Etiqueta: pesadillas

  • Carta 13:  Sombras en los sueños

    Carta 13: Sombras en los sueños

    Querido diario:

    Mi sueño hoy estaba oscuro. Era un mal presagio. Las nubes emborronaban el horizonte, y el sol era apenas una minúscula estrella que alguna vez existió. Llovía en el jardín de las puertas, empapando los senderos que llevan hacia otras mentes durmientes.

    Una de esas puertas me era desconocida. El aire se respiraba entrecortado, oscureciendo el entorno. Algo enfermo habitaba allí, rezumando maldad y ganas de huir. Pero yo me negaba a renunciar a mi espacio secreto. Tendría que enfrentarme a ese destino.

    Abrí la tenebrosa puerta. Era la pesadilla de un demente: viento arrasando un lugar olvidado por las lágrimas, polvo en las aceras, herrumbre en las señales de tráfico. En ese lugar yo vestía cuero negro. Mi linterna se había convertido en un farol de mano, y la pistola de plástico, ahora, en una ballesta con flechas luminosas.

    Caminé por la carretera hasta encontrar un edificio en medio del vacío. Una casa muerta, enorme y deforme, no una torre que buscara el cielo. Escupía sombras por su puerta y de sus ventanas supuraba una sangre oscura, enferma.

    Me acerqué con cautela. Entrar no era mi idea, así que esperé. A ver si el mal que habitaba allí quería mostrar su rostro.

    Y lo hizo. De su interior emergió algo que una vez fue humano, mirándome con ojos infectados de penumbra.

    —Has entrado en el sueño de un insano. Pronto estarás con nosotros.

    Dijo la horrenda criatura, acercándose lentamente. Disparé cerca, a sus pies. Sabía que el daño que le hiciera a la criatura también lo recibiría el dueño de esta pesadilla. El dardo rozó su pierna y se clavó en el suelo, incendiando la oscuridad con un destello.

    La criatura sonrió, inmóvil. Le afectaba la luz tanto como a nosotros el fuego.

    —¿Crees que eso nos va a detener? —respondió, avanzando cojeante, riendo.

    Hurgué en mi bolsillo. Era el momento. Allí no estaba la campanilla que me había entregado el extraño visitante, sino un teléfono viejo. Sonó de repente, con un timbre áspero y gastado.

    Contesté la llamada, asustado por la cercanía del ser oscuro.

    —¿Quién es?
    —Veo que por fin te has enfrentado a tu primera sombra. ¿Es muy grande? ¿Está sola?
    —Es poco más alta que un hombre, pero salió de una casa viva, que destila oscuridad.
    —Esa es su guarida, la puerta por la que ha entrado. ¿Tienes algo que ilumine?
    —Sí.
    —Bien. Si no es muy grande, temerá la luz. Hazla retroceder, que vuelva a su refugio. Luego ingeníatelas para quemarla. Si la sombra te toca, estarás perdido. No dejes que ocurra.

    Reaccioné rápido. Dos disparos frente a sus pies hicieron que retrocediera. Disparé entre sus piernas, varias veces, hasta levantar un muro de luz. La criatura avanzaba a trompicones hacia atrás.

    Mi gatillo se hizo ligero. Dos flechas más ocuparon el lugar donde ella había estado, y la sombra terminó por retirarse. Ya cerca de la casa, fue arrancada del cuerpo que poseía: una espesa criatura de humo negro, atravesada por mis dardos, fue engullida por la mansión tenebrosa.

    El cuerpo quedó desplomado en el suelo. Corrí a socorrerlo. Antes, estampé mi farol en la puerta del edificio, que ardió al instante. El hombre, recobrando su forma humana, abrió los ojos con miedo. Fue entonces cuando comprendí que estaba despertando.

    Corrí hacia la puerta de mis sueños. Crucé sin aliento. Desperté sudando, en un instante.

    Murcof – Cosmos II

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  • The White Witch Inn

    The White Witch Inn

    No fue un verano cualquiera. Pero, como cualquier otro, pensaba en descansar, divertirme un poco y huir de la monotonía. Así que puse rumbo al norte, buscando el fresco sabor de una aventura.

    Para no engañar a nadie, contaré que no pretendía estar solo. Hace unos meses había conocido a alguien. Presumida, coqueta, llena de locas ideas y encerrada en un minúsculo pueblo donde todos se conocen.

    Pensé que iba a ser un poco más grande. Pues no: una calle que giraba en torno a una iglesia, un colmado y un pub inglés con grietas en la madera de sus paredes. The White Witch rezaba su letrero.

    Y ahí llevaba yo cinco horas, seis pintas y un montón de lluvia esperando. El serio camarero miraba el reloj con impaciencia. Ya eran las cinco de la tarde y todo estaba cerrado.

    Dinna ken who ye’re waitin’ fer, but they’ll no’ be comin’ the day.

    Estas fueron las amables palabras con las que el camarero me echó del pub. Sin ganas, recogí mi maleta y me dirigí calle abajo. Mi intuición me hizo tener un plan B: había reservado una habitación en un hotel rural a pocos kilómetros. Un castillo a medio reformar me haría de refugio.

    Casi habían cerrado el restaurante cuando llegué. Me conformé con las sobras, con una larga ducha, y luego me dispuse a dar un pequeño paseo por el jardín. Quería reflexionar sobre si dar por terminadas mis vacaciones o abrirme a la aventura.

    Y ahí estaba ella. Con su pelo negro ondeando al viento. Sentada en un columpio, soñando con no sé qué misterio. Yo, como no conozco la palabra “vergüenza” y el impulso es mi apellido, me acerqué sin dudarlo demasiado. Y le dije en mi pésimo inglés:

    —¿A ti también te han dado plantón esta noche?
    —Puede ser. Pero no esta noche. Tú has venido.
    —Pues si es así, me quedo y te hago compañía.

    Las palabras, como invocadas desde el cielo, vinieron solas. Entablamos una conversación que duró horas. Pronto me sorprendí contándole mis aventuras en el pueblo. Ella me habló de amores imposibles y de pasiones secretas. Yo le dije que nos había juntado el destino. Ella me dijo que estaba escrito.

    A la bruma del amanecer nos despedimos, con la promesa del nos volveremos a ver, el delirio de unos minutos más y el sello de un beso. Y desapareció en la nube blanca de la niebla matinal.

    Me metí en la cama con un sueño y desperté con una corazonada.

    Bajé a recepción, adormilado, y pregunté por ella. Por una joven de cabello negro y acento antiguo, que se llamaba Alba y que estuvo toda la noche conmigo.

    La recepcionista parecía asustada. No había registro de nadie así. Allí no estaba. Esa tarde, en la cafetería, noté que me miraban raro. Que no era bienvenido. Que querían que me fuera. Uno de los camareros se acercó y me dijo:

    —Solo los brujos son capaces de ver a los fantasmas.

    Fue una invitación a abandonar ese castillo que habían convertido en hotel… para no querer albergar a turistas.

    An Danzza – O Fortuna

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  • Claro de luna

    Claro de luna

    Hay un lugar donde el invierno es eterno.
    La primavera se esconde, esquiva, y el otoño despliega sus ramas caídas en la rutina de hojas secas.

    El camino fue largo, y la humedad calaba en mis huesos cansados. Pero ya alcanzaba el claro: allí donde los sueños se filtraban con la lluvia constante, en medio de la batalla del viento.

    Mi agotamiento exigió una tregua. Me senté en un tronco húmedo, roto, cubierto de musgo.

    Fue entonces cuando me azotó el recuerdo. Una mustia luz de luna me susurró que era cierto. Yo no quise creerlo. Dejé escapar el aliento helado de lo que se había ido, convertido en polvo… aunque estaba allí, frente a mí, sonriendo.

    El amanecer estremeció mis sentidos. Era solo un reflejo.
    Yo ya me había marchado.

    Wardruna – Helvegen

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  • Carta 12: Aullidos en la noche

    Carta 12: Aullidos en la noche

    En mi mundo de sueños hay un jardín de puertas. Las hay azules, pequeñas, de madera envejecida a la intemperie o incluso de ascensor. Aparecen según les place. Cuando quieren, se van. Algunas están cerradas con llave, otras se abren solas.

    Esta se abrió de repente y derramó oscuridad. Una profunda niebla se apoderó del lugar y dejó entrar a la criatura. Oculta entre la sombra, dejó ver sus luminosos ojos, aterradores, acompañados de un aullido feroz que descorchó un cuento: el de Caperucita Roja y su fiero y astuto depredador.

    Saltó sobre mí como una maldición blanca, con su hilera de dientes afilados en fauces abiertas. Me tiró al suelo y puso sus patas de lobo viejo sobre mi pecho. Yo preparé mi defensa, pero él fue más rápido: empezó su ataque de lametones en la cara, llorando como un cachorro y moviendo la cola contento.

    —Pero, chico… ¿Quién eres tú que me conoces? ¿Qué haces en mi sueño?

    Me agarró de la manga y me llevó adentro, a la puerta que conducía a su terreno de caza. Entonces empecé a ver todo distinto. En su camino, volutas de colores sordos me llevaban a un destino. Sonidos lejanos, paisajes azules y grises con rastros de amarillo. Me llevó a su hogar, que hacía tiempo fuera el mío, y empecé a comprender el misterio que envolvía su designio.

    Su pelaje blanco y feroz se fue volviendo gris y su tamaño, más pequeño. Su morro se achicó, feliz de saberse conocido. Se convirtió en quien era; ya me había mostrado quien quiso haber sido. Y en aquel lecho vi a aquel perro viejo que me echaba de menos.

    —¿Argos? Me has encontrado, ¿verdad, chico?

    Era un intento de mover la cola, un lamento quieto, la ilusión de juegos en parques eternos lo que me dejó frío. Pensé en despertar y volver a casa. Volver a ser niño, querer tenerlo de nuevo corriendo alrededor, pidiendo juego. Me miró con el deseo de un premio y yo le entregué mis sentimientos.

    —Buen chico, Argos.

    Me despertó el rugido de un teléfono hambriento. Descolgué aunque no quería hacerlo. Ya sabía la noticia, aunque no quisiera saberlo.

    Stars of the Lid – Requiem for Dying Mothers

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  • Ventana abierta, miradas fugaces

    Ventana abierta, miradas fugaces

    Debo ser fuerte, pues tras la derrota siempre hay un gran tropiezo.
    Ocurrió que quedé con la mente desparramada, yaciendo en el suelo de tanto pensarlo. Con el frío resentimiento de encontrarte lejos y la necesidad de verte, empañó la silueta de tus caderas, y se difuminó en el tiempo.

    Una mañana de escarcha y pereza, de manta pegada y párpados negados, apareciste en mi sueño como un fantasma del pasado. Y yo que, con la ventana abierta, mostrando limpia la casa —aroma a café, nevera llena y polvo bajo la alfombra—, quería recibir miradas indiscretas, escapar de caricias cuando tocaba y mostrar sonrisa ancha por si la percha me gustaba.

    Pero sentía tu mirada en la nuca, pidiendo la atención que no te negué nunca.

    Ahora, que coleccionaba orquídeas en traje de baño, que invitaba a té, a dulces árabes de miel de palma, a cava con azúcar de caña. Que mostraba a cuerpos extraños mis extravagancias, sintiéndome a gusto siendo tan raro y completo al saber lo que les gustaba.

    Pero desordenadas tus ideas, que mi mente hizo mías, en un rincón quedaban, fosilizadas.

    Quédate. Quédate aquí conmigo,
    pero no me pidas nada.

    Sé mi corriente de mar,
    quien se pasea por mi almohada.

    Quien sube la persiana en la mañana,
    pero no eclipses la luz de mi luna,
    pues ella me espera cada noche en la ventana.

    Crystal Castles – Not in Love

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  • Carta 11: No estás solo

    Carta 11: No estás solo

    Querido diario:

    Despertar en un sueño es algo complicado de imaginar. Un entorno abstracto que envuelve tu mente, y de pronto sabes que estás dormido. Pero es como montar en bicicleta: preparas el pedal, saltas y ya estás dentro. Construyendo un mundo en tu interior con la efímera materia que nos presta Morfeo.

    Ahora, cada vez que entro en sintonía onírica, aparezco en la cima volante donde construí mi hogar. Levanté sus muros con piedra y musgo, con madera envejecida por el viento. Y quise que significara descanso, pues yo estaría durmiendo.

    Tras mi humilde morada, y a modo de cementerio, había un bosque de puertas plantadas. Se erguían como enigmas, aparecían cuando querían. Algunas persistían, otras se desvanecían. Solo sé de ellas que son puentes: unas llevan a mis recuerdos, otras a mis anhelos y algunas a lugares extraños, fuera de mí, donde se ocultan los secretos.

    Normalmente soy yo quien las cruza, pero hoy vi una abrirse… y entró un visitante inesperado. Llevaba un bastón decorativo, un traje oscuro de etiqueta, sombrero, y caminaba lento. Parecía salido de una película muda. Se acercó a mí y me saludó con un gesto.

    Me considero educado, así que le traté con respeto:

    —Bienvenido a mi mundo. Tome asiento, ¿quiere un refrigerio?
    —Es muy bonito este sitio, una versión realista de los cuadros de Leonora Carrington.
    —Gracias, aunque todavía le doy los últimos toques. Está quedando divino. ¿Qué le trae por aquí?
    —¡Oh! Es por simple cortesía. Le vi por estos lugares y quería que supiera que no está solo.
    —¿Se refiere a que hay más que han aprendido a caminar dormidos?
    —Me refiero a que ya no solo hace eso: usted salta entre mundos, y eso no es nada fácil. Es tarde, y debo levantarme muy pronto. Solo vine a darle este presente.

    Dejó en mi mano una bolsita de terciopelo morado. Dentro encontré una campanilla plateada. Lo miré sorprendido, y él dijo:

    —Es un instrumento de aviso, úselo cuando crea que debe hacerlo.

    El hombre del cinematógrafo antiguo se disolvió en el viento. Desperté preguntándome si todo aquello había sido un sueño.

    Little Dragon – Ritual Union

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  • Criaturas de la noche

    Criaturas de la noche

    Ese fastidioso olor, deshecho de estar vivo.
    Al menos ella lo estaba: fieramente viva.

    Caminaba sola, desprendiendo su aroma a soledad, arrogancia y afán de libertad. Tanto, que tuve que asomarme a verla. Y ahí la encontré: casi desnuda en un peligroso bosque, desafiando a los espíritus eternos de los árboles más viejos.

    Quise acercarme de frente para no asustarla. Me despojé de mi capa invisible de oscuridad y le dije:

    —Bonita noche para pasear por este maravilloso lugar.

    —Joder, me has asustado.

    —Es que debe darte miedo pasear sola en un sitio como este.

    —Ahora ya no, tú me proteges, ¿no es así?

    —Tal vez, si me dices qué te trae a mis tierras.

    —¿Este bosque es tuyo?

    —El bosque es de las criaturas que viven en él. Mi casa está cerca, y sí, es mía. Solo quiero asegurarme de que yo tampoco corro peligro. Hay muy mala gente por ahí.

    —Esto te lo aseguro. Acabo de romper con mi novio. Ese sí que es mala gente.

    —Entonces, ¿vienes huyendo de él?

    Murió el sonido del viento mientras pensaba la pregunta. O quizás no pensaba. Su mirada se tornó triste, pero sus palabras se volvieron firmes:

    —No, no huyo de él. Pero no tengo a dónde ir. Mis pasos me llevaron aquí.

    —¿Te escapaste de casa?

    —Vivía con él, pero últimamente me gritaba mucho. Bebía demasiado y me hacía la vida muy difícil. Me cansé de tanto mal humor y tanta miseria.

    —Y terminaste en un bosque encantado, lleno de criaturas siniestras.

    Caminamos un rato en silencio. Llegamos al páramo más sombrío. Ella aminoró la marcha. Parecía asustada: se veía tan frágil con su minúsculo trajecito y su mirada inquieta.

    —¿Qué sabes tú de criaturas siniestras?

    —Solo sé que están.

    —¿Y te gustan?

    —¿Las criaturas del bosque? Vivo en plena naturaleza, claro que sí.

    Ella sonrió, con inocente picardía, como la joven que espera un beso en el portal de su casa. Y eso hice, sin dudarlo: mordí sus fríos labios con pasión, y ella me empujó. Muy suave, como sin querer evitarlo. Su sonrisa no desaparecía: estaba ahí, acompañándome.

    —¿Te gustaría ser una de ellas?

    —¿Qué?

    —Criatura de la noche.

    Me lo dijo y me abrazó. Yo estaba confundido, no sabía qué pretendía. Pero me sentía cómodo en sus brazos. A pesar del dolor, que se iba acentuando en mi cuello, que desprendía parte de mí en cada succión, y que me imposibilitaba pensar.

    Mi abrazo fue fundido a negro.

    Ese fuerte olor, deshecho de estar muerto. Al menos yo lo estaba: quieto, inmóvil, sin pulso. Hasta que abrí los ojos al pasar la luna y volví a estar despierto. Pero ahora era distinto. Era eterno.

    Kiss – Creatures of the Nigth

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  • Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas.

    Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas.

    Hola amigos, bienvenidos a mi canal de Facebook Watch “Aprendiendo modernidades para Seniors Maduros,Obesos y Obtusos.”  Que maravilla de juventud, lo que evolucionan con la tecnología y lo raros que se están volviendo. Y es que en nuestra época de jóvenes alocados las tendencias eran más claras, más puras y sobre todo, más duraderas. 

    Esto le ocurrió a mi amigo Fernan Palm Death con su hija primogénita que ya empieza a experimentar con su identidad. 

     – Coño, Ana, ¿qué haces con la ropa de mi abuela puesta?

     – ¡Hay! Pá, eres un rancio. No te enteras de nada.

     – No, no me entero de nada, pero tu hueles a naftalina cosa mala. ¿A qué se debe este look?

     – nada broh, que ahora soy una Dark Academy.

     – Mira, no me llames broh, que soy tu padre. ¿Dark academy? ¿Y eso qué es?

     – Mira que eres carcamal, broh, que diga, pá. Es un estilo de vida, una forma de enfrentarse al efímero y decadente camino del vivir. 

     – O sea, que te has metido en una secta. 

     – Que no, pá. Es más bien un movimiento cultural, una forma de distinguirnos de las demás ovejas del corral, nosotros somos “la negra”.

     – ¿Es una tribu urbana?

     – Algo así.

     – ¿Haciendo alusión a la oveja negra?

     – Claro, nosotros no vamos por el mismo camino que los demás. Transcurrimos nuestra existencia entre mares de letras, en sinfonía con una naturaleza marchita que nos alumbra con su esencia maldita.

     – Esperate, estas hablando como una gótica.

     – Bueno, algo tiene que ver con el movimiento que me citas, broh. Digo, pá. 

     – Hombre, que alegría. Yo conozco algo este tema, porque aunque tu no lo creas, yo era heavy de joven.

     – Si, ya lo sé, si hace tres semanas que mamá te tiró la última camiseta de Iron Maiden, esa que ya no se le veía la cara al monstruito por el agujero tan grande que tenía.

     – Pues era un recuerdo.

     – Era un recuerdo que te ponías todos los días, pá.

     – en fin, que si tú eres gótica y las góticas no son otra cosa que heavys vestidas de encaje, estamos en la misma división.

     – Pá, no tienen nada que ver. 

     – Pero no escucháis música Gótica, ¿no?, Lacuna Coil y esas cosas, ¿no?

     – Lacuque? Yo sueño escuchar a Batch. Verás, te voy a poner una película de ejemplo para que entiendas el concepto de lo que nos gusta.

     – Espera, espera, ¿estás buscando una pelicula en Disney?

     – Si, claro, vamos a ver Frankiewinnie.

     – En fin, ahora Disney quiere crear tribus urbanas…

    Como ya decíamos antes, queridos seguidores del canal, tenemos mucho que aprender de nuestros hijos y sus tendencias. En la próxima entrada hablaremos sobre el movimiento Goblincore y su emergente interés de la juventud por esta tendencia.

    ¡¡¡Hasta la próxima!!!  

    J.S. Batch – Toccata y Fuga en Mi Menor

    📝 Glosario de Tribu y Estilo

    Dark Academia
    Movimiento estético y cultural centrado en la literatura, la melancolía, la estética clásica y los ambientes académicos oscuros. Inspiración en bibliotecas, otoño, cafés y símbolos intelectuales.

    Goblincore
    Estilo que celebra lo caótico, lo natural y lo “feo”: hojas secas, hongos, charcos y objetos recolectados del bosque. Espíritu DIY, mágico y a veces femenino o queer.

    Heavy / Metalero
    Tribu clásica de música metal: cuero, melenas largas, riffs potentes y actitud rebelde. Su influencia persiste en estética gótica y Dark Academia.

    Disney / Frankenweenie
    Película de Tim Burton sobre un niño y su perro revivido. Ejemplo visual de lo oscuro, poético y excéntrico que atrae a los Dark Academia.

    Bach
    Johann Sebastian Bach, compositor barroco. Su música clásica y estructurada es apreciada por los Dark Academia como contrapunto al mundo moderno.

    Broh / Pá
    Argot juvenil usado en España: “broh” ≈ amigo, “pá” ≈ padre o forma coloquial de dirigirse a alguien cercano.

    Oveja negra
    Persona que se diferencia del grupo dominante, rechaza las normas y sigue su propio camino. Icono de identidad dentro de estas tribus.

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  • Haiku de mi destierro

    Haiku de mi destierro

    Lluvia indecisa,

    rompete en hojas,

    suspirando herido.

    Me quedé sentado, viendo amanecer tu mediodía.Aquel verano se quebró en un octubre frío, de gotas dispersas y lamentos sombríos.Recordé el perfume a jazmín de tu ausencia,el conjuro de tus labios, invocados en visiones arcanas con orejas de gato.Apareció el viajero, y quise creerlo real.Ahora vuelo —de la Alhambra al destello del Bōjō Kannon—sin conocer todavía el nombre del miedo.Daisuki da yo.

    Poison Girl Friend – Hardy Ver Smile With You

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  • Zona de Confusión

    Zona de Confusión

    En las barricadas, un militar con un walkie gritaba sin cesar. Estaba tumbado en el suelo, recostado sobre los sacos, aunque no tenía aspecto de herido. Un poco más alante, el mundo era un caos: humo negro que se enroscaba en espirales, disparos de ametralladora que resonaban como tambores, sirenas azules que cortaban la oscuridad y el chirrido de frenos que se mezclaba con gritos lejanos. Chispas de luz intermitente iluminaban rostros sudorosos y armas temblorosas mientras el reportero llegaba desde la zona segura, agachándose con cautela, cámara en mano, observando cada movimiento.

    —Seguimos en directo desde la zona segura frente al Congreso. Aquí lo hemos encontrado: es el comandante de la UME, ¿o me equivoco? ¿Es usted quien comanda la defensa?

    —Pero… ¿quién es usted? ¿Cómo cruzó el perímetro de seguridad? Está en grave peligro.

    —Sí, lo sé, tengo experiencia en conflictos bélicos. ¿A quién nos enfrentamos exactamente? ¿Terroristas islámicos?

    —Mire usted, tras este muro de defensa reina el caos. Las explosiones y el humo nos ciegan; no podemos abatirlos. Esto es un desastre absoluto. Cada minuto que pasa, más civiles quedan atrapados. ¿Y usted quiere entrar en la zona?

    —Señor, los ciudadanos tienen derecho a saber lo que ocurre; llevan dos días con la zona acordonada. ¿Qué está pasando?

    —Tienen bloqueada la entrada de la Moncloa. No puede entrar nadie.

    —Pero, ¿están secuestrados?

    —No lo sabemos. Lo único que sabemos con certeza es que nadie puede entrar ni salir.

    —Pero dentro está el presidente del gobierno y…

    —Y el de la oposición; están la mayoría de los diputados, muchos civiles, compañeros suyos…

    —Pero, ¿qué quieren? ¿Qué piden?

    —No tenemos idea, ni siquiera podemos comunicarnos con ellos.

    —¿Han intentado comunicarse con ellos? ¿Qué barrera hay? ¿Idiomas? Si les sirve de ayuda, conozco varios idiomas, incluyendo francés y árabe.

    —¿Sabe hablar con las cucarachas?

    —¿Qué?

    —Que sí sabe comunicarse con las cucarachas que bloquean el paso.

    —¿Qué tipo de jerga es esta? ¿A qué se refiere?

    —Me refiero a que quien está bloqueando el paso al Congreso son estos insectos.

    —¿A esos bichos que se pisan y ya está? ¿Han probado a fumigarlos?

    —Lo hemos intentado todo. Matamos a miles, a millones, pero siguen apareciendo. Emergen de alcantarillas y cañerías como un ejército interminable. Cada vez que disparas, otro surge, coordinados, impasibles. Es un horror.

    —Pero, ¿son lo suficientemente fuertes como para atacar?—No lo sé, pero alguien tuvo la brillante idea de darles AK-42 viejas, y ahora disparan a quien se aproxima. Sus ojos brillan como carbones encendidos, y cada movimiento parece calculado, como si supieran exactamente a quién apuntar.

    Skeng – The Bug

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