
En una nube tengo mi posada, en un pedazo de sueño, regalo de Oniros, está mi hogar. Me dejo ayudar por almas en pena, con buena intención, y pasión por su faena. Más no seré dueño y señor, inexistente ser frente a mi lanza, solo soy yo, y no pretendo nada.
Cambio mi copa por un momento, de luces o de sombras siempre sinceras, pero no te debo más, tan solo tu compañía si es grata, Si no, la senda es larga y ahí tienes tu camino, que no es mi vereda.
He sido rey esclavo, perdí mi corona huyendo de mis cadenas, en el frío mundo de la imposición, por eso en mi posada, todos beben, todos hablan, pero no hay un gesto alto, no hay orden del cielo, no hay quien a todos decrete que ahora deben hacerlo.
Aquí somos melodías al compás disonante, de una odisea sideral con una nota equivocada.
Somos iguales entrelazados en versos armónicos sin rima definida.
Somos antimateria cautivada por las trampas que hizo Penning en una jaula electrificada.
Somos gotas de tinta eléctrica desafiando la carencia de la palabra.
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