
A veces pienso, que mi reminiscencia, llegan al papel sin pasar por mi mente, como animales en estampida, emborronando con huellas los caracteres áridos de mi pantalla. Entran bramando blasfemias, pisando arena caída de cielos pasados, feroces recuerdos armados con garras y colmillos, que cazan huidizas frases de exótica pluma y canto risueño y corren tras la serendipia de construir el relato de un sueño.
A veces pienso y divago, me visto con la falsa piel sintética tatuada de tildes tecnológicas, fragmentadas en partículas subatómicas superlumínicas, describiendo paradojas, reinventando contingentes teóricas atraídas por el vórtice cuántico en relatos distópicos y divergentes en ficticias realidades alternativas.
A veces pienso, me pierdo en la abulencia y recreo figuras celestiales que sueñan con ser supremas, deidad plasmada en verso sobre el fresco de un techo, dádiva divina de corte barroco empuñando espadas llameantes y cántaros dorados de tinta china. Relatando testimonios de fieles, orando inciertos testimonios de vida eterna y perdón etéreo, creando cielo y tierra por la costilla de un original pecado rimado con deseo.
A veces pienso que no existo, que no merezco, que se rompen mis entrañas si no te veo. Escribo borrosos versos con olor rancio, mezcla espirituosa con llanto. Enjaulado en un enjambre de truenos que se van alejando, contando nueve tras su chispa rota, tratando de remontar la marea, azotándome con el látigo. Y con la sangre invoco la tinta y dibujo garabatos, que luego olvido en sobres o los arrugo y tiro.
A veces miro hacia atrás y sonrió.
Triangulo de Amor Bizarro – Estrella solitaria