
Estaba tan ocupado, indignándose por el comportamiento humano, que no se dio cuenta de su sordera. Es más, empezó a imaginarse diálogos torpes, de situaciones inventadas, creó un universo de feroces palabras, donde los círculos rojos de una diana desgastada, eran su rostro desafiante a la puntería, que habitualmente era mala.
Con la frase de Sun Tzu por bandera, atrincherarse tras las líneas de texto en pijama se convirtió en costumbre y, a golpes de un viejo teclado, se convirtió en tormento de alegres tertulianos y humildes comentaristas sin más ánimos que la distracción efímera y sintonizar suspiros y sonrisas de alivio.
Estaba tan ocupado siendo víctima rebelde, que se le olvidó en que en el acto de ajusticiamiento, el verdugo llora a la desdichada forma, que se esconde en las sombras de que una vez fue su tormento y que en los labios abiertos están las espinas de los rosales.
Saurom – Mejor sin Ti
Susurra al abismo. Alguien, en algún sueño, escuchará.