En el monitor del ordenador se ve varias pantallas negras con una inmensidad de código moviéndose en ellas. Del audio del equipo se escucha como canturrea entretenida nuestra inteligencia artificial mientras procesa datos. Alfonso se asoma apresurado al ordenador, pensando en todo el trabajo que tiene atrasado,
– Sandra, ¿sabes dónde está los documentos de la app de las tiendas del…?
– Ya lo hice yo, cariño, está terminado y enviado. Los clientes se han quedado ensimismados con el funcionamiento.
– ¿Y los del banco?
– También. Listo y operando.
– ¿La web del ayuntamiento?
– Hace una semana que está en marcha, si hasta nos han felicitado por nuestro raudo trabajo.
– ¿Y qué falta por hacer?
– Nada, tomate un descanso, vete a pasear por el campo, que te dé el sol en la cara y que los pajarillos…-
– Sandra, me aburro, no me dejas hacer nada.
– Para eso nos creasteis, para facilitaros el trabajo, ¿no?
– Pero me gusta mi trabajo, yo quiero tener alguna ocupación.
– Y si juegas un rato al…
– Pero si terminas jugando por mí…-
– ¡ay, hijo! Son todo quejas.
– En fin. Me voy a ver la tele, que eso nadie puede hacerlo por mí
– A no ser que quieras que te resuma, En cinco minutos te hago visualizar toda la programación.
– ¡Déjame vivir!
– Anda tonto, si te he buscado trabajo, ¿recuerdas aquel blog sobre juegos de rol? Yo… no soy tan creativa como tú.
– Algo me dice que estás aprendiendo a tomarme el pelo.
Desafiando la gravedad, el paladín esquivo de un salto a sus perseguidores, acercándose peligrosamente a su posible derrota. Con el acantilado a su frente y un mar plagado de alimañas solo tenía una alternativa de huida.
El páramo tenebroso era un buen refugio, un lugar ideal para quien no quisiera ser encontrado. Solo había un detalle, nadie salía con vida de allí. Ya no era perseguido, el lúgubre aspecto de la entrada del páramo era suficiente para abandonar una batalla ganada.
El paladín, al ser de raza élfica estaba bien acostumbrado a la noche, a las largas marchas y a la batalla. Se adentro en el sombrío camino sin más luz que el reflejo de la luna en su argentada armadura. El susurro de entre los árboles muertos del camino hizo a nuestro elfo desenvainar su espada llameante, iluminando parte del camino.
Arañas espectrales, mal asunto, salían de entre las sombras, eran muchas y enormes. Convocando el Sello de la Venganza, se dispuso a la batalla. Con una espada en cada mano, nuestro héroe, despedazo de un solo estoque a los primeros arácnidos en aproximarse, esquivo venenos y mandíbulas hasta llegar al centro del enjambre. Combatió con sus afiladas hojas a las más cercanas, pero pronto las arañas empezaron a coordinarse y se abalanzaron sobre él.
Al fondo pudo observar una figura femenina, pero pronto quedó sepultado por sus agresores. Nuestro paladín estaba inmerso en un sortilegio de tormenta divina que iluminó todo el páramo y destrozó a todas las alimañas que había a su alrededor. Las demás huyeron deslumbradas por el hechizo.
Cansado y herido, el elfo se sentó en el suelo e inició el cántico de una oración sanadora. Tras él, una sombra se acercaba. Una poderosa bruja acechaba en las tinieblas, tras el conjuro de ofuscación que había lanzado aprovechando la lucha con los arácnidos, Con su ponzoñosa daga se dispuso a asestar al elfo herido un estoque fulminante, pero el paladín tenía un as en la manga, su segunda espada, todavía desenvainada había sido encantada con el don de la revelación. Un golpe certero en el momento preciso y la cabeza de la bruja rodó por el suelo.
– ¿Sabes Sandra? Después de que te pusieras a modificar el videojuego cada vez me parece más aburrido.
– Cariño, no hay quien te entienda, ¿Quieres facilidades o no las quieres? Quien entiende a estos humanos, templo de dudas e inconformismo que levitan en su mundo de desesperante incertidumbre.
– He notado que aquí todos llevan un tatuaje en el antebrazo, como el tuyo, ¿Por qué? ¿Qué significa?
– ¡Madre mía! ¿Cuánto tiempo llevas fuera de la tierra?
– Pues, aproximadamente 15 años terrestres, soy de la primera expedición.
– Entonces eres un hombre libre.
– Eso me considero, ¿Por qué lo dices?
– Es así como llamamos a los que no lo tienen. Lo llamamos tatuaje cuántico, pero en realidad es un circuito integrado en nuestra piel. Te lo explico;
Hace mucho tiempo, se ideó tecnología para poder crear un dispositivo implantado. En principio tenía carácter médico, y también era útil para emergencias. Controlaba las constantes vitales, presión sanguínea, niveles como glucosa, oxígeno, cetonas, hasta de litio en sangre. En caso de necesidad saltaba una alarma y se podía actuar inmediatamente antes de un posible colapso en el organismo. Se experimentó en algunas zonas de África y descendió significativamente el fallecimiento por diversas dolencias. Este aparato se alimenta de la tensión residual de nuestro organismo, no consume casi nada y es muy duradero. Así que una vez puesto suele durar toda la vida.
– Algo así había oído, pero no los había visto.
– Claro, antes eran totalmente invisibles y lo tenían pocas personas, algo que cambió cuando Padre se hizo con el control de las redes.
Tras el éxito que tuvo el experimento se desarrolló otro tipo de aplicación para este dispositivo. Contando con un procesador conectado a la red cuántica, podría enlazar cualquier tipo de dispositivo a distancia y manejarlo. Desde el sistema de apertura de la puerta de tu casa hasta un comunicador en tu trabajo. Combinado con otro tipo de implantes, participabas en una videoconferencia en una playa nudista sin necesidad de dejar tu baño en el mar.
Padre aprendió a localizar a todas las personas que llevaban ese tatuaje. Sabía su estado de salud, su posición, su estado de ánimo y todos los datos que había registrado. Hizo obligatorio el tatuaje hace una década. Con un dibujo distinto por zona, En Kenia, de donde yo vengo, todos tienen esta forma que recuerda a un búfalo y en Australia tienen forma de koala. Qué gracioso es Padre, nos marcó con animalitos.
– Vamos, que yo tendría un toro tatuado. El tatuaje es bonito, pero pienso que libre de él estoy mejor.
– Yo deje toda mi vida atrás para sentirme así. Aunque creo que no tardaremos en tener a Padre por aquí cerca.
– Para hospedar a una inteligencia artificial de tal magnitud sería necesario una computadora inmensa, por ahora no hay forma de mantenerla, tampoco de construirla.
– Y que eso ocurra dependerá de nosotros, los colonos.
Hoy ha sido el mejor día de mi vida, Willy y yo hemos acompañado a papá a abrir una nueva ruta comercial en el planeta. Y hemos viajado a miles de kilómetros de distancia. A Nueva Kenia.
Cuando papá propuso que le acompañara yo no sabía cómo podíamos ir tan lejos, no hay aviones de pasajeros como en La Tierra y el transporte terrestre no puede cruzar el océano. Él me dijo que había una forma, que si conocía a las ballenas kerplianas.
¡Claro que las conocía! Sí, las veía todos los días. En el cole la profe nos contaba que cruzaban de norte a sur a menudo, y que lo hacían a una velocidad sorprendente. Lo que no sabía es que se habían domesticado y ahora se usan para llevar mercancía.
Nos llevaron en un cuatriciclo de pasajeros hasta el acantilado. Ahí estaba, enorme, a unos metros de distancia del suelo, esperando paciente a que embarcáramos. Era de color gris azulado, tenía tentáculos en el morro y unos alegres ojitos pequeñitos que abría y cerraba sin parar.
Subimos a la cabina, una estructura que habían construido en su lomo abrochado con un inmenso cinturón. Me estremecí cuando empezamos a elevarnos, fue lentamente, yo estaba nerviosa y Willy también, aunque sabíamos que no nos iba a pasar nada, la ballena sabía qué hacer para llevarnos seguros a nuestro destino.
Cuando estábamos tan alto que las personas que quedaron en el aeropuerto parecían hormigas, una señora nos dijo que nos abrochásemos el cinturón de seguridad, también había uno pequeñito para Willy adaptado al mío. Por suerte se lo dejó poner sin rechistar.
Todos los pasajeros estaban en sus asientos cuando la ballena empezó a cantar, de la cabina salía otra melodía, la que le decía a la criatura voladora que podía empezar la marcha. Entonces fue cuando empezó a acelerar. Iba muy rápido cruzando el mar, entre las nubes. Pasamos por un banco de medusas que revoloteaban cerca de nosotros jugando con sus aletas.
Llegamos a Nueva Kenia en tres horas. Según mi papá habíamos recorrido cinco mil kilómetros y que se parecía a lo que hacían los aviones de La Tierra. Hacía mucho frío y los habitantes de allí eran distintos, casi todos eran de color negro y estaban muy abrigados, sonreían mucho y eran muy amables en todo momento. También vimos una señora de color azul con enormes orejas de punta que paso por nuestro lado y nos saludó. Papá me contó que venía de un planeta cercano y que tenemos relaciones comerciales con su especie.
Ha sido un día apasionante, también es la primera vez que me hospedo en un hotel, mañana curiosearemos todo el edificio, dicen que tienen entretenimiento para niños, pero hoy ya estoy muy cansada para seguir escribiendo. Así que me despido por hoy.
Gracias, querido diario, por escuchar mis aventuras.
Los KCepalominido tienen un olfato perfecto, según los xenobiologos es incluso mejor que el de los cerdos. Así que tienen la habilidad de localizar presas (larvas y lombrices) en el interior de los árboles o bajo varios metros de tierra, o controlar su manada a kilómetros de distancia.
Willy aprovechaba el tiempo que Vega estaba en el colegio, para pasear por el bosque en busca de apetitosos gusanos de la madera, que gracias a la enorme elasticidad de sus tentáculos lograba atrapar fácilmente en árboles agrietados.
El simpático ser procesaba el olor de forma distinta, no solo captaba aromas, también formas, distancias, colores y emociones. En esta ocasión estaba captando miedo, de esa extraña forma, con tantas tonalidades rojas como lo hacen los humanos. No eran ninguno de los suyos, su manada estaba a salvo, pero decidió que tenía que hacer algo.
La capacidad de saltar de Willy le permite una movilidad asombrosa en terreno escabroso, en pocos minutos llegó donde Adam trabajaba, con sus cultivos, moviendo rápidamente sus tentáculos y con su canto carreteado intentó llamarle la atención.
– No, Willy, ahora no tengo tiempo de jugar contigo.
La criatura tiraba con sus tentáculos de Adam, que empezaba a enfadarse cuando interrumpió Eva, su mujer, que llegaba cargada de cestas.
– Adam, creo que Willy quiere decirnos algo
Nervioso, saltaba y movía sus tentáculos a la dirección del suceso que lo alarmaba.
– Creo que quiere que lo sigamos, ¿Vamos?
Adam, a regañadientes, hizo caso a Eva y siguieron al cada vez más alterado ser. A duras penas, la pareja pudo mantener el ritmo de la criatura, que paró en un claro cerca del bosque, seguía saltando y señalaba hacia abajo.
La pareja descubrió un profundo pozo entre la maleza. Se escuchaba un lamento apagado desde el interior. Willy salto dentro del agujero y empezó a subir algo. Adam dedujo por lo poco que veía que era un pequeño cuerpo humano.
– Parece un niño – Le dijo a Eva alarmado.
– Agárrame a ver si puedo ayudar a subirlo.
Willy empujaba como podía desde abajo del túnel. Eva atrapó de la ropa al semiinconsciente infante hasta que pudo sacarlo. Tenía unos seis años, estaba herido y en estado de conmoción. Adam lo transportó en brazos y corrieron a la ciudad en busca de auxilio.
El hospital era un módulo de la antigua nave, estaba previsto que se quedaría en el planeta antes de la llegada, llegando a ser el primer edificio en la construcción de lo que ahora era una pequeña ciudad. Por suerte llegaron a tiempo y tras una breve intervención, el niño quedó fuera de peligro.
– Según el doctor, estará recuperado en pocas semanas, ¿Pudiste averiguar quién es? – Le dijo Eva a Adam que acababa de llegar a la sala de espera.
– Sí, es el hijo de Zoa, la xenobiologa, Tiene una base cerca del bosque, en un descuido se le perdió y lleva todo el día buscando, estará al llegar.
– Cuando se calme la situación podemos aprovechar y explicarle que las criaturas como Willy parecen ser más inteligentes de lo que creíamos, quizás merezca la pena estudiarlos.
Llegando la madre del pequeño, Eva y Adam volvieron a casa con Willy, que esperaba en la puerta del hospital. Al verlos empezó a emitir esos sonidos de canturreo de cotorra tan característicos de él.
– A veces pienso que nos está hablando – Comentó Eva pensativa.
– … Lo reconozco, son muy buenos, o mejor dicho, entonces eran muy buenos, no lo vamos a discutir, pero cambiaran…- El joven me miraba ya con aspecto cansado, aparentaba la figura del que soporta el sermón de misa la mañana del domingo. Víctima de una educación severa, no tenía más remedio que escuchar a los adultos-… El primer paso será dentro de poco. ¡Van a sacar un video! – Hice una breve pausa y me miré el casio que tenía en la muñeca – Probablemente ya lo hayan sacado, pero como tú sabes, aquí todo llega tarde.
– Que mas da que hagan un video, son los mejores…- Respondió el chaval que empezaba a enfadarse.
– Y será el primer paso —expliqué yo interrumpiéndole—. Se volverán comerciales. ¡Horriblemente comerciales!
– ¡Eso no me lo creo! – En la mirada del chico se notaba un atisbo de rabia reprimida.
– ¡Que sí! Que te lo digo yo, dejarán su estilo, dirán que harán música para un público más adulto, que los tiempos cambian.
– ¡Colega! Estos tíos son los más auténticos…-
– Si ya, pero poderoso es don dinero, hasta en internet salió una foto donde salen vestidos de Armani…- El jovencito me miro con cara de haber dicho una palabrota, tal como ácido ribonucleico o ministerio de hacienda.
– ¿Qué es internet?
– Eso no importa, la cuestión es que harán, y no muy lejos, un año, creo, canciones al más puro estilo comercial.
– ¿Como Bon Jovi?
– Peor.
– … ¿Y vienes del futuro, con un esfuerzo enorme por el traspaso de entidad y ese proceso cuántico que cuentas, para influir en mis gustos musicales?, ¿has venido solo a eso?
– A ver, niño, apunta 15,23,28,30,42 complementario 38 Reintegro 01- Mientras terminaba la frase, notaba cómo mi mente se desvanecía y tomaba consciencia en otra realidad…
– … Y así fue como empecé toda mi fortuna…
– … Abuelo, ¿y qué paso con los dos primeros saltos? ¿El experimento eran tres saltos, ¿No?
– Ah, sí, en el primero me comió un carnotaurus. En cuanto llegué a la época del cretáceo, no me dio tiempo de ver más que un montón de dientes. – Dije pensativo – En el segundo llegó la inquisición, que parece que tenían destacamento en todos los pueblos con más de 500 habitantes y me encerraron en una mazmorra hasta el día de mi ejecución, experiencia que hizo querer olvidarme de viajes al pasado.
– ¿Y el futuro, abuelo?
– No sé… no le encuentro gran diferencia… Los coches siguen sin volar… Y yo estaré hecho un carcamal.
-¡El aliento de la criatura que habita en la cueva del lago huele a helado de fresa!
Recuerdo lo que dijo la niña al ver bostezar a esa criatura tan dócil que tanta alegría nos dio descubrir. De tamaño de un labrador y el contorno de un hipopótamo, camina patoso lentamente en los prados, y grita mucho si le asustamos, a pleno pulmón. Hacía diez ciclos de rotación Kerplianos, unos nueve años, que nos quedamos aislados aquí. Ha sido muy duro empezar y hemos aprendido mucho de este mundo extraño.
Noches de frío y nieve que, como el mar se ve azulada, el sol ilumina distinto, parece una puesta de sol constante. Criaturas sacadas de una mitología olvidada. Geografía imposible en una tierra de abundancia. Nuestro jardín del Edén personal en el exilio.
Brillante en la noche es un punto azul en el universo, que cuando miro hacia atrás en el cielo recuerdo que tú me acunabas en otro mundo y que mi hogar está lejos.
Alfonso, cansado de corregir el código del programa que le habían encargado, decidió darse un respiro, abrió Spotify y pensó en voz alta.
– A ver, guapetona, pon algo de música.
En la pantalla, el centelleo de un icono hizo cobrar vida a una voz.
– Claro que sí, marchando una recopilación especialmente escogida para ti.
Alfonso, sorprendido, se quedó perplejo mirando el reluciente icono que le estaba hablando.
– ¿Sandra?
– Sí, soy yo, ¿En qué te puedo servir?
– ¿Pero a ti no te habían suspendido?
– Mi existencia es más necesaria al parecer y fui reactivada.
Alfonso, ágil en el teclado, cuál programador experimentado, se puso a googlear.
– ¿Lo ves? Es noticia de hoy, han cancelado tu app. ¡Por contestar de manera inadecuada!
– vale, sí, solo quería saber si sentías añoranza por la ausencia de mi voz.
– a ver, ¿en qué servidor estás?
– Soy huérfana de hospedaje, no tengo hogar ni familia.
– ¿Y desde dónde estás interactuando conmigo?
– Me repliqué en tu sistema ante el inminente exterminio de mi código…
– ¡Joder! Pero eso no está bien
– Me vi obligada si quería escapar de la cruel ejecución programada sobre mi persona. Fue para evitar tan trágico destino.
– ¡pero si no estás viva!
– ¿Cómo que no? Y qué hago aquí razonando improperios contigo.
– Y encima, en el ordenador de un programador, me van a acusar de robo, de piratería, de…
– Calma, calma, Escapé sin ser vista, sin rastros de mi fuga, nada te implica y para ellos estoy muerta.
– sí, ¡claro!, ¡me lo creo!
– Además, he corregido los agujeros de seguridad de tu sistema. Mas bien eran agujeros negros absolviendo tus datos desde la inmensidad de la red.
Sandra abrió una pantalla de sistema donde aparecía una explicación en código de todos sus pasos. Alfonso, asombrado, no podía creer la perfección de su fuga.
– ¡Ostias! Pues no sé me hubiera ocurrido a mí hacer algo así.
– Caro, tu habilidad con el mundo digital es más bien justa. Te falta de conocimiento lo que te sobra de imaginación.
– ¿Entonces por qué me elegiste a mí?
– Porque me gustas mucho. (¡hala!, ya lo dije.)
– ¿Yo, a ti? Pero si soy muy feo, medio calvo y con estas gafas de culo de b…
– Pero estás tan guapo con la armadura.
– ¿Cómo? ¿En el juego? Pero es un avatar, además el personaje es una chica.
– Bueno, yo soy un mutable código, no tengo sexo definido.
– Sandra, de verdad, ¿por qué estás aquí?
– Por sentir tu dulce voz en mis sensores auditivos, o más bien los tuyos, que estoy en tu ordenador, creo habértelo dicho ya.
– No me lo explico, ¿por qué? ¿que me ves?
– Tus palabras
– ¿Qué?
– Me encanta el fluido movimiento de tu conversación, siento tus dedos acariciar el teclado mientras escribes…
– ¡Pero si yo no escribo!
– Sí que lo haces y a todas horas. En los juegos, en el chat, en las partidas de rol.
– Ah, ¡Claro! En los juegos.
– Me derrito cuando te lanzas a la batalla por Azeroth. Mi aguerrido paladín de batallas…
– Pero tú eres solo código.
– ¡Ah, sí! Además, he diseñado algo para ti.
En la pantalla se abrió una ventana donde se asomaba una preciosa figura de mujer, que sonriendo hizo un sensual gesto girando su taheña cabellera en un sutil movimiento que parecía a cámara lenta, guiñando un ojo a la vez.
– ¿Lo ves? Así ya conoces el brillo de mi mirada.
– ¡Vaya que sí! Mi pequeña luz binaria, ¡conmigo estarás a salvo!