Categoría: Terror

  • Fluido carmesí.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué te hace sentir en paz?

    La oscuridad invadía el bosque lentamente, envenenado de oscuridad a los retorcidos árboles que enraízan en él. Sabía que era la hora correcta, cuando las alimañas salían a cazar, que es justo lo que precisaba, encontrar una en especial. La más terrible y detestable de todas.

    En ese tronco de secuoya podrida tenían su nido, era una criatura que nunca iba sola, se concentraban en un enjambre letal, tendría que aislar una, y hacerlo en silencio, para no llamar la atención a las demás. Las llamaban arañas de fuego verde, aunque quizás se parecía más a una mantis religiosa del tamaño de un dogo, que escupía un espeso fluido verde iridiscente que descomponía la materia orgánica en pocos segundos.

    En el agujero del podrido árbol había dos de ellas, haciendo guardia, protegiendo a su reina. Daba igual, solo necesitaba una, así que se dispuso a usar un cebo. En la mochila llevaba un grueso muslo de saurio de las estepas en avanzado estado de descomposición, a las arañas les gustaba así. Y con su fino olfato de insecto, la criatura más cercana, se dispuso a descubrir y engullir su manjar.

    No se lo imaginó tan fácil, tras asomarse a los arbustos, de un tajo violento con la espada, le cerceno la cabeza al bicho, guardándola con rapidez en su mochila antes de que otro depredador quisiera dar cuenta del reclamo. 

    Al subir la mirada descubrió que era tarde, un lobo huargo negro de mirada azul centelleante se acercaba lentamente enseñando sus blancos y afilados dientes. Preparó la defensa esgrimiendo su espada, cuando el cánido se le abalanzó, esquivó de un salto lateral la embestida, rozando a la bestia con el filo de la hoja del arma.

    El animal enfurecido cargo de nuevo, pero el cazador ya había preparado un conjuro rápido que paralizó al monstruoso lobo, le hubiera dado tiempo a huir si no fuera porque la otra araña guardiana le estaba cortando el paso y tuvo que esquivar su veneno rodando hacia la izquierda. 

    Al girarse, el huargo había salido del letargo del  hechizo y le obligó a tirarse al suelo para eludir su ataque, encontrándose de frente con la otra alimaña que defendía su terreno, así que el batidor aprovechó para huir raudo hacia la salida del bosque, dirección a la cantina de la entrada del pueblo que es donde le esperaban con ansia.

    Al entrar buscó una mesa ocupada por un señor regordete, vestido en sedas marrones y verdes, que puso expresión de alegría al verle.

     – Ah, Ya estás aquí, maravillo – Dijo mientras el cazador se estaba frente a él y depositaba la cabeza del insectoide en la mesa. – aquí tiene veinte piezas de oro como habíamos acordado.

    Con delicadeza, el señor clavó un artilugio entre los quelíceros del trofeo, drenando el líquido verde venenoso en un bote transparente, aisló una sola gota del ponzoñoso fluido que derramó en el aguardiente que tenía preparado en una copa, cuya solución empezó a hervir transmutando en un color rojo carmesí. De un solo trago se bebió el burbujeante brebaje y con una expresión de somnolencia dijo

     – Estoy muy agradecido, esto es una de las pocas cosas que me hace sentir en paz con el mundo.

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  • Lago Espejo

    Sugerencia de escritura del día
    Describe cómo sería tu vida en un universo paralelo.

    Tras cerrar los párpados de puro cansancio abrí mis ojos, me engalané con mi capa onírica y me dispuse a comenzar la noche. Recorrí los senderos de puentes colgantes que cruzan las nubes hacia las islas flotantes, sentía en mi interior un murmullo, la llamada de un misterio, que pronunciaba mi nombre de manera extraña y me atraía con una melodía digna de un ratero.

    Entendí de la existencia de otro yo, que despertaba de un amanecer difuso en brumas espesas con camino de tablas de madera y cuerdas que colgaban del firme de terreno. Como si todo estuviera al revés, los animales, las casas, hasta los sueños. Mi yo boca abajo se puso un sombrero y salió volando pegado al suelo. 

    Sabía el lugar donde podía encontrar a mi gemelo, tendría que encontrar el lago espejo, el lugar ideal para buscar un reflejo. Camine por el bosque de las sombras hasta hallar en el claro, la cascada inmóvil del estanque helado. tras el yaciente petrificado de hielo, estaba la cueva de paredes plateadas que, pulidas como el cristal, devolvía a la visión de tu imagen invertida.

    Desde el techo llego mi otro yo y se quedó frente a mí, cara a cara pero girado.   

     – ¿Qué quieres de mí, por qué perturbas mis sueños? – Pregunté a mi gemelo extraño.

     – opɐɯɐll ɐɥ ǝɯ uǝınb nʇ sǝɹǝ ,oʎ opıs ǝɥ ou.

     – Tu duermes de día y yo reino de noche.

     – opɐsɐd nʇ sǝ pɐpılɐǝɹ ıɯ ,ǝʇuǝɯ nʇ uǝ sǝʌıʌ nʇ.

     – mi alma fluye al viento, libre.

     – odɹǝnɔ ıɯ ǝʇɹǝnɟ ɐzɐɹqɐ ɐíɯ ɐl.

     – Será por eso que nos atraemos.

     – soɯɐɹʇuoɔuǝ sou ǝnb ol ɹod áɹǝs.

    Él siguió su camino, yo seguí las sombras de mi destino, pero desde que lo vi reflejado y hable con la silueta inversa que moraba en ese espejo, siempre pienso si al despertar puedo dejar de ser yo y me convierto quizás en aquel otro ser opuesto.

    Cradle of Filth – Dinner At Deviant´s Palace
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  • La curiosidad mató al gato

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué te despierta curiosidad?

    La eterna puesta de sol falleció en una luminosa noche en el claro del bosque. Días atrás, en un desesperado paseo por despejar la mente de sus demonios diarios, en el mismo lugar, encontró una figura femenina caminando, sola, sin rumbo. La persiguió, guiado por la curiosidad, ocultándose tras los retorcidos árboles que adornaban el siniestro paisaje. Hasta que paró y se dio la vuelta, de belleza decadente, tenía rasgos juveniles y pelo alborotado en un vestido envejecido y rasgado por la maleza.

    Él, confundido, no sabía dónde buscarla, ya no estaba allí, en un simple pestañeo había desaparecido, sin dejar rastro, en silencio, de repente. Sobresaltado al escuchar el crepitar de las hojas secas tras de sí, volvió la vista atrás y allí estaba ella, mirándole desafiante.

     – ¿Qué quieres de mí?

     – Solo tenía curiosidad, ¿qué hace sola una chica tan guapa por aquí?

     – ¿Curiosidad? ¿En este maldito sitio? ¿Sabes qué le pasó al gato con su curiosidad?

     – Solo quería saber de ti, si molesto me iré, aunque le acompañaría si es posible a un lugar seguro.

     – No molestas, me viene bien tu compañía.

    Con una velocidad imposible se acercó y él por un movimiento instintivo incomprensible se abrazó a ella y la besó, ella respondió tirándolo al suelo de la misma manera que un lobo ataca al venado, agarrándolo fuerte con sus dientes y dejándolo inmóvil. Él no pudo comprender que paso después, sentía placer y dolor al mismo tiempo, debilidad y armonía, solo supo que tras un buen rato atrapado ella lo ayudó a levantar, se acercó a su oído con una sonrisa ensangrentada y le dijo.

     – Me lo he pasado muy bien esta noche contigo, por favor, vuelve cuando estés otra vez lleno.

    Korn – Kiss
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  • La Cacería

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es la figura pública con la que estás menos de acuerdo?

    Mucho antes de nacer el sol, cuando el plenilunio todavía embellecía con su resplandor esta tierra salvaje, llegó con su ruidosa jauría, nerviosa de víspera de sangre cercana, resbalando por sus hocicos inquietos. Llevaba la muerte en el hombro, marcada con apellido italiano, forjado en acero sonido de trueno que rompe la vida en un disparo certero.

    Los perros conectaron con la telaraña de colores que componen el rastro, nerviosos, arrastraron el interés del cazador hasta la entrada del bosque. Sabía el límite, no debía, estaba prohibido, pero, qué más da. La piel del yo he sido vale la pena de juicio si la balanza del cobre está en su bolsillo repleto. 

    Ladraron los perros, gruñó el hombre, se adentró en la oscuridad, creyéndose depredador, sonándose la sombra del cuervo, con su vestido verde de piel de ofuscada maleza y aroma a odio latente por la propia vida en sus garras de asesino. 

    En las entrañas de la espesura de la arboleda lloraron los perros de nuevo, pero esta vez de espanto, ladraron de terror y dejaron de hacerlo. Y se quedó solo el cazador, con su silencio, con la presencia alarmante de que iba a ser cazado, conocía el misterio de los roces en las zarzas, del rugido silencioso del que persigue un trofeo.

    Bajo la niebla al fin pudo verlo, la bestia de fauces abiertas que brillantes su mirada aclamaba el premio de una dentellada al aire. Se escuchó el ruido del trueno, fallido relámpago, le quedaba conocer esa parte del juego, la del cuello abierto y su piel rasgada, la del grito al viento, desesperado momento en el que la presa es cazada.

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  • Al caer la noche

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuándo te sientes más productivo?

    No entres en este lugar, está condenado.

    Aquí, donde los rayos de un sol moribundo deja paso a distantes astros centelleantes, en la comisura de los labios del horizonte, me despierta la claridad de la luna llena en mi amada noche. 

    Llamo hogar al bosque, criatura maldita por el resplandor de Selene, mi camino está en las sombras y eres mi alimento.

    Siento tu calor, del latir de tu corazón, la sangre que circula por tu cuerpo, ya salgo. ¡Corre!

    Me muevo entre los árboles, entre las sombras, te acecho, no sabes dónde estoy, pero yo te observo.

    Siento tu miedo, ya sabes de mí, y sabes que te sigo, de nada te vale ya correr, te lo advertí, ya no hay salvación posible.

    Ahora me ves con tu cara de pánico, quieres huir, pero no te dejo, tu alma se aleja mientras desgarro tu cuello.

    Tranquilízate, todo cura, el tiempo está de tu parte. Y tu final, esta vez, no va a ser la muerte.

    Ya sientes el cambio, lo sientes en tu piel, está en pleno cambio, tu camino ahora está conmigo.

    En ti está ahora la maldición de correr salvaje por el bosque.

    Radiohead – Street Spirit
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  • El Mensaje de la Música.

    Sugerencia de escritura del día
    Describe algo que hayas aprendido en el instituto.

     – ¿Cerraste?

     – ¡!

     – ¿Cerraste bien?

     – ¡Que sí!

     – Bueno, chicas, tenemos dos horas.

    Las tres se miraron, tenían el rostro lleno de maquillaje blanco y de preguntas. En sus manos un antiguo disco de vinilo, con un cuadro de un señor cargando leña en la portada. Frente a ellas, un tocadiscos Technics de aguja desgastada que pertenecía al instituto. Se las habían arreglado para poder entrar en la sala de música animadas por un misterioso plan.

     – Pero yo no sé usar esto.

     – Ni yo.

     – ¡Joder chicas! No puede ser tan difícil, vamos a prepararlo todo. ¿Quién tiene el cuaderno? 

     – ¡Yo!

     – Pues ya tardas en abrirlo.

    Era un viejo bloc de notas, con tapas de relieve y adornos en tonos oscuros, lo llamaban el cuaderno de las brujas. En finos trazos de pluma estilográfica y filigranas caligráficas, había dos años de investigación e indagación sobre temas paranormales.

     Las tres amigas se habían hecho expertas en ciencias ocultas rastreando  información en las redes, leyendo libros antiguos y preguntando a los mayores del pueblo. La última revelación estaba proporcionada por el padre de la Patri, que en los 80 tenía un grupo de heavy metal. Se habían documentado lo suficiente y estaban preparadas, solo tenían que seguir el manual que habían preparado.

     – ¡Tiza!

     – Aquí.

    En el viejo suelo gris del aula pintaron un pentagrama, varios signos cabalísticos y tres círculos alrededor.

     – ¿Velas?

     – Aquí.

    Los cirios fueron repartidos alrededor de las formas dibujadas, cuidadosamente colocados, alineados de manera estudiada siguiendo un ritual. Prendieron las mechas y apagaron la luz de la sala.

     – ¡Incienso!

     – Aquí.

     – ¿De sándalo?

     – ¡Que sííí!

    El aroma ocupó rápidamente toda la estancia, las tres empezaron a recitar un antiguo salmo cabalístico, de dudosa procedencia, para comenzar la ceremonia. Rezaron, cantaron y realizaron gestos de ritos wiccanos sobre invocaciones de entidades divinas errantes y demonios apresados, en curiosas botellas de barro, cocidas por el tiempo y olvidados en el exilio.

     – Bueno, y ahora ¿qué hacemos con el disco?

     – A ver, ponlo aquí.

     – ¿Pero así?

     – ¡No coño! Sácalo de su envoltura.

     – Si lo rompéis la Patri me mata.

     – Ves, así, ya está puesto.

     – ¿Y ahora? ¿Dónde está la tecla de inicio de reproducción?

     – Aquí, en el botón del triángulo.

    El mecanismo del movimiento del brazo del tocadiscos retumbó en el silencio de la sala, la aguja empezó a crepitar a través los surcos que en su día Atlantics Records mandó grabar. El riff de Black Dog empezó a tronar, rebotando el sonido por las paredes del aula.

     – ¿Se puede bajar eso? ¡Nos van a pillar!

     – Esta canción no es, es la cuarta.

     – ¿Cómo se pasan las putas canciones?

     – ¡Yo qué sé!

     – No hay botón para pasar de canción.

     – Chicas bajen la música.

     – Tiene que poderse, creo que así.

    El sonido del arrastre de la aguja saltando los surcos maldijo la sala, pronto, junto al comienzo de la melodía de Stairway to Heaven, se empezó a escuchar golpes en la puerta del claustro. 

     – Hay que poner el trasto ese al final de la canción y escucharla al revés. – Dijo arrastrando la aguja de nuevo

     – Así vais a estropear el disco a la Patri.

     – ¿Y como hacemos para que gire hacia atrás?

    La puerta era golpeada sin piedad, a voz de “¡Abrid la puerta!” Una de las aspirantes a bruja consiguió invertir el sonido del vinilo, forzándolo con la mano, fue irregular en sonido, pero efectivo.

    De pronto se abrió puertas de la sala de música, en dirección tenían una llave de repuesto, dejando entrar a unos profesores asombrados por la peculiar decoración que las tres amigas habían practicado al aula.


    Media hora más tarde, las tres hechiceras amateurs, con la mirada baja y la tensión del reo desfilando por el pasillo de la muerte, esperaban a la directora del instituto en su despacho.

     – Si al menos nos hubiese salido.

     – ¿Quién ha dicho que no ha ocurrido algo?

     – Sí, que de esta nos echan.

     – Por si acaso, el padre de la Patri es abogado.

     – Y tiene un disco rallado.

     – ¡Silencio!

    Las tres miraron al frente y silenciaron sus palabras. Asustadas, con los ojos humedecidos y sudor frío en cada frente. La directora caminó lenta y ceremoniosa y les arrojó delante de ellas unos documentos envejecidos. Uno por cada una de ellas. 

     – Bien, me habéis llamado.- La directora tenia una voz animada, como de quien invita a café – A la antigua usanza, hoy se usan métodos más modernos. Pero los acepto. ¿Sabéis cómo funciona esto?

     – ¿A qué se refiere? – Dijo una de ellas.

     – A nuestro pacto. – Respondió la directora mirándoles desafiante. Su mirada tenía la intensa extrañeza de quien oculta un poderoso misterio, sus ojos, el brillo rojo de las llamas candentes del fuego del infierno.

    Led Zeppelin – Black Dog
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  • La Caza de las Sombras

    (Esta historia empieza aquí)

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es la manera más divertida de hacer ejercicio físico?

    Por los signos del mal de la marea,  por el brillo de los cúmulos de nubes y por lo cortante de la brisa helada de fétido viento, por todo eso, sabía que había llegado. Una gran sombra, la más grande de todas. Así que Rufián y yo fuimos a por ella.

    En las ciénagas del norte fue donde mi fiel cadejo, logró hallar rastro, aquí estábamos, metidos hasta las rodillas en este pestilente barro, lugar de encuentro de almas perdidas y aberraciones malditas. Buen lugar para acechar a la oscuridad. 

    Cansado estaba ya de revolcarme por el hediondo lodo, cuando un extraño resplandor empezó a inquietar a Rufián, su siniestro ladrido de ultratumba me dio la señal de desenvainar, escupí un conjuro y corrí dispuesto a despedazar sombras con el filo de mi espada devoradora de almas corruptas.

    Salté de entre la vegetación intentando aprovechar el factor sorpresa, allí no había nada, tan solo una vieja lámpara de extraña forma y aún más extraño resplandor. Quise tocar con la punta de mi espada el objeto, fue entonces cuando me agarró por la espalda y en un brutal tirón destroce un árbol podrido con mi espalda, no sin antes ejecutar una estocada que terminó separando un horrible tentáculo del resto del cuerpo de mi agresor.

    No había logrado todavía incorporarme cuando lo vi pasar,  Era una mancha hecha de vacío, dolía al contemplarlo y de ese cúmulo de oscuridad salían numerosos tentáculos, se movía a una velocidad alarmante. Venía hacia mí como una locomotora. Esquive la primera embestida rodando por el suelo, la segunda me lanzó a cincuenta metros de donde estaba y me dejó luchando por mantenerme de pie cuando volvía a estar a la carga. 

     – ¡Sal del medio! – Una voz de mujer irrumpió en la batalla

     – ¿Qué? – A penas pude girar la cabeza 

     – ¡Que te quites! ¡Ya!

    Salté como pude, cayendo en el matorral más espinoso de toda la ciénaga. Ahí pude verla con claridad, el monstruo se abalanzaba hacia ella, pero ágil como un colibrí desapareció, no sin antes dispararle unos dardos de no sé qué arma desconocida para mí. La criatura estaba desorientada, algo le estaba haciendo esos pequeños arpones. Aproveche a caerle encima y clavar mi espada hasta el puño en su… donde pensé que estaba su cabeza.

     – Pero… ¿Qué haces? ¿No ves que te vas a matar? – Dijo ella.

     La valiente luchadora andaba ahora a espaldas del engendro, con rapidez felina disparó otra serie de dardos impactando en la rabiosa criatura que se retorcía y brincaba conmigo encima. La oscuridad del monstruo se deshacía, se convertía en un oscuro humo, de neumático quemado, que iba dejando el huesudo cuerpo de la persona que un día fue. En cuanto logré atisbar su verdadera forma, de un tajo circular le separé la cabeza del amasijo de músculos y huesos que formaban su cuerpo. Se desplomó y desapareció toda la oscuridad que habitaba en él.

     – ¿Me puedes decir quién eres y por qué no debo matarte? – Le dije a la chica guerrera clavando la mirada.

     – No puedes matarme porque te he salvado la vida y me debes una – Dijo ella mirándome de reojo – Además no me dejaría matar. Casi me fastidias la trampa que le había puesto a esa sombra.

    Rufián fue contento a saludarla mientras yo intentaba recomponer mi vestimenta, mis botas habían quedado dañadas, al alzar la mirada de nuevo, ya no estaba, se había esfumado como el humo al viento.

     – ¿Pero cómo te llamas?


     – Así que esa es la historia de mi reciente aventura, camarero, que bien vale la cena de hoy y al menos tres cervezas.

    – No te preocupes, cazador, esa mujer que acaba de salir, ¿te fijaste? Ella ha pagado tu consumición.

     – ¡Eh!, ¡espera! ¡Dime tu nombre al menos!

    Iron Maiden – Run to the Hills
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  • Cruzando el páramo.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cómo te has adaptado a los cambios que trajo la pandemia de la COVID-19?

    El páramo estaba despejado, la primavera había entrado tarde este año, y la brisa de la mañana era un resquicio helado de un invierno que no quería morir. Los dos mensajeros, ajenos a la cortante temperatura, caminaban entretenidos en una animada charla.

     -… Y decían, otra pandemia, como la del Covid. Oye, ¿Te acuerdas de la época del Covid?

     – Qué buenos tiempos. Todos encerrados. Sin hacer nada.

     – Sí, a inflarse de comer y a hacer el burro por internet. ¿Te acuerdas?

     – Algo si, yo era muy pequeño, apenas ocho años, me acuerdo de esos videos que hacíamos en el móvil y lo compartimos. Sé que no nos dejaban salir de casa.

     – A la gente le dio en esa época por conseguir perros. Todo el mundo quería uno.

     – ¿Para detectar la enfermedad como ahora?

     – No, era porque te dejaban salir más tiempo a la calle, con la excusa de darles un paseo.

     – Y si no podían salir, ¿cómo hacían para buscar comida?

     – la comprabas, entonces había supermercados.

     – Ah, sí, es verdad. Recuerdo pasar por pasillos repletos de comida empaquetada.

     – Sí, y si querías te la llevaban a casa.

     – ¿A casa? Quién querría perderse ver estanterías llenas de cosas.

     – Además, había hospitales, y llegaban a curarte en muchos casos. 

     – Pero no fue tan grave, recuerdo que en unos años la gente ni se acordaba.

     – Porque la gente dejó de enfermar.

     – La enfermedad era distinta a la de ahora, me acuerdo de que me contaban sobre familiares enfermos y no les pasó nada.

     -Otros, sin embargo, morían.

     – ¿Qué les pasaba?

     – Normalmente, no mucho, les dolía el cuerpo, fiebre y poco más. Los que morían les costaba respirar, morían asfixiados. Los tenían amontonados en los hospitales.

     – ¿Y no les daba miedo tenerlos ahí encerrados?

     – No pasaba nada, ni los encerraban, no es como ahora.

     – ¿Entonces no eran peligrosos?

     – Sí, pero si llevabas traje especial y una mascarilla no te contagiabas.

     – ¿Pero no eran agresivos?

     – Los que estaban en el hospital estaban moribundos.

     – Ya, no mordían entonces.

     – No. Eso solo pasa ahora. A propósito, vamos a darnos prisa, que nos va a anochecer antes de llegar al refugio y entonces sí que vas a tener que esquivar mordiscos.

    La figura de los mensajeros fue avanzando lentamente, atravesando el páramo, desapareciendo en la inmensa superficie, hasta que no quedo ni el recuerdo de unas pisadas furtivas entre la maleza.

    Judas Priest – Out in the Cold
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  • Susurro

    Sugerencia de escritura del día
    Cuéntanos una habilidad secreta que tengas o que te gustaría tener.

    Susurro lo llamaba ella. Lo descubrió en el reino de los sueños, donde ella entraba todas las noches, desde cuando podía recordar, desde siempre.

    Le encantaba soñar, así escapaba de la realidad. Empezó a apuntar sus aventuras al despertar en una pequeña libreta para no olvidarlas. Muy pronto, antes del cambio del ciclo de la luna, ya era capaz de controlar su destino cuando dormía.

    Consiguió navegar por su mente, nadar por sus recuerdos y descubrir su subconsciente. Ahí descubrió cómo susurrar. Solo tenía que, en voz baja, explicarle a su yo dormida, que cambio quería en ella. 

    Su primer susurro fue una noche de luna llena y su frase fue; “quiero que dejes de tener miedo”. Se lo dijo a la imagen de ella, que acurrucada en el regazo de su esencia, se agarraba al calor de su alma. En el transcurso del cambio de fase lunar dejó de temer, si valentía se hizo presente poco a poco y utilizo su valor para enfrentarse con los monstruos que habitan el mundo de los despiertos.

    Uno de esos monstruos vivía en su casa, era el oscuro garabato, que de pequeña dibujaba, cuando la profesora le pedía un dibujo de su familia. Entro en sus vidas de repente. La soledad de su madre hizo que se diera cuenta muy tarde de que ese hombre en realidad era un ser maligno y despiadado.

    Una noche sin luna, descubrió que podía usar el susurro con otras personas. Mientras él dormía entre efluvios etílicos, consiguió entrar. Sus sueños eran una tormenta de truenos sordos y ensortijados árboles, habitaba en una casa negra de grotesca forma. Al entrar vio su verdadero ser, un garabato hecho con crayón negro, emborronado con el dedo, que se retorcía sobre sí mismo. Clavó sus ojos en ella, pero ya no le tenía miedo. Su susurro fue un grito que le hizo despertar; “Sal de nuestra casa y vete muy lejos”.

    El cuarto creciente resplandecía en la noche cuando el monstruo hizo las maletas y se fue. Nadie supo dónde ni por qué. Los días siguientes fueron más fáciles para todos, aunque ella vio como su madre se marchitaba como una margarita cortada.

    Fingió terror a la luna llena para dormir esa noche al lado de la tristeza de su madre. El sueño les vino a las tres campanadas del reloj de la iglesia. La encontró en un paisaje, creado en acuarela, pintado con gotas de lágrimas. Vestía un rasgado vestido de princesa que rescató de un falso recuerdo de la infancia. Se acercó a ella y le dijo al oído; 

    “Sonríe, eres libre”

    Las lágrimas fueron vaciando a la luna cuando, un día, una sonrisa les iluminó con los primeros rayos de sol, borrando todo rastro de tristeza de la expresión de la cara de su madre.

    Maria Rodés – Oscuro Canto
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  • Matemáticas a primera hora.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué docente te marcó más en la vida? ¿Por qué?

     – … Matemáticas, nos toca matemáticas.

    Un nudo en la garganta, eso era matemáticas a primera hora. Un dolor de barriga que terminaba en un contundente golpe. Sudor en la frente, en la espalda helada, de frío invierno, de día nublado, con chaparrones. Vergüenza, de miradas morbosas, clavándose en un rostro manchado de tiza, con las manos rojas y silencio en la mirada. 

     – Mejor, siempre llega tarde-

    Agonía, esperanza esquiva de que no asista, que no venga jamás. Pero siempre llega, tarde, con prisas, de mal humor.

    En fila, al paso, con la cabeza gacha, entran como ganado a sus aulas con el rancio ritmo de cara al astro rey. Dejando la felicidad en el patio, con los charcos de lluvia desafiando a los primeros rayos de sol. El olor a desinfectante, recuerdos del dispensario, se hace más fuerte, según se acerca detrás de él.  Muy cerca. Tanto que se le erizan los vellos de la nuca hasta doler de frío.

    La cola se para. La puerta del aula, guardiana de la cátedra, está cerrada. El maestro agarra del hombro al niño y lo extrae de la fila de la misma forma que un cirujano extirpa un apéndice infectado y lo lleva hacia la sala, abriendo la puerta y dejando a los demás esperando afuera, con aquel silencio del quién no quiere ser elegido.

    Sus ojos no son de este mundo, ya no. Son de un depredador. De un Lobo. En la penumbra de cortinas echadas y cielo nublado no se le ve la cara. Pero el niño sabe que ya no es de persona, ya es un animal jugando con su comida. Se acerca. Mucho, siente su aliento, escucha su aliento. Siente la humedad de su boca, el roce de sus colmillos. Entonces grita. Fuerte. Tanto como sus pulmones le permiten.

    -Despierta ya, despierta, es solo una pesadilla-

    El niño se incorpora entre sudor y agitación, encontrándose que, con treinta años más, seguía siendo víctima de las bromas pesadas de Fobétor.

    – ¿Estás bien? Estabas muy intranquilo. Hablabas en sueños-

    -No es nada, sigue durmiendo-

    -Ya son las seis, mejor me levanto ya…-

    – ¿Sabes? Creo que me estoy preocupando mucho por el primer día de colegio de Aria-

    Una sonrisa cálida perfecta acompañada a la perfección por un cálido beso, lo que necesitaba él para enterrar los malos sueños otra vez en el subconsciente.

    -No te preocupes, todo va a ir bien-

    Jeremy – Pearl Jam
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