Etiqueta: DeOniros

  • Callejones en la sombra

    Callejones en la sombra

    grandes peligros que acechan en las calles de una ciudad moderna. Yo, precavido por naturaleza, no dejo descansar a mis sentidos cuando paseo por ellas.  

    Mis oídos prestan atención a las sombras de las esquinas. Mi ojos están siempre acariciando la senda. Mi olfato interroga al dueño de las pisadas que me persiguen en los callejones. 

    Pues nadie sabe que terrible criatura se esconde tras la penumbra. Existen rayas del tamaño de un mastín. Grandes criaturas de mirada incandescente que cruzan su camino por la noche, en manada. Fieros felinos de orejas cortadas y delgada figura y horribles mastodontes que absorben toda vida del suelo con sus mandíbulas circulares.  

    Pero el peor de todos es aquel que sale los días de. Engalanados de perversos colores en un acto de guerra con escudo heráldico. Caen del cielo cuál rapaz, transformándose en el acto en otro animal, si cabe, aún más feroz.  

    Los verás arremolinados en las plazas, agarrados en las paredes con saña. Embistiendo a los que pasan al lado. Aplastados devorando el asfalto. En los días que el aire es recio no verás peor engendro. 

    — Vamos Gonzo, es solo una bolsa de plástico. 

     Pero yo no les tengo miedo. Respeto si acaso. 

    Billie Eilish – bury a friend

    Anuncios
  • Bestiario del amor (carta de cuarzo rosa)

    Bestiario del amor (carta de cuarzo rosa)

    Este texto surge como parte del reto Escribir Jugando del mes de Enero, una invitación a leer la carta del cuarzo rosa desde la emoción y la resistencia al amor. Animaos y participad.

    Esta vez, el amor se le presentó en forma de gato siamés,
    ronroneando entre caricias y agasajos.

    En el pasado fue distinto.
    Tomó forma de caniche ladrador y poco mordedor,
    de serpiente escurridiza, lengua bífida,
    incluso de un león feroz que caminaba siempre cansado
    y miraba distante, ajeno.

    Pero ahora era otra cosa.
    Tenía un color translúcido, como el cuarzo rosa,
    y llevaba el perfume leve de una flor de beech recién abierta.

    Acarició la idea como un sueño sin sentido
    y, a la primera oportunidad, huyó sin remedio:
    no fuera a despertarse el león
    y acabara con todo.

    Travis Birds – Una Romántica

    Anuncios
  • Sanción administrativa

    Sanción administrativa

    En la pantalla del auto apareció un aviso. El habitáculo estaba en silencio, ese silencio limpio que solo tienen las máquinas nuevas. Venía sobre un escudo oficial de la Dirección General de Tráfico. En él había contenido interactivo bajo petición verbal. Él lo activó con el comando pertinente.

    —Usuario F53824931X, contraseña V_451xRz, activar mensaje.

    —Buenos días, Usuario F53824931X. Su vehículo matriculado MX3314RVT ha sido sancionado. ¿Se identifica como actual conductor?

    —¿Motivo?

    —Ha rebasado una línea prohibida. Habiendo condiciones de tráfico correctas, esta sanción tiene un cargo administrativo de 800 créditos. ¿Desea realizar un traspaso de fondos?

    —Un momento. El vehículo está funcionando en modo automático. Al no ser yo el conductor, deben reclamarle la sanción a la marca del auto.

    —Negativo. Hay notificada una actualización del software de su vehículo hace 4 días.

    —Y yo tengo cita para esta operación en dos días. Ellos no pueden hacerlo antes.

    —Entiendo, Usuario F53824931X, pero la ley de tráfico prevalece sobre los inconvenientes que pueda tener con la empresa que ejecuta la actualización.

    —¿Y qué hago si no me dejan hacerla antes?

    —Conducir en modo manual.

    —Vale. Activar modo manual.

    En la pantalla apareció otro aviso. El mismo escudo gubernamental. La misma intención de recaudar créditos.

    —¿Y ahora qué?

    —Usuario F53824931X, tiene una sanción por conducción manual con el carnet de conducir caducado.

    —Pero…

    —Gracias por contribuir a la seguridad vial.

    Hinder – Born to Be Wild

    Anuncios
  • …Como el año que fué…

    …Como el año que fué…

    Las doce campanadas me supieron a poco.
    Aún con las burbujas cosquilleando el paladar, busqué unos labios que saborear.

    Volé escaleras abajo, sentí el relente en la nuca y saludé a la luna, que me miraba enamorada. Me fundí entre la gente, donde todos éramos todos: un mismo cuerpo castigado por los tambores. Y ahí te encontré, entre las miradas de miles, derramando el perfume de tu pelo al deseo de un mito.

    Bonjour, beau garçon.

    Me dijiste en tu francés olvidado.

    —Hola, Juliette. Qué raro verte sola.

    Fui directo a la yugular.

    —Espero a mi novio. Va a llegar tarde.

    —Si quieres, te acompaño en la espera.

    —No sé si es buena idea. La última vez fuiste tú quien perdió a la chica.

    —Esta vez manos quietas. Solo… quizá un beso.

    Compartimos vaso, licor y recuerdos. Un poco de saliva en un baile. Un adiós y un te quiero. Seguí mi camino con los ojos cerrados y los labios ardiendo.

    La primera campanada dio a luz entre el estruendo. La máquina gritaba, sedienta de dolor, y quise calmarla con la pócima de un espíritu oscuro que acechaba buscando verbo, invocando futuros recuerdos.

    Con los acordes venideros comenzó el ritual del celo. Mis ojos en su pelo. El viento nos envolvía y yo temblaba. El roce de mis manos, el rojo de sus labios, mi mente en su cuerpo. Me acerqué despacio para descubrirme peón en su juego. Ella cazaba sueños solo para exhibir su trofeo.

    Escapé de la espada a tiempo y, en la huida, me sentí herido. Me aparté del ruido y descansé a orillas del mar. Contemplé el infinito y me sentí pequeño. Mientras lloraba en seco, una silueta en sombras se me aproximó.

    Que fais-tu ici tout seul, mon amour ?

    —¿Juliette?

    Je te cherchais.

    —Pero… ¿no estabas con tu novio?

    —Sí, vale. Ellos se van, pero el amor queda.

    —¿Qué amor es el que queda?

    —El que no nos hace coincidir.

    Javier Álvarez – 00

    Feliz año.
    Que las campanadas no se os queden cortas.
    Que encontréis labios cuando el ruido termine,
    una silueta que vuelva cuando creáis estar solos,
    y un amor —aunque llegue tarde—
    que se atreva a ir hacia vosotros.

    Que el año nuevo no os pida prisa.
    Solo verdad.

    Anuncios
  • Muy lejos

    Muy lejos

    Por ahí baja.

    Desciende del cielo, apresurada.
    Buscando alivio en su cansancio.
    Paralizada de miedo en su propio movimiento.
    Es una chispa de vida en pausa que, al no poder respirar,
    busca abrigo en un suspiro.

    Y así remonta el vuelo.
    Lejos.
    Muy lejos.

    Randy Rhoads (Guitarrista de Ozzy Osbourne) – Dee

    Anuncios
  • Informe preliminal – Parte II

    Informe preliminal – Parte II

    ¿Y si Dios se había olvidado de ellos? 

    Grbuk caminaba cabizbajo. 
    Deambulaba sin ganas por las colinas encarnadas, rumiando pensamientos débiles como su estómago. Pensaba, sin demasiada fe, en el páramo de los espasmos. La autocompasión se le volvió pregunta, y el hambre la hizo imposible de responder. 

    Los ancianos lo repetían desde siempre: 
    Dios provee. 

    Y así ocurría. 
    A menudo llegaba un torrente alimenticio que irrigaba campos y ciudades. Lo llamaban la tormenta del zampar. Sucedía en ciclos temporales más o menos inexactos, siempre distintos. A veces un aluvión de proteínas y grasas; otras, un manantial de hidratos de carbono. Azucarado, cuando había suerte. 

    El infierno era la ausencia. 
    El tiempo sin alimento. 

    Llevaban una temporada de caudal pobre: comidas monótonas, insípidas, excesivamente líquidas. Rezaron. Suplicaron. Ofrecieron sus mejores cultivos como sacrificio. Nada. 
    La fuente de su subsistencia se estaba secando. 

    —Dios no nos ve —dijo alguien en voz alta. 

    En el principio de los tiempos, el mundo fue oscuridad. 
    Quizá aquello era una prueba. Quizá Dios solo los reconocería si brillaban con su máximo esplendor. 

    Y así lo hicieron. 

    Prepararon los fuegos artificiales más potentes de su historia. 

    Poco antes de iniciar la ofrenda de luces y colores, los recolectores del sur dieron la alarma. Habían visto en las inmediaciones una criatura mítica. Gigantesca. Grbuk los interrogó. 

    —¿Cómo es esa criatura? 

    —Es brillante —respondieron—. Una luz intensa que termina en un ojo. Y nos observa. 

    Grbuk asintió, solemne. 

    —Amigos… ese es el ojo de Dios. Hay que adelantar la ofrenda. 

    Los peregrinos, cargados con el polvorín ceremonial, rastrearon las colinas hasta encontrarla: 
    una serpiente plateada, alargada, con una luz fija en uno de sus extremos. 

    —Explosivo. 

    Ben Salisbury & Geoff Barrow – The Alien

    Anuncios
  • Informe preliminar

    Informe preliminar

    —Tranquilo, no dolerá. 

    Ya no era solo el nerviosismo de pensar que podría tener algo grave; era la incomodidad de someterse a las pruebas necesarias. Antonio respiró hondo, pensó en su familia y accedió a entrar en la sala. Se desnudó completamente, se puso el ridículo delantal verde que no le cubría nada y el gorrito plastificado para recoger el pelo, y esperó. 

    Al poco tiempo entró una señora robusta. Le asustó un poco, pero ella lo tranquilizó enseguida. 

    —¿Está usted preparado? 

    —No mucho, pero… en fin. 

    —Tranquilo. Es un poco incómodo, pero no suele doler nada. Le pondremos un sedante. El proceso es algo complejo: introduciremos una sonda por el ano y, mediante una cámara, podremos ir viendo. Contamos con el colonoscopio más avanzado de la zona. 

    —Ya… qué bien —dijo Antonio, sin mucha convicción. 

    —Eso también lo hace más fino y cómodo. 

    Lo llevaron a una camilla y le pusieron una vía en la mano. Por ahí fluyó el sedante, que le indujo a una especie de duermevela. Después lo trasladaron al cuarto donde le harían la exploración. 

    —Señor Gómez, yo soy Fermín Spector. Seré quien le realice esta prueba. Relájese. No le va a doler nada. 

    Antonio estaba demasiado atontado para contestar. Movió ligeramente la cabeza. Eso bastó. Comenzaron con la introducción del aparato. Y era verdad: no dolía. Aunque embotado, permanecía atento a la conversación del personal sanitario. 

    —Avanzamos sin dificultad. 
    —¿Cómo lo ve, doctor? 
    —Limpio. Mucosa rosada. Textura correcta. Nada reseñable. 
    —¿Ni pólipos? 
    —Negativo. Esto está mejor que muchos intestinos jóvenes. 
    —Seguimos. 

    El sonido era extraño, pero la conversación resultaba calmada. 

    —Aquí también todo normal. Pliegues bien definidos. Irrigación perfecta. 
    —Da gusto cuando el cuerpo coopera. 
    —Sí… no siempre ocurre. 

    Hubo un breve silencio. 

    —Espere. 
    —¿Qué pasa? 
    —No es patológico. No exactamente. 
    —¿Entonces? 
    —Hay algo… distinto. 

    A duras penas alcanzaba a ver la pantalla con la que trabajaban. Un leve zumbido desplazó la imagen. Lo poco que distinguió lo sorprendió. 

    —Ahí está, pare. 

    —¿Qué es lo que…? Oh, Dios mío. 

    Intentó mover la cabeza. En la pantalla se veían luces. Luces de colores. Se movían. No estaban quietas. 

    —Déle zoom, por favor. 

    —¿Pero qué diablos es esto? 

    —No lo sé. Intente ampliar más. 

    Antonio empezó a ponerse nervioso. Trató de girarse, pero alguien lo sujetó con firmeza. 

    —Estése quieto, por favor. Ya estamos terminando. 

    —¿Pero qué pasa? 

    —Nada malo. Solo… extraño. Vamos a darle un poco más de sedación, ¿de acuerdo? 

    Antonio despertó en una camilla distinta. Más grande. Más cómoda. Frente a él estaba el médico que había realizado la prueba. 

    —Bien, señor Gómez, ya sabemos qué es lo que le aflige. 

    —¿Es grave? 

    —No lo sabemos con exactitud, pero grave no lo creo. No es cáncer, no se preocupe. 

    —Entonces… ¿qué eran esas cosas raras que se veían en el monitor? 

    —Usted sabe que tenemos una serie de organismos vivos en el intestino, ¿verdad? 

    —Sí, conozco algo sobre ese tema. 

    —Y sabe que, a veces, se descontrolan. 

    —¿Algo así como la candidiasis? 

    —En su caso es un poco más. 

    —¿A qué se refiere? 

    —En su caso han evolucionado hasta comenzar una civilización inteligente. 

    Queens of the Stone Age – I Appear Missing

    Antonio pensó que, al final, no estaba tan solo como creía.

    Anuncios
  • Cuento de Navidad moderno para dinosaurios antediluvianos

    Cuento de Navidad moderno para dinosaurios antediluvianos

    Feliz Navidad, amigos.

    Hoy, en el blog del Onironauta, rescatamos un clásico de siempre.
    Con la aparición estelar de Ebenezer Scrooge
    y la irrupción —tan accidental como inevitable—
    de un glitch kid que me crucé en la calle.

    Un Cuento de Navidad moderno
    para dinosaurios antediluvianos
    .

    Pasen, lean…
    y no apaguen el móvil todavía.


    Tras la aparición de los tres fantasmas, Ebenezer Scrooge se disponía a vestir de gala para asistir al nuevo día. 
    Pero se dio cuenta de que no estaba solo. 

    Un personaje le esperaba en relativo silencio tras la puerta. 

    —Hola, broh. 

    —¿Y tú… quién diablos eres ahora? 

    —Soy el fantasma de las Navidades del Futuro Imperfecto, broh. ¿Has visto este reel? 

    Era casi un niño y parecía vestido por el mismo rey de los bufones: pantalones que se caían, jersey enorme, extrañas esferas cubriéndole las orejas y una expresión de Mona Lisa cansada. Sostenía un objeto luminoso que toqueteaba sin parar. 

    Ebenezer lo interrumpió. 

    —¿No os parece que ya ha sido suficiente por hoy? 

    —Que no, broh. Ven conmigo y verás. 

    —¿Tengo que subir en ese artilugio? —dijo, señalando un patinete eléctrico descolorido. 

    —Que sí, weli, que no pasa nada. 

    Nuestro protagonista se encaramó al siniestro transporte detrás del fantasma. Este apretó el botón del manillar y salieron disparados hacia Dios sabe qué pliegue del tiempo. 

    Aparecieron frente a un pequeño edificio en las afueras de Móstoles. El fantasma aparcó el patinete junto a una farola, le puso tres candados distintos —forma, color y fe— y dijo: 

    —Venga, broh. Vamos al lío. 

    —¿Y eso qué es? 

    —Esto… tu negocio, welis —respondió, neutro. 

    Entraron en un despacho blanco. Mesa mínima. Pantalla extraplana. Teclado casi invisible. Y algo que parecía media pelota de rugby. 

    —Da cringe entrar aquí, broh. 

    —¿Y se supone que es todo esto? 

    —El despacho de tu sucesor. Mire bien: esta es la evolución de su negocio. 

    La pantalla mostraba una web roja, saturada de cuadrículas con rostros maquillados de mujeres sonrientes. El título decía: Live cams. El subtítulo: Amateurs calientes

    Ebenezer pulsó la pantalla. 

    —Estás out, broh. ¿Cuál quieres ver? 

    —Esta. 

    Señaló a una joven con orejas de gato y maquillaje extraño. El fantasma hizo clic con el mando en forma de pelota. 

    —Hola, papichuli —dijo ella—. ¿Quieres ver cómo me lo monto en cuatro? 

    —¡Por Dios, señorita, tápese el trasero! Pero… —los ojos de Ebenezer se desbordaron— ¿qué va a hacer con eso que tiene en la mano? 

    Miró al fantasma. 

    —A mí no me mires. Tú hiciste los bisnes. Yo solo enseño. 

    —¿Y si no tengo herederos, a quién demonios dejé mi empresa? 

    —Al pequeño Richard. 

    —¿Richard Johnson? 

    —El mismo. En la cena de esta noche, la que preparaste para los empleados. Te encariñaste con la criatura… Con los años le diste el control. Luego heredó todo. 

    —¿Tan mal fue? 

    —Mal no. Está ganando una pasta. 

    Ebenezer despertó sobresaltado. Había dormido vestido. Así salió. 

    Reservó mesa en el mejor restaurante para empleados y familias. Todos acudieron encantados. No entendían el cambio, pero lo celebraban. 

    Allí estaban: Suzanne, la secretaria; Müller, el contable; y, por supuesto, Richard. 

    —Señor Richard —lo llamó—, ¿tiene un momento? 

    —Claro, señor Scrooge. ¿Qué puedo hacer por usted? 

    —Poca cosa. Está usted despedido. 

    Nothing But Thieves – Futureproof

    🧬 Tribus urbanas implicadas en el desastre:

    • Glitch Kids / Digicore
      Hijos del error digital. Visten como si Internet se hubiera caído sobre ellos.
      Aman lo roto, lo saturado, lo que no carga bien.
      Para ellos, el futuro no se teme: se buguea.
    Anuncios
  • Nada en un átomo

    Nada en un átomo

    Nada.

    En ese momento no había nada.
    Nada comprimido en un átomo
    que colapsó en una décima de segundo.

    Y estalló.

    Y se expandió.

    Y se quedó helado.

    Del frío salió el calor.
    El calor se transformó en materia.
    Y la materia comenzó a emitir un sonido constante.

    Tic tac.
    Tic tac.

    Las partículas giraban rápido y chocaban entre sí.
    Se agrupaban y se dividían,
    formando filamentos que se entrelazaban.

    Giraban y se expandían, formando nubes de materia energética,
    iluminando el espacio creciente.

    Espirales.
    Órbitas.
    Caos sincronizado.

    Cuerpos rocosos empujados al infinito,
    avanzando, expandiéndose
    en la oscuridad interminable.

    Hasta que no hubo cadencia.

    La inmensidad se volvió fría y dispersa.
    El tiempo se congeló.

    Las estrellas se apagaron
    en explosiones de hielo.

    La inercia se acabó.

    Y empezó a caer.

    A contar los segundos hacia atrás.

    La roca volvió sobre sus pasos,
    disgregándose en llamas,
    acumulándose de nuevo en el espacio.

    Cada vez más pequeño.

    Cada vez más caliente.

    Cada vez más denso.

    Colapsando en sí.

    Nada.

    Nada en un átomo.

    Anuncios
  • Bisonte de invierno

    Bisonte de invierno

    Irrumpió en el espacio con violencia.
    Se exhibió ante todos los habitantes de la cueva, mirándolos uno a uno con descaro furioso.
    Resopló vapor y desapareció por donde había entrado.

    Era un bisonte de invierno.
    Pelaje blanco como manto helado.
    Astas de negro azabache reluciente.

    Se fue, pero dejó la estela de su presencia.

    El sabio del pueblo abrazó el augurio y gritó:

    —Hay que salir a cazar. ¡Ya! Todos preparados.

    Los hombres partieron hacia el sueño de un mito.
    Algunos regresarán.
    Otros no.

    Heilung – Norupo

    El augurio fue claro.
    El precio, no.

    Anuncios