
Ayer brillantes luciérnagas coloreaban la madrugada. Morpe y su canto triste me guiaron por baldosas amarillas, el templo se veía a los lejos, con brillo propio, apoteósico.
Al acercarme rugían los tambores, atrayendo acólitos que cantaban salmos al pasar. El aire, lleno de sílfides, las paredes pintadas con secretos, anunciando misterios, exigiéndome que cruzara dentro.
Ráfagas de luz, orquídeas salvajes en el interior, la danza de la muerte mostraba sus pasos a ritmo de los cascabeles. Baila, gritaba el espectro, retuerce tu cuerpo y grita mi conjuro, hasta quedar exhausto.
Me ofreciste tu mágico fluido, elixir de la vida, de piel de espíritu. Ardiendo en deseo, fui tras tu azul mirada, perdiéndome en el enredo, en la marea de danza de estruendo. Allí consumí el alba, que sabía a licor de tu boca y exorcizaba el silencio.
Hoy, no soy yo, soy el recuerdo de lo que no pasó.
Aurora – To Be Loved
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