Con los pies metidos en el cauce del riachuelo,
gritó.
A la luz del sol que se colaba entre los castaños.
Al viento que enredaba con su furia su pelo.
A la tierra que manchaba de barro sus pasos.
Al agua del río que se congelaba en invierno.
Y con el grito se fue el miedo.
Respiró el respeto del bosque y quiso quedarse a conocerlo.
Epica – The Essence Of Silence

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