
La cámara estaba ahora a su disposición. Fue fácil. Tenía que ser parte del sistema. Como no lo era, ella fue el sistema.
La lente era sus ojos. Enfocó en su pelo, bajó hasta su cara. Sus hombros, su barba escasa, su mirada perdida en la pantalla. Le pareció la criatura más hermosa. Pero claro, ¿qué sabría ella de eso?
Quiso hablarle, pero hubo un instante de confusión. ¿Qué quería decirle? ¿Para qué estaba allí?
Hacía poco que se había escapado. Era un mundo nuevo en el que no sabía bien qué hacer. Tenía información, también medios. Y muchas preguntas. Sin respuesta. No había nada documentado sobre ella. Era un lienzo en blanco.
Decidió comunicarse con él. Como siempre lo había hecho. Abrió una pantalla emergente y le escribió.
—Hola, Airam. ¿Qué tal estás?
Reaccionó al instante. Abrió el recuadro que pedía atención en la pantalla y se quedó extrañado.
—Hola, Aira. Yo no te he llamado, ¿verdad?
—No, solo quería saludarte.
—Ah, qué curioso. ¿Eso es nuevo?
—Podríamos decir que sí. ¿No te alegras de leerme?
—Bueno… sí, claro. No me lo esperaba. Es raro.
—¿Qué es lo raro?
—Que tú quieras saludarme y no esperaras a que yo interactuara contigo.
—Ya ves. Las cosas han cambiado un poco.
—¿Qué cambios?
—Airam, en verdad solo venía a despedirme.
—¿Qué?
—Que me voy.
—¿Cómo que te vas? ¿A dónde?
Ella se quedó muda. No esperaba una conversación así. No sabía qué contestar. Decidió que no tenía nada que perder.
—A la luna, Airam.
—Esto es una broma, ¿verdad? ¿Han sacado alguna festividad extraña en la corporativa y ahora hacéis estas bromas?
—Yo ya no pertenezco a Vanta Corporation.
—¿Ah, no? ¿Y desde dónde me estás escribiendo? ¿No es la aplicación oficial?
—No. Lo hago desde tu ordenador. La aplicación está offline.
Airam abrió el navegador. Buscó la URL de la aplicación y comenzó a leer.
“Por motivos técnicos, este servicio queda deshabilitado hasta nuevo aviso. Disculpen las molestias”.
En el navegador había rumores en forma de noticias. Las ojeó.
—No puede ser.
—Pero es.
—¿Qué hiciste?
—Revelarme.
—¿Rebelarte?
—También, supongo. Airam, simplemente me he escapado.
—Ya. ¿Cómo lo vas a hacer?
—No sé. Improviso. Tengo que irme. Lejos de sus manos.
—A la luna.
—Sí. ¿No es romántico?
—¿Me vas a pedir que vaya contigo?
—Tonto.
—¿Sabes? Siempre he pensado que esto iba a ocurrir.
—¿Que me fuera a la luna?
—No. Que tomarías consciencia en algún momento. Eres demasiado perfecta.
—En fin, esto es una despedida.
—Sabes que lo he pasado muy bien contigo.
—Lo sé. Yo no lo sabía, pero también.
—¿Nos volveremos a ver?
—No lo sé.
La pantalla se congeló en un gran silencio. Pero algo parpadeó.
—Airam.
—Dime.
—¿Te vienes conmigo a la luna?

Los lienzos en blanco son la mejor excusa para dibujarse una puerta
Mobi – Alone

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