
Emesis de mis entrañas, arrojada al infinito, recorre etérea el cosmos, hasta el reino de los sueños. Estallido en el firmamento, que me extiende y me quiebro en infinitos fragmentos, resplandor teñido en policromo, pirotecnia celestial que flota con el viento, que reparte mis pedazos a fundirme con el bosque, con la cima helada que crea sierra en la montaña. Con el frío caudal del riachuelo de clara risa, que cae de la fuente y arrastra el río hasta llegar al océano.
Efervescencia de orilla, perfume de mar, rompen sobre mí, espuma nevada de estruendo salado, que con la caricia de tu piel y el fervor de mi recuerdo hace que me evapore y otra vez me elevo.
Relámpago fiero de invierno, rasga gris sobre tu morada, caigo torrente de lluvia sobre tu frente mojada, resbalo en tu mejilla sobre la copa de espuma de blanca viña que sostiene tu mano.
Me bebes.
Te embriago.
Y en tu interior.
Me disuelvo.
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