
Aún no asomaba la dorada carroza de Helio en el horizonte cuando Kendra y su abuela ya estaban en el bosque. La niña encendía la hoguera, que humedecida la leña por el relente de las estrellas, las llamas no querían fluir. La Abuela, entretenida preparando la lección de hoy, escuchaba la serenata de aullidos de rapaces trasnochadoras que caminaban de vuelta al abrigo de sus madrigueras.
Empezó a despuntar el fuego con la caída de la luna y el brillo del horizonte quería ser nuevo día. La Abuela preparaba el pentagrama, marcado con fragmentos de piedras entre las plantas, restaurado como cada día por Kendra. En cada esquina del pentáculo había colocado un objeto.
– ¿Qué vamos a hacer hoy, abuela?
– Hoy vamos a saludar a los elementos, si los cuidas y los respetas serás muy feliz.
El primer rayo de sol atravesaba el signo fabricado en piedra, como ofrenda a Lugh cuando la abuela empezó su cántico y la hoguera despertó con violencia.
– Empezamos por aquí, esta punta simboliza el agua – Dijo la abuela señalando la punta superior derecha de la estrella de cinco puntas, donde había una copa con agua – Líquido elemento, soporte de vida, bendícenos, riega nuestro pesar con tu pura esencia.
– Este extremo simboliza el fuego – La abuela se refirió a la parte inferior derecha, donde había colocado un cáliz llameante de alcohol prendido. – Fuego destructor, libéranos del mal, limpiarnos de nuestras aflicciones con el paso de tu manto asolador.
– Aquí simbolizamos a la tierra – Dijo la anciana señalando la parte inferior izquierda del pentáculo donde había un puñado recogido en el suelo del bosque – suelo primordial, marga y barro, de ti nacemos y en ti descansamos. Danos el alimento y la habilidad de obtenerlo.
– Aquí hay una copa vacía abuela – Dijo Kendra señalando la parte superior izquierda de la figura.
– ¿Vacía? – Dijo la abuela con expresión risueña – Viento calmado, aire que respiramos, danos la voz y con ella el conocimiento, enséñanos a conocernos.
– Aquí sí que no hay nada – dijo la niña aproximándose a la punta superior.
La Abuela empujó suave a la niña y la puso encima del vértice superior de la figura.
– ¿Ves? Ya hay algo –
– ¿Qué hay, abuela?
– El espíritu de una niña
– ¿Y qué le pedimos?
– Que se porte bien – Dijo la abuela sonriendo – Y que si quiere ir a la cafetería a desayunar tortitas con sirope cuando lo recoja todo.
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