
Aquel día, mi suerte se esfumó entre monedas de céntimo.
Se agrietó la tarde cuando te fuiste, y por la noche morí entre las sábanas, congelado. Me velaron en primavera, pero resucité en verano.
Y me marché con lo puesto hacia un horizonte olvidado.
El destino me encontró trazando círculos sobre un lienzo salado.
Espuma de mar frente a mí; a mi lado… un misterio.
—¿Estás escribiendo una novela?
—No. Solo pensamientos.
—A mí también me gusta escribir.
—¿También lo haces aquí? Frente a la costa.
—A veces. Quizás en cualquier sitio.
—A mí me inspira un paisaje bonito.
El rumor de una ola nos envolvió en el aroma del mar. Hablamos. Quedamos para desayunar. Y nos despedimos en la oscuridad que nos había atrapado.
Al alba, nos encontramos de nuevo, atraídos por el aroma de un café humeante. La vi sentada.
—Pensé que no ibas a venir.
—Perdón… hacía noches que no dormía bien, y esta mañana no quiso soltarme.
—Todo sea por un sueño.
—Y por que persista despierto.
El ruido de las tazas nos desterró a la bahía. Quisimos sentirnos extraños en el oleaje, pero sentí que ya la conocía. Ironías: quise estar solo y el mundo me mandó compañía.
Perseguimos gaviotas con la mirada. Reímos por heridas absurdas. Recitamos párrafos prohibidos. Deliramos con la idea de habernos encontrado en páginas pasadas.
Quisimos caricias, pero quedaron en verso. En el filo del tiempo se nos atragantó el deber.
—Me tengo que ir mañana.
—¿A dónde?
—Lejos. Tengo que volver a casa.
—¿Volverás?
—Quizás… pero no pronto.
—Llévame.
—¿Qué?
—Que si tú quieres, yo me voy contigo.
—Pero si no nos conocemos.
—No. Pero si es la única manera de hacerlo… estoy dispuesto a correr el riesgo.
—Vas un poco rápido.
—Tal vez, pero no hay tiempo. Y no quiero quedarme con el “qué hubiera pasado”.
—Te propongo un trato: pasemos una noche inolvidable.
Y al amanecer, ya veremos.
Y en la orilla del mar, nos atrapó la luna.
Travis Birds – Peligro
si la luna nos atrapó aquella noche, que sea el alba quien decida lo demás.

Replica a DeOniros Cancelar la respuesta