
Me comprendo como de olvido fácil, de arañar palabras en mi memoria de rincones ocultos, con el esfuerzo de la amnesia cotidiana, buscando algo y no encontrando nada. Pero hay rastros grabados en surcos profundos que, aunque no los llamo, están en todo momento su presencia.
Aunque borroso esté tu rostro, tus manos de viento caliente recorren mi piel diciéndome adiós. Recuerdo aquella mirada triste, la que retraté en verso en aquel aeropuerto. Aquella lágrima que se volvió dulce con el tiempo. Risas y juegos entre mar y océano, aroma a azahar, leyenda del tiempo. Nunca supe expresar el sabor a sal de la caricia de tus labios, que no supe apreciar, que de cerca eran eternos y de lejos humo.
Hoy mi memoria hace eco en el rompiente paisaje de tus costas y me olvidé de volverte a olvidar.
Mago de Oz – El Amor Brujo
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