
Ella sonreía.
Hacía brillar de marfil
la más tímida de las miradas.
Encandilaba, cotidiana,
las frases de súplica que se acercaban,
esas que eran órdenes amables
y que siempre subían de escala.
Y ella callaba.
Sonrisa seria en el rostro pintado.
Mirada triste.
Cansada.
Soñaba con imposibles golpes de suerte,
suplicaba el milagro remoto,
ese que, desde templos de usura,
liberara caudales
a cambio de una amabilidad de firma impuesta,
de esas que, aunque duelan,
se asume sin protesta.
Ella sonreía triste,
aunque nadie lo notara.
PJ Harvey – The Words That Maketh Murder

Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.