
Estaba sentada en el filo del acantilado cuando apareció él, majestuoso, imponente, de ojos brillantes como estrellas al alba, de pelaje espeso y oscuro como las noches de invierno. Se acercó a ella y al ver que no le temía se sentó a su lado.
– ¿Vienes a contemplar la luna? – Preguntó la niña
– Sí, cada luna llena me siento aquí, a agradecerle mi caza.
– ¿Qué tal ha sido hoy?
– Pobre, mi manada está hambrienta, pero ha habido suficiente para hoy.
– ¿Debo temer que me quieras cazar?
– A los lobos nos dan miedo los humanos, aunque sean cachorros. Uno solo no sois problema, os cazamos fácil. Pero siempre vienen más, con sus artilugios artificiales para matarnos. Sois criaturas terriblemente feroces y crueles.
– Vosotros también matáis.
– Lo hacemos para comer.
– Nosotros también.
– Nosotros lo hacemos por pura necesidad.
– Y nosotros. También necesitamos cazar para comer.
– ¿Vosotros? Los humanos domesticáis animales, los matáis con facilidad, sin peligro. Ademas os los coméis sin hambre, haciendo una fiesta de las matanzas. Y aun así, os dedicáis a cazar.
– Pero vosotros también disfrutáis cazando.
– Disfrutamos cazando, no cazamos para disfrutar.
– No todos somos así.
– No lo sé, solo te conozco a ti y a algún humano que se presenta en el bosque con sus perros amaestrados. Yo no te he visto cazar, pero huelo que te alimentas de carne. No te juzgo, pero permíteme desconfiar.
– Pero percibes que no puedo hacerte daño, ¿no?
– Sí, mas no conozco a tu manada.
– No te harán nada, no los traeré hasta aquí. ¿Volverás la próxima luna llena?
– Sí, y presiento que me alegraré de verte.
El gran lobo negro agachó la cabeza frente a la luna, en señal de respeto, y miró un instante a la joven, fijamente a los ojos, y los entrecerró en señal de amistad. Luego desapareció entre los arbustos. Sola se quedó la niña bajo el reflejo de Selene, pensando.
Janis Joplin – Half Moon
Replica a Joiel Cancelar la respuesta