Etiqueta: Adolescencia

  • Siete segundos

    Siete segundos

    En el piso de arriba se escuchó abrir.

    Suspiro.

    Tres segundos.

    El golpe seco del cerrar de la puerta.

    Dos segundos.

    El sonido del ascensor respondiendo a la llamada. Siempre estaba en el segundo. Subía alegre mientras contaba el tiempo.

    Siete segundos.

    El deslizar de la apertura del ascensor le aceleraba el pulso.

    Dos segundos.

    El mismo ruido al cerrar.

    Un segundo.

    El clic del botón de llamada aseguró una pausa del ascensor en la planta en la que estaba.

    Dos segundos.

    Suspiro.

    Al abrir la puerta notó su perfume. Estaba allí. Tal y como había deseado. Tal y como había previsto.

    —Hola.

    —Hola.

    Silencio.

    Un segundo.

    Él pulsó el botón B. Le hubiera gustado pulsar todos los botones. Que el camino hacia la planta baja durara más de los siete segundos de costumbre.

    Uno.

    Ella disimuló la mirada.
    “Se ha peinado raro”, pensó fijándose en su pelo.
    “Le sienta bien”.

    Dos.

    A él le quemaba la mano de la necesidad de rozarla con la suya. Quiso provocarlo. Un roce fortuito. Pero… ¿y si se molestaba?

    Tres.

    “No sé cómo las chicas se meten tanto con él”, pensó intentando no mirarle.
    “No se puede negar que es guapo”.

    Cuatro.

    Dos suspiros se silenciaron en el movimiento del ascensor.

    Cinco.

    “Además, es listo. Solo le falta una chispa de valentía”.

    Ella dibujó en su mente que él le tomaba de la mano. Sin querer, la rozó.

    Seis.

    Los dos se miraron un segundo.

    Siete.

    La puerta del ascensor rompió la complicidad de la mirada.

    —Adiós.

    —Adiós.

    Esta vez, los suspiros fueron a destiempo.

    Love of Lesbian – El Hambre Invisible

    Siete segundos bastan para no olvidarse.

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  • Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas: Auriculares, azulejos pintados y mentiras blancas

    Manual práctico para dinosaurios antediluvianos sobre tribus urbanas modernas: Auriculares, azulejos pintados y mentiras blancas

    Auriculares, azulejos pintados y mentiras blancas

    Gritos.

    Los gritos vivían bajo la mirada feroz que custodiaba el lavabo.

    La puerta se abrió tímidamente, dejando tras de sí una melodía oxidada.

    Se quitó los auriculares.
    Los gritos se aplacaron.

    Su mirada, melancólicamente maquillada, se posó sobre la jovencita que acababa de entrar.

    —¿Qué quieres?
    —¿Qué tienes?
    —Tengo de todo…
    —De todo no me vale. Quiero lo mejor.
    —Lo mejor vale caro.
    —Da igual, broh. Lo quiero.
    —Chocolate.
    —¿Qué chocolate?
    —Ese que tú piensas.
    —Lo quiero. ¿Qué quieres tú a cambio?

    El golpe traicionó el intercambio.

    Tras las dos jóvenes apareció el monstruo.
    La temida profesora de francés.

    Ahora empezaría la matanza.

    —Señoritas, ¿qué se supone que estáis haciendo aquí?
    —Nada —dijo una de ellas.
    —¿Ah, sí?
    —Profe —intervino la que dominaba el baño—. No pasa nada. A María le ha venido la regla y no sabía qué hacer. Yo solo la acompañaba.
    —Es verdad —añadió la otra.

    La profesora las miró en silencio.
    Olfateaba el engaño en el aire.

    —A ver… ¿qué tenéis en ese bolso?
    —Ahí no hay nada.
    —Enséñame lo que hay dentro o hablaré con vuestros padres.

    Se miraron.
    Bajaron la vista.
    Le entregaron el bolso.

    La maestra lo abrió despacio. Observó su contenido.

    Una sonrisa se le escapó de los labios.
    No era maliciosa.
    Era cómplice.

    —Señoritas —dijo bajando la voz—. Yo veo bien el intercambio de golosinas. Quienes no lo aprueban suelen ser bastante estúpidos.

    Las dos jóvenes la miraron, incrédulas.

    —Disfruten de sus calorías vacías.
    —Pero no abusen de ellas, ¿vale?

    Kim Dracula – Land Of The Sun

    🖤 Dark Trap

    No es solo música. Es un estado de ánimo con ritmo.

    Nace del trap, pero sustituye la ostentación por melancolía, ironía y una agresividad estética controlada.
    Sus protagonistas visten oscuro, hablan poco y convierten el dolor en imagen.
    Parecen peligrosos, pero suelen estar rotos con educación.

    Es la tribu del malote triste, del “me da igual” que en realidad significa “me importa demasiado”.


    🖤 Emo Revival

    No confundir con el emo clásico de flequillo y drama explícito.

    El emo revival es hijo de la nostalgia y de internet.
    La tristeza ya no se grita: se curra, se estiliza, se vuelve elegante.
    El maquillaje corrido no es descuido, es lenguaje.
    No buscan llamar la atención: saben que ya la tienen.

    Es una tribu que entiende el dolor como identidad temporal, no como condena.


    🕸️ E-Girl / E-Boy (vertiente oscura)

    Nacidos en redes, criados por el algoritmo.

    Mezclan emo, goth suave, trap, anime y cultura gamer.
    Viven conscientes de la cámara, del encuadre y del gesto.
    No fingen emociones: las representan, que no es lo mismo.

    No es superficialidad: es supervivencia en un mundo que te mira todo el tiempo.

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