
El tío Tobías es algo excéntrico, siempre con un salmo secreto en los labios, con una parábola hiperbólica en la mente. Desde pequeño parecía mayor, su pelo tornó a blanco al mismo tiempo que su voz cambió de tono y su cara de niño cambió a la de un señor, serio, sin tintes de broma adolescente, ni juvenil alboroto.
Si me acerco a su vera, simula que no me ve, si me pego a él, se retira discreto, recitando no sé qué indescifrable misterio, pero se queda cerca, vigilando. Detrás de esa mirada perdida en un vaso de luquete de limón sobrio, donde pierde el tiempo cuando está en casa, cuando no está en un libro.
Cuando estoy yo, él lee en voz alta, sin expresión pero con fluidez. Le pido historias de animales salvajes, de tierras inhóspitas y de selvas perdidas, de ríos anchos y árboles eternos. Aunque él parece no escucharme, aparece pronto, dispuesto a llevarme de paseo, por alguna de sus impenetrables junglas o algún desierto yelmo.
El tío Tobías parece perdido, pero no lo está, simplemente sonríe de otro modo, su lenguaje es diferente y ama suave desde su respiración profunda, para comprender el significado de su canción hay que entrar en su mente. Aunque el tío Tobías esté siempre serio, yo sé que también se alegra de tenerme cerca aunque él esté lejos.
Don McLean – Vincent