Etiqueta: Microrrelatos

  • La teoría del pollo urbano

    La teoría del pollo urbano

    —¡Pollos!

    La carretera estaba dormida. El frescor de la mañana hacía que, por esa zona de la ciudad, nadie transitara. El apagado de las farolas anunció la llegada del sol. En una esquina, un señor mayor, con aires de sofoco, gritaba a los cuatro vientos.

    —¡Malditos pollos!

    Un vecino de la zona, alertado por el estruendo, salió de su casa a ver qué ocurría.

    —¿Le ocurre algo, señor?

    —Sí, sí que me pasa. ¿Quiere saber qué es lo que me ocurre?

    —Claro, hombre. ¿Necesita ayuda?

    —Que hay pollos. Eso es lo que me pasa.

    —Pues yo no veo…

    —Pollos en todos lados. Grandes, pequeños. Con plumas. Es una invasión.

    —Oiga, que esto es una ciudad. Aquí no hay…

    —Que sí, ahí mismo tiene uno.

    —Pues yo no lo veo.

    —Hace un segundo estaba allí. Es igual, están. En todos sitios. Vigilando. Mirando fijo con sus ojitos negros. Picoteando el suelo para disimular.

    —…Si usted lo dice…

    —Yo creo que los pone el gobierno. Para mantenernos vigilados. Unos animalitos con ese aspecto tan inofensivo.

    —Claro. Como Calimero.

    —No sé si es que los adiestran o les introducen un chip en el cerebro. Debe de ser eso. Por eso aparecen siempre. ¡Mire, mire! ¿Los ha visto?

    El hombre saltaba y señalaba al mismo tiempo, mientras el vecino se encogía de hombros.

    De pronto, un resplandor azul rompió el silencio de la calle. Dos Citroën C5 de la policía pararon atravesando la calzada, como si la escena lo exigiera, dejando huellas negras como prueba del delito. Entre tres agentes agarraron al señor y lo introdujeron en uno de los coches.

    —¡Pollos! —iba gritando—. ¡Pollos!

    El vecino se acercó, curioso, al policía que permanecía allí recogiendo datos.

    —Oiga —le dijo—, ¿qué le pasaba a ese señor? No parecía peligroso.

    —Ese hombre ha atacado hace unas horas una granja avícola —respondió el inspector sin dejar de tomar notas—. Parece ser que salió de una institución psiquiátrica hace nada.

    —Pues loco sí que parecía. Ver pollos donde no hay más que patos.

    Hizo una pausa.

    —¿Los ha visto? Mire. Por ahí anda uno.

    Sleaford Mods – Tied Up In Nottz

    Nunca sabremos si aquel hombre estaba equivocado.
    Pero desde entonces, nadie los volvió a mirar de la misma manera.

    Anuncios
  • La esfinge del Fary y el gurú felino

    La esfinge del Fary y el gurú felino

    “¿Me sonríe?”
    “¿Es a mí?”

    Ante la duda, forzó media sonrisa sin gracia. Víctima de su baja autoestima, Javier no supo hacerlo mejor. Ya sabía que era imposible que esa sonrisa fuera para él. Y así fue. Llegó un caballero andante a rescatar a la dama de la furiosa mirada lasciva del dragón.

    —Sigue así y mueres virgen.

    ¿De dónde venía esa voz? En el banco del parque donde pasaba sus penas no había nadie.

    —Estoy aquí, imbécil.

    De entre los setos salió un enorme gato, pardo como la noche que empezaba. Lo miraba fijamente, como esperando una explicación. Javier, asustado, estaba paralizado.

    —No te he comido la lengua. Háblame de una vez.

    —¡Eres un gato!

    —¡No! Soy un búfalo salvaje y vengo a rescatar el guerrero que hay en ti.

    —Pero hablas.

    —Sí. Tus plegarias han sido escuchadas. Voy a ayudarte.

    —¿A qué?

    —Coño, a ligar. Te veo todas las tardes mirando a las chicas pasar. Todas se asustan de ti, claro. Te ven friki y rarito. Y yo voy a cambiar eso.

    —¿Cómo vas a cambiar eso? Si no se fijan en mí es porque soy feo.

    —Ser feo es una parte del problema. Nada que no se pueda disimular un poco. Pero hay otras cosas más atractivas que la cara de uno.

    —Vale, te escucho.

    —Debo entrenarte. Mis honorarios son estos: libre disposición de entrada y salida a tu casa y comida a demanda.

    —¿Croquetas de esas de bolsa?

    —¿Me ves con cara de animal de granja? ¿Crees que este cuerpo felino lo alimenta el pienso? Quiero pescado fresco: salmón, atún, sardinas…

    —Me vas a salir caro.

    —Y tú seras un conquistador imparable. Estás a un mes de tu primera conquista. ¿Hay trato?

    —Sí, hay trato.

    —Pues vamos, no hay tiempo que perder. Desde hoy serás una persona nueva.

    —Sí, alguien que necesitará atención psiquiátrica por hablar con los gatos.

    —Calla y llévame a la pescadería, machote.

    La La Love You – El Fin del Mundo

    Anuncios