Los tres reflejos Capitulo 3: El Crepitar del Diamante

Tocadiscos vintage con vinilo girando, luz tenue y cálida, detalle del surco brillando. Estética de fotonovela antigua, grano cinematográfico, tonos ligeramente amarillentos o magenta, textura analógica. Composición dramática: la aguja a punto de caer o ya tocando, reflejos suaves, sensación de silencio antes de la música. Atemporal, íntimo, con aire de presagio.
  • Tocadiscos vintage con vinilo girando, luz tenue y cálida, detalle del surco brillando. Estética de fotonovela antigua, grano cinematográfico, tonos ligeramente amarillentos o magenta, textura analógica. Composición dramática: la aguja a punto de caer o ya tocando, reflejos suaves, sensación de silencio antes de la música. Atemporal, íntimo, con aire de presagio.

Su viejo tocadiscos pedía “play” a gritos. Ella supo cómo hacerlo esperar. Hasta que sonó el timbre de la puerta. 

El brazo del antiguo aparato se agitó de manera mecánica. Depositó con delicadeza el diamante en el camino del disco y empezó a arañar. 

El susurro estático del giro de la aguja le caminaba lentamente por el vientre. 

Abrió la puerta con los primeros acordes: 

“Darling, you’ve got to let me know” 

Ahí estaba ella. Con su vestido negro. Brillante. 

“Should I stay or should I go?” 

Sonrió con un “¿qué pasa?”, con una sensualidad punk y macarra. 

“If you say that you are mine” 

Laura dejó asomar su pierna por la abertura lateral de la falda. 

“I’ll be here till the end of time” 

A Marta se le iluminó la mirada. 

“So you got to let me know” 

Laura extendió su mano en medio de un baile mágico. 

“Should I stay or should I go?” 

No entendía qué le pasaba. Ni qué consecuencias habría. Solo sabía que tenía un urgente deseo de sangrar. De deshacerse entera. De fundirse con ella. 

Agarró la mano que Laura le tendía y la arrastró adentro. 

“Should I stay or should I go now? 
Should I stay or should I go now? 
If I go there will be trouble 
And if I stay it will be double 
So come on and let me know” 

Entre sábanas deshechas amanecieron esa tarde. Risueñas, con caricias que no terminaban, deseando quedarse ahí siempre, recorriendo sus cuerpos. 

—¿Tú no viniste a ayudarme a preparar la cena? 

—Es que este era el aperitivo. 

—¿Y qué me vas a dar de postre? 

En un beso, Marta mordió suavemente el labio inferior de Laura y tiró de él. 

—El postre luego. Vamos a preparar la cena antes de que llegue tu marido. 

—No sé qué decirle… 

—Que nos entretuvimos y que nos ayude a preparar la cena, ¿qué si no? 

—No, me refiero a lo nuestro. 

—No sé. Yo tampoco esperaba que hubiera más. Pero me estás enganchando. 

—¿Os conocíais entonces? 

—Sí, salimos una temporada en el pueblo, antes de irme a Londres. 

—O sea… ¿qué el es tu novio del pueblo, ese que me contaste? 

—Sí. No sabía que ahora era tu marido. ¿Estás celosa? 

—No, eso fue hace mucho tiempo. 

—¿De quién estás celosa? ¿De mí o de él? 

—No me había puesto a pensar lo rara que es esta situación. 

El ruido de la cerradura de la puerta rompió la conversación. 

—Hostias, son las 7. Mi marido ya ha llegado. Corre al baño y yo te llevo la ropa. 

Marta se empezó a vestir con rapidez. Recogió el traje negro de su invitada y escuchó la voz de Pedro: 

—¿Marta? 

—Voy, Pedro. Espérate ahí. 

—¿Qué pasa? 

—Nada, ahora te explico. 

—Vale, vale —dijo Pedro, extrañado, desde el salón. Entonces entró Marta. 

—Estábamos probándonos ropa. Resulta que Sonia va a exponer sus cuadros dentro de poco… 

—Pensé que no te gustaban sus cuadros. 

—Son una mierda, pero nos han invitado. 

—¿A mí también? 

—No, a Laura y a mí. 

—Menos mal, que aburrido. 

—Ya te digo… 

—…¿Y Laura? 

—Aquí —dijo ella con su traje flameante, un poco arrugado y con esa aura de serial killer que la hacía irresistible. Pedro no pudo evitar sonreír—. Dentro de poco tendremos fiesta, pero hoy me parece que cenamos pizza. ¿Ponemos música?

The Clash – Should I stay or should I go now

Cuando sonó la primera nota, entendieron la verdad: ya no eran dos caminos… sino tres reflejos llamándose a gritos.

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