
Como poder quererte —pensaba— si no me quiero ni yo.
Si me quedaba sentado, frente al relente de la luna, viendo pasar las nubes mientras tú te escapabas.
Si respiraba despacio para darle más aire, y caminaba de puntillas a tu vera por no molestar.
Todo eso quebró mi presencia, y me hice invisible.
Pasaste a través de mí, y te fuiste.
Lejos.
Muy lejos.
Hasta perderte de vista a tiempo.
Saludando a otros con la mano… y a mí, ni eso.
Me quedé frente al acantilado.
Quería saltar al mar, pero no me atrevía.
Veía las olas romper, las gaviotas cruzar el aire, buscando nubes en el cielo.
Y yo, paralizado en el filo, queriéndome muerto.
—Salta.
—¿Qué? —dije yo, asustado, escuchando la voz.
—Que saltes. Si es lo que quieres, hazlo.
—¿Quién eres?
—Eso no importa. Salta de una vez y deja saltar.
—Si salto, me mato.
—¿Y cómo lo sabes? ¿Ya has saltado?
—Porque caeré sobre las rocas y me destrozaré… o al mar, y me tragará.
—Entonces, antes de saltar, has de saber nadar. O volar, quizás. Como esa gaviota… mírala.
Tardé en voltearme.
La curiosidad venció al miedo, ese miedo que siempre me paraliza cuando intento vivir.
Y en sus ojos verdes vi un mar de tristeza.
En sus labios, un deseo lejano de salir corriendo y no poder hacerlo.
Brilló su pelo al sol, y a mí se me olvidó el resto.
—¿Y tú? ¿Por qué quieres saltar?
—Porque si no lo hago, me ahogo.
—¿Te ahogas?
—Sí. De querer vivir y no poder hacerlo.
—Pero si te tiras, te matas.
—¿Y eso es peor?
—Quizás haya otra solución.
—No la hay. Busqué libertad en la familia, pero me decían qué hacer.
La busqué en los brazos de uno y de otro, pero me querían quieta.
Busqué un trabajo, y me encadenó a un mostrador.
Ahora solo quiero huir. Y no parar de hacerlo.
El viento se llevó una lágrima… y con ella, un pesar.
Le agarré la mano y le propuse:
—Saltemos juntos. Tú no quieres estar sola y yo no quiero tener miedo.
Me sonrió.
Miramos el mar romper.
Nos miramos los dos a los ojos.
Y saltamos.Pero para el otro lado.
Salimos corriendo de la mano, en contra del viento.
Buscamos un lugar donde ir. Uno lejos.
Sin importar lo que dejamos atrás.
Solo quisimos huir… un tiempo.
Luego, ya se verá.
The Doors – Break On Through
—Papá, soy yo.
He conocido a alguien que también quería tirarse del acantilado.
Pero al final no saltamos.
Nos dio la risa y salimos corriendo por la orilla.
—¿Y adónde vais?
—No lo sé. Donde no haya relojes ni jefes.
—Vale, hija, pero vuelve para cenar.
—Si no me arrastra antes una ola.
—Entonces tráele una sardina al gato.

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