Etiqueta: reflexiones oníricas

  • Tempo lento

    Tempo lento

    Hoy soy viento, frase cortada al azar, desvarío del mar, en tempo lento. Sin ver espejismos, acariciando estrellas al pasar, cayendo en sal, queriéndome en olvido. Creyendome suspiro, surcando en huellas al pasar, no busco más, solo abismo.

    Hoy fui viento y mañana sal.

    Cigarettes After Sex – Apocalypse

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  • En clave de fa

    En clave de fa

    En clave de fa

    Rompe el silencio.
    Rompelo despacio.

    Acaricia el viento con tus largos dedos.
    Guía la esencia del carbón encendido
    en la sintonía de ritmos sacros.

    Pierde de mi vista tus manos,
    mariposa en el post del deseo.

    Obertura gestada en tempo,
    a golpes, delirio de credo:
    a veces dura,
    otras se disuelve en besos.

    Y en el último compás,
    levantas el mundo.

    Rompe el silencio,
    que sin saberlo,
    acaricias el firmamento.

    Hania Rani – Dancing With Ghosts

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  • Mancha de tinta en un papel en blanco

    Mancha de tinta en un papel en blanco

    Tulsa – Oda al Amor Efímero

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  • Ventana abierta, miradas fugaces

    Ventana abierta, miradas fugaces

    Debo ser fuerte, pues tras la derrota siempre hay un gran tropiezo.
    Ocurrió que quedé con la mente desparramada, yaciendo en el suelo de tanto pensarlo. Con el frío resentimiento de encontrarte lejos y la necesidad de verte, empañó la silueta de tus caderas, y se difuminó en el tiempo.

    Una mañana de escarcha y pereza, de manta pegada y párpados negados, apareciste en mi sueño como un fantasma del pasado. Y yo que, con la ventana abierta, mostrando limpia la casa —aroma a café, nevera llena y polvo bajo la alfombra—, quería recibir miradas indiscretas, escapar de caricias cuando tocaba y mostrar sonrisa ancha por si la percha me gustaba.

    Pero sentía tu mirada en la nuca, pidiendo la atención que no te negué nunca.

    Ahora, que coleccionaba orquídeas en traje de baño, que invitaba a té, a dulces árabes de miel de palma, a cava con azúcar de caña. Que mostraba a cuerpos extraños mis extravagancias, sintiéndome a gusto siendo tan raro y completo al saber lo que les gustaba.

    Pero desordenadas tus ideas, que mi mente hizo mías, en un rincón quedaban, fosilizadas.

    Quédate. Quédate aquí conmigo,
    pero no me pidas nada.

    Sé mi corriente de mar,
    quien se pasea por mi almohada.

    Quien sube la persiana en la mañana,
    pero no eclipses la luz de mi luna,
    pues ella me espera cada noche en la ventana.

    Crystal Castles – Not in Love

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  • Carta 10: El objeto transformado

    Carta 10: El objeto transformado

    Querido diario.

    Salí de la cama en pijama y con un gorro de dormir, al estilo de los dibujos animados antiguos: un poco ridículo, un tanto inútil. Salí por la ventana sin pensarlo y comencé a subir por peldaños de nubes grises, que crujían truenos al pisar. Por supuesto, ya sabía que estaba soñando.

    En mis experimentos en el reino de Oniros había ido creando terreno para refugiarme, por si llueve mucho en sueños húmedos. Construí una isla flotante en un mar de nubes, y levanté una posada por si algún día vienen amigos. Tras ella hay una explanada verde, de hierba cortada y flores silvestres con aroma a lavanda.

    Al dirigirme hacia allí, vi aparecer una puerta de madera oscura y remaches dorados. El resplandor me sorprendió al entrar: una fuerte iluminación blanca, paredes acolchadas manchadas de rojo carmín y una puerta metálica con ventanilla enrejada. En la esquina estaba ella, con triste mirada y camisa de fuerza. Me dijo:

    —Vete, van a venir a verme.
    —¿Quién? ¿Quién te va a visitar?
    —El doctor. Me tienen que dar el alta. Yo… yo estoy bien.

    La puerta se abrió de golpe, con un sonido apagado. Entró un señor con bata blanca y un artilugio raro sobre una mesita con ruedas.

    —Señorita, tenemos que hacerle pruebas, no ponga resistencia para que no le duela.

    El facultativo empuñó el extraño instrumento: estaba hecho de cuchillas de afeitar que giraban a derecha e izquierda, formando una terrorífica batidora. Sonrió complacido ante la expresión de terror de la joven. Se aproximó a ella, riendo bajo. De la mesita con ruedas tomé un bisturí y, sin pensarlo mucho, se lo clavé en la espalda al médico insano.

    Sin dejar de lado su hilarante aspecto, giró la cabeza pero no el cuerpo. Me miró a los ojos y me dijo:

    —¿Crees que eso puede detenerme, extraño?
    —No, yo no puedo… pero ella sí.

    Rápidamente me dirigí a ella, me agaché para mirarla a los ojos y ayudarla a levantarse, mientras le decía:

    —No temas, es solo una pesadilla. Tú tienes poder sobre tus sueños. No dejes que tus miedos te hagan sufrir.
    —Pero es mi doctor, me dice que estoy loca.
    —Pero tú no lo crees.
    —Pero yo no lo creo.

    El temible médico empezó a volverse transparente, pero siguió avanzando con su mirada siniestra y su arma cercenadora.

    —En ti está el poder, en él no. Quítaselo todo.

    Ya estaba encima, pero no era más que una sombra.

    —Hazlo desaparecer, no tengas miedo; no hay nada cierto si tú no quieres que lo sea.

    El doctor se hizo humo y se disolvió en el ambiente. El arma cortante cayó justo a mis pies: se había transformado en una inofensiva pistola de plástico, de aspecto futurista, como las que usaban los niños en el pasado. Disparé a la pared y abrí una brecha con el rayo que lanzaba.

    Por el corte entró arena de playa y aroma a Mediterráneo. La cogí de la mano —ya se había liberado de la camisa de fuerza— y la saqué de la habitación sombría.

    Pasamos un buen rato hablando y riendo, sentados en la playa, muy cerca de la orilla. Le conté mis aventuras entre mundos oníricos; ella sonreía complacida, sorprendida de estar en mi mundo. Pero ya era tarde y había que despertar. Así que antes de despedirme, le pedí algo:

    —Esto estaba en tu sueño —le enseñé el arma de juguete—, pero creo que me podría ser útil. ¿Me la puedo llevar?
    —Tómalo como un recuerdo de esta tarde de playa en mi sueño.

    Así lo hice y regresé al mío, apresurando mis pasos. Al llegar me di cuenta de que ya no era una pistola de plástico: ahora era una ballesta de madera de tejo, oscurecida por las sombras de las pesadillas. El gatillo y los remaches eran de plata, color de luna llena reflejada en el lago. Y tenía una sola flecha, eterna, que me defendería en mis peripecias.

    Ozzy Osbourne – Diary of a madman

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  • El despertar de la sed

    Era muy joven cuando ocurrió. Por mera casualidad cayó en mis manos un libro. Era de bolsillo, de tapa blanda, y una horrible portada que no hacía justicia a su contenido. Aun así, decidí leerlo.

    3 de mayo. Salí de Múnich a las 8:35 de la noche, llegando a Viena a la mañana siguiente a las 6:46. Debía tomar el tren de las 8:00 para Klausenburg.

    Así empezó. Y así comenzó mi pubertad: de la mano de Mina y de la maldición de su amante. Recreando pasiones, oscuros misterios, despertando en mí sensaciones que me costaban describir.

    Fue el primer vampiro. El primer pecado siniestro que, sediento de sangre, me acompañaba en sueños. En pesadillas. Pero no fue el único.

    Fui al infierno que se desató en Salem’s Lot, prohibiéndome dormir días después. Conocí una nueva generación de vampiros ancestrales en una peculiar entrevista, donde la carne mandaba a la sangre, y la sabiduría centenaria se disolvía en despertares eléctricos.

    Pasé noches de insomnio en la carretera, en un romance imposible donde un campesino se enamora de su inmortal. Donde el mal es solo supervivencia. Donde no existe más que el hambre, y la vida ya no es vida.

    Hoy pulsé el botón del play, ojeé nuevas entelequias escritas en el declive de la luna. Para jóvenes de hoy, con el dedo firme en la pantalla. Domaron la rabia, encadenaron a la bestia, la vistieron de Prada y la pusieron a la venta. Un triste cuerpo muerto en un escaparate rojo, de frenesí de plástico y sangre vegana.

    Pero seguirá existiendo el misterio en la penumbra. La necesidad morbosa de besar a quien acecha. Historias que volverán a la hoguera de una noche de acampada. Porque aunque queramos proteger a la presa, ella quiere ser cazada.

    Porque en la naturaleza, el bien y el mal no significan nada.
    Ya volverá a salir el lobo. Y morderá de nuevo, aunque a algunos les duela.

    Bauhaus – Bela Lugosi´s Dead

    🎧 PLAYLIST: El despertar de la sed

    Una banda sonora para los que amaron a su primer vampiro,
    para los que no durmieron tras la mordida,
    para los que aún desean con colmillos.

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  • Carta 9: El  sueño de un alma perdida.

    Carta 9: El sueño de un alma perdida.

    Querido diario
    Hoy me incorporé en la cama y me dispuse a desayunar. Pero el despertador, que tenía alas, salió volando apresurado. Quise poner los pies en el suelo… pero mi cama también flotaba en el aire. Entonces empecé a comprender.

    No es fácil empezar a tomar las riendas, pero ya tengo a Morfeo calado. Así que, suspirando un conjuro, hice aterrizar mi lecho sobre una nube y salí de él. Frente a mí apareció una puerta. Sabía que no era la salida al mundo real: conducía a otro sitio.

    Mi deber era cruzarla. Me adentré en la oscuridad que se derramaba al abrirla. Era un camino amarillento en un paisaje sombrío. Las nubes se retorcían de rabia y los relámpagos señalaban la soledad.
    Había una joven perdida que se asustó al verme.

    —No temas, solo quiero ayudarte —le dije al ver el miedo en su mirada.
    —Tenemos que huir —me dijo, y al instante me agarró de la mano.

    El terreno se volvió árido, el camino se retorcía. Las sombras ocultaban alimañas que nos perseguían. El sendero terminó de golpe, un afilado precipicio nos dijo que no había más.

    Tocaba enfrentarse a quien venía detrás.

    De una bolsa que no sabía que llevaba saqué una linterna. La miré y le hice una promesa:

    —Si me das el poder de este sueño, te prometo que te sacaré de aquí.
    —Esto no es una pesadilla —respondió ella.
    —Sí lo es, solo tienes que entender qué hay de verdad en ella.

    La linterna se encendió. Su luz disolvió la oscuridad. El cielo se volvió azul. Las nubes, blancas. La sombra que nos perseguía ya no era más que un anciano. Él recorría la senda, confuso. Era como un alma errante.

    —¿Qué haces aquí? —preguntó ella, con el corazón en vilo.
    —No lo sé… Solo acudí a tu llamada.
    —¿Por qué me persigues entonces?
    —No soy yo. Eres tú quien me ata. Mi camino no está aquí. Solo necesito que liberes mi alma.

    El viejo y la joven se fundieron en un abrazo.
    Y yo, que sé cuándo sobro, me fui a buscar otra puerta abierta. Camino a mi despertar.

    La sombra lo cubrió todo de nuevo, pero ya no había miedo.
    Solo quedaba el duelo.

    Alva Noto & Ryuichi Sakamoto – Aurora

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  • Canción alternativa para el haiku del verano

    Canción alternativa para el haiku del verano

    Calor. Ruido de ventilador cansado, de aspas que no cesan. Maldición en forma de arena, que oscurece el cielo, ensucia mi rostro y da aspereza a mis labios. Los mismos que recuerdan tu mirada, en esta noche de giro constante entre el techo y la cama.

    Atrapado entre risas vacías, de una promesa cumplida y de viejos recuerdos obligados. Me arrastraron con palabras al templo, y yo, ya sin fe, no pude esquivarlas. Y aunque la barriga andaba llena, el corazón pedía su tonada. Tarareé aquella balada extraña y me escabullí entre rostros sin cara.

    Tropecé contigo en la salida. Me arañaste con tus ojos de gata. Quise pedir auxilio, pero me atrapaste con la mirada. Y ya no pude salir del templo de las almas rotas.

    No quise creer que fuera fácil. Tú movías mis cuerdas, yo tan solo bailaba. Al son de los cascabeles que tú dominabas. Y se hizo la noche pequeña, y amanecimos en la playa, contando arena negra y queriendo nadar en tu agua. Quise conjurar una idea con hielo en copa ancha. Invocando tu deseo, te dije “vente”, a ver qué pasa. Hechizados, partimos juntos rumbo a romper la mañana.

    El café y las tostadas se quedaron solos, mirándonos en la cama, ruborizados y ardiendo. No entendían del sudor de nuestros cuerpos, que giraban con las aspas del ventilador, que se aferraban a las sábanas, que no conocían el calor, solo las ganas.

    Desperté creyéndome en sueños, y quise sentir tu piel en mi mirada. Pero al rodear mi almohada, encontré que ya no estabas.

    samuraï – Corazón Quemado

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  • Like for alien love

    Like for alien love

    —Hola, mi amol. 😘
    —¿Qué? ¿Quién eres? ¿Dónde estás?
    —Tranqui, mi amol. Estoy a años luz, pero contigo.
    —¿De qué me estás hablando? ¿Quién eres?
    —Mi nombre real es impronunciable. Nos pareció más estético que me llames Yesenia, nombre común de tu planeta.

    —¿Y por qué suenas en mi cabeza?
    —Usamos una proyección telepática, muy soft, sin lag. Felicidades, broh: estás en un primer contacto.

    —¿Primer contacto de qué? ¿Quién o qué eres?
    —Relájate, broh. Detectamos residuos de vuestra comunicación global. Dijimos: si esto es vuestra lengua oficial, pues respondemos.

    —¿Qué residuos? ¿De qué comunicación hablas? ¡Yo no me he comunicado con nadie!
    —¿No? ¿Eres algún tipo de filósofo desconectado, rollo ermitaño digital?
    —No, soy alguien normal que no entiende ni la mitad de esto.
    —¿Los normales no entienden?
    —Claro que sí. Pero no nos habla un alien cada mañana. Porque… eres una alien, ¿verdad?

    —Sí, una extraterrestre con ganas de conoceros. Vivo en Cdrëwfaesf, barrio oeste de la Nebulosa de Orión. Y traemos solo buen rollo: un intercambio cultural.
    —Ah, vale. ¿Y el intercambio empieza con susto? ¿Dónde está el regalo?
    —Es metafórico.
    —¿Como el metaverso?
    —Casi. Queremos obsequiaros con algo útil.
    —Yo quiero un coche.

    —¿Qué?
    —Que si vais a regalar cosas, que sea un coche.
    —¿Cómo puñetas íbamos a mandaros un coche a través de una señal mental?
    —¡No sé! ¡Fuiste tú quien ofreció algo!
    —Me refería a conocimiento útil.
    —Pues un coche sirve.

    —Te vamos a dar algo mejor: la fórmula química para generar energía a través de tubérculos, cariño.
    —¿De ver culos?
    —Tú no estás bien. TUBÉRCULOS. Malangas, en concreto.
    —Eso ya está en OnlyFans. ¿Quieres abrirte cuenta?
    —No, mi amor. Quiero darte la fórmula y cerrar este contacto en plan elegante.
    —Bueno, pues dame la dichosa fórmula.

    —Apunta:
    C₆H₁₀O₅(n) + δ(enz-A₃) → ΔΨ + vapor de raíz + 1,2 mol de jugo conductivo (Jₙ)

    —¿¡Qué coño es esto!?
    —Una fórmula, ¿qué va a ser?
    —No entiendo nada. Ni sé cómo se escribe ese delta-pene-ene cosa rara.
    —Nos dijeron que eras una eminencia en comunicación. Uno de los humanos más representativos. ¿Cómo es posible que no sepas ni transcribir un símbolo griego?

    —Hombre, es verdad que soy uno de los más vistos en TikTok… pero yo hago lipsync, edits de anime y bug exploits de Minecraft. Fórmulas, ni una.

    Die Antwoord – Pitbull Terrier

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  • Cómo invocar a un demonio por error (y que se quede a dormir)

    Cómo invocar a un demonio por error (y que se quede a dormir)

    El pentagrama se iluminó. Encendieron las velas, y el viento las apagó.
    Dio gracias al aire, al fuego que se había extinguido, al agua de la lluvia y a la tierra que pisaba descalza.
    En la penumbra del círculo, él la esperaba en silencio.
    Con facciones delicadamente duras y un cuerpo delgado, tenía una apariencia muy humana para ser un demonio. Solo lo delataban los pequeños cuernos que asomaban por encima de su frente. Al verla, se le iluminó la cara.

    —Veo que me has llamado de nuevo. ¿Qué necesitas hoy?
    —Me sentía sola y no sabía a quién llamar.
    —Mientras esté dentro de este círculo soy tu sirviente… y tú necesitas un amigo.
    —Solo quiero hablar.
    —Invítame a una copa y sentémonos.

    Ella barrió, de manera elegante, una esquina del círculo que lo apresaba. Él le regaló una oscura sonrisa.
    De un paso, intentando no tocar las líneas que decoraban el suelo, se puso a su lado. Le cogió suavemente las dos manos y dijo:

    —Ha sido una muestra sincera de confianza. ¿Qué tal si soy yo quien te invita a ti?
    —¿A qué?
    —A salir de aquí, a distraerte un poco.
    —¿A dónde me vas a llevar?
    —Es una sorpresa.

    La oscuridad nubló su mente y la niebla la expulsó a un lugar distinto.
    Un desierto de arena roja y matorrales bajos, donde el viento arrastraba suavemente el polvo cálido en el extraño anochecer de dos lunas gemelas.

    —¿Dónde estamos?
    —Este es el lugar que habito.
    —No pensaba que el infierno podía ser tan… hermoso.
    —Y lo es. Pero aún no has visto nada. Ven conmigo.

    De nuevo le cogió de la mano, y ella se estremeció al contacto.
    Se dejó llevar hasta la entrada de una cueva. En su oscuridad, vio reflejos azules en las paredes que marcaban el camino.
    Bajaron durante un buen rato por unas escaleras talladas en la roca, hasta que la luminosidad terminó por parecer la del día.

    Un enorme lago plateado reflejaba el brillo que parecía brotar del propio techo de la caverna. Irradiaba luz, calor… y vida.
    Alrededor se amontonaban plantas de cristal y, con ellas, diversos animales: insectos luminiscentes que en el techo parecían estrellas, batracios de colores y canto melódico. Incluso creyó ver un pequeño felino rondando entre las rocas.

    —No pensaba que tanta belleza…
    —¿…estuviera en el corazón del Averno?
    —Sí.
    —Eso es porque tu reflejo ahora embellece el lago.

    Se quedó pensativa un momento, intentó disimular una sonrisa y le contestó:

    —¿Estás intentando ligar conmigo?
    —¿Yo?

    Ella le dio un empujón y él, fingiendo perder el equilibrio, le lanzó una semilla que reventó en purpurina de colores brillantes.

    —¿Qué me has tirado?
    —Nada que dañe tu cuerpo astral.

    Con expresión de indignación, agarró una de esas semillas y se la estampó justo en el pecho, dejándole el torso brillante.

    —Niña insolente.

    Pasaron un buen rato en una verdadera guerra de colores, donde cada explosión estaba hecha de juego y risa.
    Hasta que, cansados, decidieron sentarse en una enorme roca plana que iluminaba en un azul apagado.
    Contemplaron el ondulante círculo del agua del lago y los peces fluorescentes que saltaban al compás.

    —Bueno… ¿y de qué querías hablar? ¿Qué era eso tan importante por lo que me habías invocado?
    —Te vas a reír.
    —¿Más que cuando te estampé la semilla en la cabeza?
    —Mucho más.
    —¿Qué fue entonces?
    —Que no me acuerdo en absoluto de mis preocupaciones.
    —Será porque no eran importantes.

    Chelsea Wolfe – Feral Love

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