
La suave caricia de alabanza sin verso,
es diezmo suficiente
por derramar mi tinta sobre tu lienzo.
La sonrisa oculta entre tus sombras,
es suficiente pago
por relatar a tu oído mis calumnias.
El onanismo espiritual y cósmico,
es justo sueldo
por tender mi rabia y mi lamento.
Regalo mi sudor por un sueño, por la risa, por un gesto,
por un guiño, por un recuerdo,
pero en el toque de gracia solo si truena silbido del látigo.
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