Esta historia esta vinculada a…

– ¡Rompe el círculo!
– ¡No!, ¡no lo haré!
El sudor helado resbalaba en la frente de Kendra. Un leve temblor en las manos era todo lo que necesitaba él, que estaba ahí fuera, sonriendo con su cara de ángel, para comprender que ganaba control. Fallo imperdonable pensaría su abuela.
– Sin confianza no hay pacto. – Su voz era calmada, suave, la melodía del sonido de sus palabras siempre la había cautivado. Qué mejor que las palabras para dominar la mente de una joven tan inexperta.
– Sabes que no me pondré en peligro.
– Llevamos mucho tiempo hablando de esto. Confía en mí.
– No voy a romperlo
– ¡Que lo rompas!
– ¡JAMÁS!
Su grito traspasó la protección del círculo y como una bofetada mal encajada llegó a Acham como onda de choque haciéndolo caer. Quedó en una incómoda postura que a ambos les resultó incomprensiblemente cómica. El demonio se incorporó de un salto, se dirigió a ella mientras con un gesto de manos escupió un conjunto. El círculo se deshizo llevado por un inexistente vendaval, expandiendo cenizas y polvo de tiza blanco en el curso de su destrucción
Con su boca a centímetros de los labios de Kendra, que le mantuvo feroz la mirada en todo momento, él le besó suave la mejilla. Sus miradas quemaban, el desafío de quien arde en deseo prendió el instante. La tensión fue rota por la risa. Los dos, a la vez. No se enfrió el ambiente, sino que cambio de color. Los dos reían como locos en un acto que los hacía cómplices y en cierta forma felices.
– Eres sorprendente Kendra- Le dijo Acham – Pero te queda mucho que aprender todavía.
– ¿Cuándo empezamos?
– Ya has empezado, has arreglado algo que hiciste mal en el pasado.
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