
Un sonido continuo le contó la historia de un final. Su pensamiento incesante le hizo observar también un comienzo.
Al principio era oscuridad. Le siguió una tenue luminosidad. Un corazón luminiscente que encendía al latir. Se vio como un ser alado avanzar por la oscuridad, como una libélula, no como un ángel, volando sin rumbo en busca de un paraíso donde posarse.
A lo lejos descubrió un destino. Un eco luminoso que ganaba intensidad. Lo tomó como una meta a seguir. La luz, debía ir hacia la luz. Era tan bella, tan intensa. Tenía que ir, estar allí, ser ella.
Algunos seres alados como él empezaron a seguirle. Uno de ellos apuró el vuelo y se puso al lado. No se distinguía bien, pero tenía un tenue brillo blanco, casi amarillo. Se acercó y le dijo;
– Hola, eres nuevo aquí, ¿no?
– S… sí. ¿Quién eres?
– Eso no es importante ahora, oye, ¿Ves esa luz de ahí?
– Sí, voy hacia ella.
– Bien, es importante que no vayas.
– Pero es la luz, tengo que ir hacia ella.
– Sí, sé que te atrae mucho, pero no debes…
– Que sí, que sí, que voy hacia la luz.
Sus alas vibraron y tomó velocidad. Encontrándose con un resplandor fuerte que abarcaba todo. Al entrar en ella se escuchó un sonido eléctrico y en un hedor a chamuscado volvió la oscuridad.
Cerca de allí, los seres que habían visto lo ocurrido revoloteaban la zona.
– No sé qué les pasa a los nuevos Bzed, escuchan no sé qué historias en sus otras vidas y piensan que todos los cuentos tienen que ser verdad.
– Ya te digo Ññied. Oye, ¿nos vamos a picar cabras?
– ¡Vale!
Incubus – Drive