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  • Criaturas de la noche

    Criaturas de la noche

    Ese fastidioso olor, deshecho de estar vivo.
    Al menos ella lo estaba: fieramente viva.

    Caminaba sola, desprendiendo su aroma a soledad, arrogancia y afán de libertad. Tanto, que tuve que asomarme a verla. Y ahí la encontré: casi desnuda en un peligroso bosque, desafiando a los espíritus eternos de los árboles más viejos.

    Quise acercarme de frente para no asustarla. Me despojé de mi capa invisible de oscuridad y le dije:

    —Bonita noche para pasear por este maravilloso lugar.

    —Joder, me has asustado.

    —Es que debe darte miedo pasear sola en un sitio como este.

    —Ahora ya no, tú me proteges, ¿no es así?

    —Tal vez, si me dices qué te trae a mis tierras.

    —¿Este bosque es tuyo?

    —El bosque es de las criaturas que viven en él. Mi casa está cerca, y sí, es mía. Solo quiero asegurarme de que yo tampoco corro peligro. Hay muy mala gente por ahí.

    —Esto te lo aseguro. Acabo de romper con mi novio. Ese sí que es mala gente.

    —Entonces, ¿vienes huyendo de él?

    Murió el sonido del viento mientras pensaba la pregunta. O quizás no pensaba. Su mirada se tornó triste, pero sus palabras se volvieron firmes:

    —No, no huyo de él. Pero no tengo a dónde ir. Mis pasos me llevaron aquí.

    —¿Te escapaste de casa?

    —Vivía con él, pero últimamente me gritaba mucho. Bebía demasiado y me hacía la vida muy difícil. Me cansé de tanto mal humor y tanta miseria.

    —Y terminaste en un bosque encantado, lleno de criaturas siniestras.

    Caminamos un rato en silencio. Llegamos al páramo más sombrío. Ella aminoró la marcha. Parecía asustada: se veía tan frágil con su minúsculo trajecito y su mirada inquieta.

    —¿Qué sabes tú de criaturas siniestras?

    —Solo sé que están.

    —¿Y te gustan?

    —¿Las criaturas del bosque? Vivo en plena naturaleza, claro que sí.

    Ella sonrió, con inocente picardía, como la joven que espera un beso en el portal de su casa. Y eso hice, sin dudarlo: mordí sus fríos labios con pasión, y ella me empujó. Muy suave, como sin querer evitarlo. Su sonrisa no desaparecía: estaba ahí, acompañándome.

    —¿Te gustaría ser una de ellas?

    —¿Qué?

    —Criatura de la noche.

    Me lo dijo y me abrazó. Yo estaba confundido, no sabía qué pretendía. Pero me sentía cómodo en sus brazos. A pesar del dolor, que se iba acentuando en mi cuello, que desprendía parte de mí en cada succión, y que me imposibilitaba pensar.

    Mi abrazo fue fundido a negro.

    Ese fuerte olor, deshecho de estar muerto. Al menos yo lo estaba: quieto, inmóvil, sin pulso. Hasta que abrí los ojos al pasar la luna y volví a estar despierto. Pero ahora era distinto. Era eterno.

    Kiss – Creatures of the Nigth

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  • Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas.

    Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas.

    Hola amigos, bienvenidos a mi canal de Facebook Watch “Aprendiendo modernidades para Seniors Maduros,Obesos y Obtusos.”  Que maravilla de juventud, lo que evolucionan con la tecnología y lo raros que se están volviendo. Y es que en nuestra época de jóvenes alocados las tendencias eran más claras, más puras y sobre todo, más duraderas. 

    Esto le ocurrió a mi amigo Fernan Palm Death con su hija primogénita que ya empieza a experimentar con su identidad. 

     – Coño, Ana, ¿qué haces con la ropa de mi abuela puesta?

     – ¡Hay! Pá, eres un rancio. No te enteras de nada.

     – No, no me entero de nada, pero tu hueles a naftalina cosa mala. ¿A qué se debe este look?

     – nada broh, que ahora soy una Dark Academy.

     – Mira, no me llames broh, que soy tu padre. ¿Dark academy? ¿Y eso qué es?

     – Mira que eres carcamal, broh, que diga, pá. Es un estilo de vida, una forma de enfrentarse al efímero y decadente camino del vivir. 

     – O sea, que te has metido en una secta. 

     – Que no, pá. Es más bien un movimiento cultural, una forma de distinguirnos de las demás ovejas del corral, nosotros somos “la negra”.

     – ¿Es una tribu urbana?

     – Algo así.

     – ¿Haciendo alusión a la oveja negra?

     – Claro, nosotros no vamos por el mismo camino que los demás. Transcurrimos nuestra existencia entre mares de letras, en sinfonía con una naturaleza marchita que nos alumbra con su esencia maldita.

     – Esperate, estas hablando como una gótica.

     – Bueno, algo tiene que ver con el movimiento que me citas, broh. Digo, pá. 

     – Hombre, que alegría. Yo conozco algo este tema, porque aunque tu no lo creas, yo era heavy de joven.

     – Si, ya lo sé, si hace tres semanas que mamá te tiró la última camiseta de Iron Maiden, esa que ya no se le veía la cara al monstruito por el agujero tan grande que tenía.

     – Pues era un recuerdo.

     – Era un recuerdo que te ponías todos los días, pá.

     – en fin, que si tú eres gótica y las góticas no son otra cosa que heavys vestidas de encaje, estamos en la misma división.

     – Pá, no tienen nada que ver. 

     – Pero no escucháis música Gótica, ¿no?, Lacuna Coil y esas cosas, ¿no?

     – Lacuque? Yo sueño escuchar a Batch. Verás, te voy a poner una película de ejemplo para que entiendas el concepto de lo que nos gusta.

     – Espera, espera, ¿estás buscando una pelicula en Disney?

     – Si, claro, vamos a ver Frankiewinnie.

     – En fin, ahora Disney quiere crear tribus urbanas…

    Como ya decíamos antes, queridos seguidores del canal, tenemos mucho que aprender de nuestros hijos y sus tendencias. En la próxima entrada hablaremos sobre el movimiento Goblincore y su emergente interés de la juventud por esta tendencia.

    ¡¡¡Hasta la próxima!!!  

    J.S. Batch – Toccata y Fuga en Mi Menor

    📝 Glosario de Tribu y Estilo

    Dark Academia
    Movimiento estético y cultural centrado en la literatura, la melancolía, la estética clásica y los ambientes académicos oscuros. Inspiración en bibliotecas, otoño, cafés y símbolos intelectuales.

    Goblincore
    Estilo que celebra lo caótico, lo natural y lo “feo”: hojas secas, hongos, charcos y objetos recolectados del bosque. Espíritu DIY, mágico y a veces femenino o queer.

    Heavy / Metalero
    Tribu clásica de música metal: cuero, melenas largas, riffs potentes y actitud rebelde. Su influencia persiste en estética gótica y Dark Academia.

    Disney / Frankenweenie
    Película de Tim Burton sobre un niño y su perro revivido. Ejemplo visual de lo oscuro, poético y excéntrico que atrae a los Dark Academia.

    Bach
    Johann Sebastian Bach, compositor barroco. Su música clásica y estructurada es apreciada por los Dark Academia como contrapunto al mundo moderno.

    Broh / Pá
    Argot juvenil usado en España: “broh” ≈ amigo, “pá” ≈ padre o forma coloquial de dirigirse a alguien cercano.

    Oveja negra
    Persona que se diferencia del grupo dominante, rechaza las normas y sigue su propio camino. Icono de identidad dentro de estas tribus.

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  • Zona de Confusión

    Zona de Confusión

    En las barricadas, un militar con un walkie gritaba sin cesar. Estaba tumbado en el suelo, recostado sobre los sacos, aunque no tenía aspecto de herido. Un poco más alante, el mundo era un caos: humo negro que se enroscaba en espirales, disparos de ametralladora que resonaban como tambores, sirenas azules que cortaban la oscuridad y el chirrido de frenos que se mezclaba con gritos lejanos. Chispas de luz intermitente iluminaban rostros sudorosos y armas temblorosas mientras el reportero llegaba desde la zona segura, agachándose con cautela, cámara en mano, observando cada movimiento.

    —Seguimos en directo desde la zona segura frente al Congreso. Aquí lo hemos encontrado: es el comandante de la UME, ¿o me equivoco? ¿Es usted quien comanda la defensa?

    —Pero… ¿quién es usted? ¿Cómo cruzó el perímetro de seguridad? Está en grave peligro.

    —Sí, lo sé, tengo experiencia en conflictos bélicos. ¿A quién nos enfrentamos exactamente? ¿Terroristas islámicos?

    —Mire usted, tras este muro de defensa reina el caos. Las explosiones y el humo nos ciegan; no podemos abatirlos. Esto es un desastre absoluto. Cada minuto que pasa, más civiles quedan atrapados. ¿Y usted quiere entrar en la zona?

    —Señor, los ciudadanos tienen derecho a saber lo que ocurre; llevan dos días con la zona acordonada. ¿Qué está pasando?

    —Tienen bloqueada la entrada de la Moncloa. No puede entrar nadie.

    —Pero, ¿están secuestrados?

    —No lo sabemos. Lo único que sabemos con certeza es que nadie puede entrar ni salir.

    —Pero dentro está el presidente del gobierno y…

    —Y el de la oposición; están la mayoría de los diputados, muchos civiles, compañeros suyos…

    —Pero, ¿qué quieren? ¿Qué piden?

    —No tenemos idea, ni siquiera podemos comunicarnos con ellos.

    —¿Han intentado comunicarse con ellos? ¿Qué barrera hay? ¿Idiomas? Si les sirve de ayuda, conozco varios idiomas, incluyendo francés y árabe.

    —¿Sabe hablar con las cucarachas?

    —¿Qué?

    —Que sí sabe comunicarse con las cucarachas que bloquean el paso.

    —¿Qué tipo de jerga es esta? ¿A qué se refiere?

    —Me refiero a que quien está bloqueando el paso al Congreso son estos insectos.

    —¿A esos bichos que se pisan y ya está? ¿Han probado a fumigarlos?

    —Lo hemos intentado todo. Matamos a miles, a millones, pero siguen apareciendo. Emergen de alcantarillas y cañerías como un ejército interminable. Cada vez que disparas, otro surge, coordinados, impasibles. Es un horror.

    —Pero, ¿son lo suficientemente fuertes como para atacar?—No lo sé, pero alguien tuvo la brillante idea de darles AK-42 viejas, y ahora disparan a quien se aproxima. Sus ojos brillan como carbones encendidos, y cada movimiento parece calculado, como si supieran exactamente a quién apuntar.

    Skeng – The Bug

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  • El aura de tu sombra

    El aura de tu sombra

    Se estremecía en el frío de la ventana,
    incordiando a la lluvia,
    predicando a la luna llena
    que sin mí no era nada.

    Se estremecía en el ocaso,
    en el brillo de las estrellas,
    en la lejana sombra,
    de aquel cirio de llama apagada.

    Gritando auxilio
    donde ya nadie le escuchaba.

    Release the Bats – The Birthday Party

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  • Ranas rojas en la ciénaga

    Ranas rojas en la ciénaga

    —Tienes que ir, Anuk.

    —Claro, Zarnilla… pero ¿de dónde sacamos el jodido dinero?

    —Yo tengo esto.

    El suspiro de Anuk se perdió en la penumbra. No había otro remedio.
    —A ver qué comemos estos días… —murmuró, con un filo de resignación.

    Sacó del frasco dos luciérnagas, quizá tres. Sus diminutas luces palpitaban como corazones de cristal. Las metió en un bote, lo agitó suavemente; el resplandor se dispersó en destellos verdes. Enganchó el bote a un pañuelo y se lo colgó al cuello.

    Saltó por la ventana. El aire frío le lamió el rostro. La rama crujió bajo sus pies mientras avanzaba hasta el extremo. Un silbido breve, afilado como aguja en la noche.

    —Vamos, Ramper… no tardes.

    Se quedó inmóvil, orejas de punta, atento al murmullo líquido del bosque. Una ráfaga de aire tibio y un aleteo profundo rasgaron la oscuridad. La sonrisa le llegó sola.

    Saltó. Giró en el aire. Aterrizó sobre el lomo aterciopelado de su murciélago fiel. Ramper describió un círculo sobre la casa-árbol antes de lanzarse hacia el norte.

    El río les guiaba, derramando su luz plateada sobre los rápidos. Un descenso en picado, el rugido del agua creciendo. Anuk bajó, apoyó las manos sobre una roca fría y húmeda, raspó el musgo con cuidado y lo guardó en una bolsa de tela áspera.

    —Vamos, Ramper.

    Subieron. Desde las alturas, el mar de copas de árboles se extendía como un océano verde. Anuk se inclinó, se colgó por el cuello del murciélago y cortó ramas de los gigantes más viejos. El aroma de la savia fresca se mezclaba con el de la noche húmeda. Cuando tuvo suficientes, volvió al lomo de su compañero y tiró de las riendas.

    —Por aquí, compañero.

    La montaña se alzó como una bestia dormida. Entraron en una cueva pequeña; la humedad rezumaba de las paredes. Ramper se colgó del techo y Anuk recogió hongos fluorescentes, cuyo resplandor azul bañaba las piedras en una penumbra mágica.

    —Venga… nos queda la última parada.

    El olor les llegó primero. Ácido. Podrido. Un aliento espeso que parecía colarse bajo la piel. Sobrevolaron la ciénaga, rastreando la superficie turbia. Los gases luminiscentes emergían del barro en burbujas fantasmales.

    Anuk lo vio y saltó.

    El ciempiés era un monstruo articulado, con un brillo aceitoso en cada placa. Lo abrazó por el centro, luchando por inmovilizarlo, y le ató un pañuelo grueso a las fauces para que no escupiera veneno. El bicho se sacudió con una violencia que le arrancó del suelo. Anuk golpeó contra la tierra y todo se volvió negro.

    Un tirón brusco lo arrancó de las fauces abiertas. Ramper, en un aleteo feroz, lo alzó hacia el cielo.

    —Al bosque, Ramper… ya lo tenemos todo.

    Volaron como una sombra líquida, sin ruido, hasta entrar por la ventana abierta de una casa hecha con madera muerta. En el centro, sobre una mesa arañada, una vieja de nariz afilada removía un caldero. El vapor olía a hierro, tierra y hierbas quemadas.

    —Te estaba esperando, trasgo… has tardado. ¿La de siempre?

    —Sí, bruja. La de siempre.

    —¿Traes los ingredientes?

    —Sí.

    Ella revisó uno por uno:
    —Musgo de río… muérdago… setas luminosas… ¿y el veneno?

    —En el pañuelo.

    —Me vale. ¿Traes el dinero?

    Anuk le tendió un saquito con minerales brillantes. Ella sonrió apenas, una grieta en su rostro, e hizo desaparecer el pago entre sus dedos nudosos.

    —No es suficiente. Necesito algo más. Un murciélago como ese, tal vez.

    —¡Ese era el precio acordado, bruja! Mi murciélago no se negocia.

    —Está bien… tráeme más setas otro día. Ya sabes cómo aplicarlo.

    Sacó de una estantería un frasco pequeño con humo azul oscuro que giraba dentro como un animal atrapado. Se lo entregó. Anuk lo ató a su espalda con cuerda de lana y, en un salto, montó a Ramper.

    Regresaron al árbol-hogar. La ventana estaba abierta. Zarnilla esperaba con las orejas tensas.

    —Rápido, rápido… está muy mal. Muy mal.

    Anuk subió las escaleras de dos en dos. En el nido, la lechuza estaba desplomada: alas abiertas, pico entreabierto, ojos vidriosos. Abrió el frasco y lo acercó al pico. La niebla azul entró en sus pulmones.

    De pronto, la lechuza abrió los ojos, soltó una arcada y vomitó. En el suelo cayó una rana roja, todavía entera, húmeda, muerta. La lechuza aleteó y comenzó a ulular, vibrando de energía.

    —¿Cuándo va a aprender que no puede seguir comiendo esas jodidas ranas rojas de la ciénaga? —gruñó Anuk.

    —A veces es el hambre quien manda… —respondió Zarnilla, bajando las orejas.

    Flogging Molly – Drunken Lullabies

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  • Carta 10: El objeto transformado

    Carta 10: El objeto transformado

    Querido diario.

    Salí de la cama en pijama y con un gorro de dormir, al estilo de los dibujos animados antiguos: un poco ridículo, un tanto inútil. Salí por la ventana sin pensarlo y comencé a subir por peldaños de nubes grises, que crujían truenos al pisar. Por supuesto, ya sabía que estaba soñando.

    En mis experimentos en el reino de Oniros había ido creando terreno para refugiarme, por si llueve mucho en sueños húmedos. Construí una isla flotante en un mar de nubes, y levanté una posada por si algún día vienen amigos. Tras ella hay una explanada verde, de hierba cortada y flores silvestres con aroma a lavanda.

    Al dirigirme hacia allí, vi aparecer una puerta de madera oscura y remaches dorados. El resplandor me sorprendió al entrar: una fuerte iluminación blanca, paredes acolchadas manchadas de rojo carmín y una puerta metálica con ventanilla enrejada. En la esquina estaba ella, con triste mirada y camisa de fuerza. Me dijo:

    —Vete, van a venir a verme.
    —¿Quién? ¿Quién te va a visitar?
    —El doctor. Me tienen que dar el alta. Yo… yo estoy bien.

    La puerta se abrió de golpe, con un sonido apagado. Entró un señor con bata blanca y un artilugio raro sobre una mesita con ruedas.

    —Señorita, tenemos que hacerle pruebas, no ponga resistencia para que no le duela.

    El facultativo empuñó el extraño instrumento: estaba hecho de cuchillas de afeitar que giraban a derecha e izquierda, formando una terrorífica batidora. Sonrió complacido ante la expresión de terror de la joven. Se aproximó a ella, riendo bajo. De la mesita con ruedas tomé un bisturí y, sin pensarlo mucho, se lo clavé en la espalda al médico insano.

    Sin dejar de lado su hilarante aspecto, giró la cabeza pero no el cuerpo. Me miró a los ojos y me dijo:

    —¿Crees que eso puede detenerme, extraño?
    —No, yo no puedo… pero ella sí.

    Rápidamente me dirigí a ella, me agaché para mirarla a los ojos y ayudarla a levantarse, mientras le decía:

    —No temas, es solo una pesadilla. Tú tienes poder sobre tus sueños. No dejes que tus miedos te hagan sufrir.
    —Pero es mi doctor, me dice que estoy loca.
    —Pero tú no lo crees.
    —Pero yo no lo creo.

    El temible médico empezó a volverse transparente, pero siguió avanzando con su mirada siniestra y su arma cercenadora.

    —En ti está el poder, en él no. Quítaselo todo.

    Ya estaba encima, pero no era más que una sombra.

    —Hazlo desaparecer, no tengas miedo; no hay nada cierto si tú no quieres que lo sea.

    El doctor se hizo humo y se disolvió en el ambiente. El arma cortante cayó justo a mis pies: se había transformado en una inofensiva pistola de plástico, de aspecto futurista, como las que usaban los niños en el pasado. Disparé a la pared y abrí una brecha con el rayo que lanzaba.

    Por el corte entró arena de playa y aroma a Mediterráneo. La cogí de la mano —ya se había liberado de la camisa de fuerza— y la saqué de la habitación sombría.

    Pasamos un buen rato hablando y riendo, sentados en la playa, muy cerca de la orilla. Le conté mis aventuras entre mundos oníricos; ella sonreía complacida, sorprendida de estar en mi mundo. Pero ya era tarde y había que despertar. Así que antes de despedirme, le pedí algo:

    —Esto estaba en tu sueño —le enseñé el arma de juguete—, pero creo que me podría ser útil. ¿Me la puedo llevar?
    —Tómalo como un recuerdo de esta tarde de playa en mi sueño.

    Así lo hice y regresé al mío, apresurando mis pasos. Al llegar me di cuenta de que ya no era una pistola de plástico: ahora era una ballesta de madera de tejo, oscurecida por las sombras de las pesadillas. El gatillo y los remaches eran de plata, color de luna llena reflejada en el lago. Y tenía una sola flecha, eterna, que me defendería en mis peripecias.

    Ozzy Osbourne – Diary of a madman

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  • El despertar de la sed

    Era muy joven cuando ocurrió. Por mera casualidad cayó en mis manos un libro. Era de bolsillo, de tapa blanda, y una horrible portada que no hacía justicia a su contenido. Aun así, decidí leerlo.

    3 de mayo. Salí de Múnich a las 8:35 de la noche, llegando a Viena a la mañana siguiente a las 6:46. Debía tomar el tren de las 8:00 para Klausenburg.

    Así empezó. Y así comenzó mi pubertad: de la mano de Mina y de la maldición de su amante. Recreando pasiones, oscuros misterios, despertando en mí sensaciones que me costaban describir.

    Fue el primer vampiro. El primer pecado siniestro que, sediento de sangre, me acompañaba en sueños. En pesadillas. Pero no fue el único.

    Fui al infierno que se desató en Salem’s Lot, prohibiéndome dormir días después. Conocí una nueva generación de vampiros ancestrales en una peculiar entrevista, donde la carne mandaba a la sangre, y la sabiduría centenaria se disolvía en despertares eléctricos.

    Pasé noches de insomnio en la carretera, en un romance imposible donde un campesino se enamora de su inmortal. Donde el mal es solo supervivencia. Donde no existe más que el hambre, y la vida ya no es vida.

    Hoy pulsé el botón del play, ojeé nuevas entelequias escritas en el declive de la luna. Para jóvenes de hoy, con el dedo firme en la pantalla. Domaron la rabia, encadenaron a la bestia, la vistieron de Prada y la pusieron a la venta. Un triste cuerpo muerto en un escaparate rojo, de frenesí de plástico y sangre vegana.

    Pero seguirá existiendo el misterio en la penumbra. La necesidad morbosa de besar a quien acecha. Historias que volverán a la hoguera de una noche de acampada. Porque aunque queramos proteger a la presa, ella quiere ser cazada.

    Porque en la naturaleza, el bien y el mal no significan nada.
    Ya volverá a salir el lobo. Y morderá de nuevo, aunque a algunos les duela.

    Bauhaus – Bela Lugosi´s Dead

    🎧 PLAYLIST: El despertar de la sed

    Una banda sonora para los que amaron a su primer vampiro,
    para los que no durmieron tras la mordida,
    para los que aún desean con colmillos.

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  • Uno de nosotros

    Uno de nosotros

    El asiento estaba helado. El frío le recorrió la columna vertebral. El olor a desinfectante y el miedo no ayudaban mucho. No debía haber aceptado, pero necesitaba el dinero. Su familia lo necesitaba. Se lo debía.
    Así que no había más remedio: tenía que seguir con el experimento.

    Hubo una preparación previa. Le habían asistido psicológicamente. Le aseguraron que era un procedimiento indoloro e inofensivo, pero ella sabía que no era así. Estaba segura del riesgo y temía al dolor.
    Ya le habían colocado sensores, algunos en la piel, otros inyectados. Le cubrieron la cabeza con lo que parecía un gorro de piscina, solo que lleno de cables de colores colgando.

    —¿Está preparada? —dijo el que parecía llevar el timón.
    —Sí —mintió.
    —Tranquila, va a salir todo bien.

    Ya no había vuelta atrás. Encomendó su alma a un dios desconocido, apretó los dientes y se detuvo a escuchar el sonido de las máquinas.
    Todo comenzó a girar a su alrededor. Había luces en movimiento que se convirtieron en un torbellino de colores. Penetraban en su mente como un instrumento quirúrgico… hasta que terminó, en seco.
    El silencio era absoluto. El terror que sentía también lo era.

    Entonces llegó ese olor extraño: aroma a canela y madera mojada, a algo que no recordaba haber percibido nunca. El olfato le anunciaba presencias y le indicaba dónde estaban.
    Eran tres. No podía definir ni el tamaño ni la forma. No sabía cómo, pero comprendía que estaba en una sala redonda, hecha íntegramente de madera, con las ventanas cerradas.

    —Bienvenida a nuestro mundo. Por favor, no se mueva todavía.

    Su idioma era extraño, mezcla de ronquidos y chasquidos, pero lo entendía. No sabía cómo.
    Dio un respingo, pero notó que estaba aprisionada. Estaba atada. Su rostro, cubierto.

    —Por favor, no se mueva. No queremos que se haga daño —insistió la voz ronca.

    —¿Qué ha pasado? ¿Qué ocurre?

    Su voz sonó como el chirriar de un tenedor en un plato. Su cabeza era una explosión de imágenes solapadas, que amenazaban con reventar.
    Intentó calmarse. Respiró hondo. Exhaló con un ruidoso borboteo.

    —No se preocupe. Todo ha ido bien. Se está adaptando a su nuevo cuerpo. Se sentirá diferente, pero en poco tiempo lo dominará.

    —Pero… es distinto. No sois parecidos a los humanos como se nos había dicho.

    —No. Nuestra fisonomía es distinta. Nuestras intenciones también. Lo sabrá en cuanto empiece a aprender a usar nuestro cerebro. No puedo ocultarlo.

    —¿Qué es lo que quieren? ¿Por qué estoy aquí entonces?

    —Nuestro mundo se muere. Nuestras aguas están envenenadas y no podemos seguir viviendo en él.
    Nuestro enviado nos preparará el camino.
    Estás aquí porque, si no, él no podría estar allá.

    —Pero… el enlace de cuerpos es temporal. Se han hecho estudios sobre ello. Volveré en unos días y…

    —No. No es temporal.
    Nuestro enviado será considerado un mártir.

    —¿Y a mí? ¿Qué me va a pasar?

    —Bueno…
    Ahora eres uno de nosotros.

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  • Carta 9: El  sueño de un alma perdida.

    Carta 9: El sueño de un alma perdida.

    Querido diario
    Hoy me incorporé en la cama y me dispuse a desayunar. Pero el despertador, que tenía alas, salió volando apresurado. Quise poner los pies en el suelo… pero mi cama también flotaba en el aire. Entonces empecé a comprender.

    No es fácil empezar a tomar las riendas, pero ya tengo a Morfeo calado. Así que, suspirando un conjuro, hice aterrizar mi lecho sobre una nube y salí de él. Frente a mí apareció una puerta. Sabía que no era la salida al mundo real: conducía a otro sitio.

    Mi deber era cruzarla. Me adentré en la oscuridad que se derramaba al abrirla. Era un camino amarillento en un paisaje sombrío. Las nubes se retorcían de rabia y los relámpagos señalaban la soledad.
    Había una joven perdida que se asustó al verme.

    —No temas, solo quiero ayudarte —le dije al ver el miedo en su mirada.
    —Tenemos que huir —me dijo, y al instante me agarró de la mano.

    El terreno se volvió árido, el camino se retorcía. Las sombras ocultaban alimañas que nos perseguían. El sendero terminó de golpe, un afilado precipicio nos dijo que no había más.

    Tocaba enfrentarse a quien venía detrás.

    De una bolsa que no sabía que llevaba saqué una linterna. La miré y le hice una promesa:

    —Si me das el poder de este sueño, te prometo que te sacaré de aquí.
    —Esto no es una pesadilla —respondió ella.
    —Sí lo es, solo tienes que entender qué hay de verdad en ella.

    La linterna se encendió. Su luz disolvió la oscuridad. El cielo se volvió azul. Las nubes, blancas. La sombra que nos perseguía ya no era más que un anciano. Él recorría la senda, confuso. Era como un alma errante.

    —¿Qué haces aquí? —preguntó ella, con el corazón en vilo.
    —No lo sé… Solo acudí a tu llamada.
    —¿Por qué me persigues entonces?
    —No soy yo. Eres tú quien me ata. Mi camino no está aquí. Solo necesito que liberes mi alma.

    El viejo y la joven se fundieron en un abrazo.
    Y yo, que sé cuándo sobro, me fui a buscar otra puerta abierta. Camino a mi despertar.

    La sombra lo cubrió todo de nuevo, pero ya no había miedo.
    Solo quedaba el duelo.

    Alva Noto & Ryuichi Sakamoto – Aurora

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  • Canción alternativa para el haiku del verano

    Canción alternativa para el haiku del verano

    Calor. Ruido de ventilador cansado, de aspas que no cesan. Maldición en forma de arena, que oscurece el cielo, ensucia mi rostro y da aspereza a mis labios. Los mismos que recuerdan tu mirada, en esta noche de giro constante entre el techo y la cama.

    Atrapado entre risas vacías, de una promesa cumplida y de viejos recuerdos obligados. Me arrastraron con palabras al templo, y yo, ya sin fe, no pude esquivarlas. Y aunque la barriga andaba llena, el corazón pedía su tonada. Tarareé aquella balada extraña y me escabullí entre rostros sin cara.

    Tropecé contigo en la salida. Me arañaste con tus ojos de gata. Quise pedir auxilio, pero me atrapaste con la mirada. Y ya no pude salir del templo de las almas rotas.

    No quise creer que fuera fácil. Tú movías mis cuerdas, yo tan solo bailaba. Al son de los cascabeles que tú dominabas. Y se hizo la noche pequeña, y amanecimos en la playa, contando arena negra y queriendo nadar en tu agua. Quise conjurar una idea con hielo en copa ancha. Invocando tu deseo, te dije “vente”, a ver qué pasa. Hechizados, partimos juntos rumbo a romper la mañana.

    El café y las tostadas se quedaron solos, mirándonos en la cama, ruborizados y ardiendo. No entendían del sudor de nuestros cuerpos, que giraban con las aspas del ventilador, que se aferraban a las sábanas, que no conocían el calor, solo las ganas.

    Desperté creyéndome en sueños, y quise sentir tu piel en mi mirada. Pero al rodear mi almohada, encontré que ya no estabas.

    samuraï – Corazón Quemado

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