Categoría: Terror

  • El despertar de la sed

    Era muy joven cuando ocurrió. Por mera casualidad cayó en mis manos un libro. Era de bolsillo, de tapa blanda, y una horrible portada que no hacía justicia a su contenido. Aun así, decidí leerlo.

    3 de mayo. Salí de Múnich a las 8:35 de la noche, llegando a Viena a la mañana siguiente a las 6:46. Debía tomar el tren de las 8:00 para Klausenburg.

    Así empezó. Y así comenzó mi pubertad: de la mano de Mina y de la maldición de su amante. Recreando pasiones, oscuros misterios, despertando en mí sensaciones que me costaban describir.

    Fue el primer vampiro. El primer pecado siniestro que, sediento de sangre, me acompañaba en sueños. En pesadillas. Pero no fue el único.

    Fui al infierno que se desató en Salem’s Lot, prohibiéndome dormir días después. Conocí una nueva generación de vampiros ancestrales en una peculiar entrevista, donde la carne mandaba a la sangre, y la sabiduría centenaria se disolvía en despertares eléctricos.

    Pasé noches de insomnio en la carretera, en un romance imposible donde un campesino se enamora de su inmortal. Donde el mal es solo supervivencia. Donde no existe más que el hambre, y la vida ya no es vida.

    Hoy pulsé el botón del play, ojeé nuevas entelequias escritas en el declive de la luna. Para jóvenes de hoy, con el dedo firme en la pantalla. Domaron la rabia, encadenaron a la bestia, la vistieron de Prada y la pusieron a la venta. Un triste cuerpo muerto en un escaparate rojo, de frenesí de plástico y sangre vegana.

    Pero seguirá existiendo el misterio en la penumbra. La necesidad morbosa de besar a quien acecha. Historias que volverán a la hoguera de una noche de acampada. Porque aunque queramos proteger a la presa, ella quiere ser cazada.

    Porque en la naturaleza, el bien y el mal no significan nada.
    Ya volverá a salir el lobo. Y morderá de nuevo, aunque a algunos les duela.

    Bauhaus – Bela Lugosi´s Dead

    🎧 PLAYLIST: El despertar de la sed

    Una banda sonora para los que amaron a su primer vampiro,
    para los que no durmieron tras la mordida,
    para los que aún desean con colmillos.

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  • Susurros

    Frente a mi ventana, colgada del brillo de las luciérnagas, la pude ver. Tocando en el cristal con sus frías manos de muerto, sonriendo, preciosa, en hilos de los latidos de mi corazón. 

     – Déjame entrar.

    Me dijo en un susurro.

     – No puedo.

    Le dije con  lágrimas asomando.

    Frente a mi ventana, respirando el vapor de mi espanto, la vi alejarse lentamente sobre la oscuridad de mi delirio.

    Triptykon – Aurorae

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  • Pícara mirada

    Tras esa pícara mirada se escondía la más feroz de las sonrisas. Tras esa fila de dientes puntiagudos, una historia de terror en reposo. Una medianoche oscura, con luna llena de fondo y tres gotas rojas de lo que fue su alimento. 

    Ella no quiso saltar al turbio mundo que la mantiene envuelta, pero esta noche su hambre exigió caza y entre las luces nocturnas encontró su presa.

    Era una velada más de risas y bailes, de corazones rotos, esperando una afirmación en braille, un sí de sus labios rojos sedientos que, con el aire le dijo: ¡vamos! Y él no dudó en hacerlo.

    La penumbra del camino dejó que la siguiera, no sabía por qué se apartaba y dejó que desapareciera, delante su traje corto y su andar sin prisas del que quiere compañía.

    Pero había alguien más entre ellos, era quien conocía el miedo de la mano de un cuchillo, y se aproximó en un movimiento felino. Ella, deteniendo pasos, miró de reojo. Él, con expresión de desprecio, mostró brillando su mano. 

    Lucía su afilada navaja en el cuello del enamorado, ella se volvió con calma y observó al desarmado y, en un sobresalto violento, ya estaba a su lado.

    Ella sonrió siniestra al que portaba el arma, aprendió a sentir terror cuando sus colmillos blancos perforaban sus latidos y se convirtió en su alimento en medio de un grito.

    El galán tendido en el suelo, que no entendía nada, comprendió que su dama era a quien debía la vida. Mientras ella se envolvía encima de quien portaba el arma, una voz desde su mente le susurraba.

     -huye, es el momento, hoy no serás mi alimento, pero aléjate de mí mientras puedas. 

    Viento a través, lágrimas entre tanto, sin mirar hacia atrás, tan solo en sus pensamientos, donde sus ojos cargados de deseo le estaban llamando. Donde una pesadilla atrapaba un sueño y se quedó corriendo hasta que el sol le saludó.

    Tras esa pícara mirada se escondía la más feroz de las desdichas, y tras la sombra suspiraba el temor al deseo perdido.

    Korn – Forsaken

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  • Renacer

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Sin qué tecnología crees que vivirías mejor? ¿Por qué?

    La viuda era la única persona triste de la sala, con su vestido oscuro, aguantaba el porte, sin conseguir evitar que algunas lágrimas fugaces le estropeasen el maquillaje. Los demás asistentes, amigos y familia del difunto, esperaban frente a la gran pantalla instalada en el recinto, a que empezara a emitir la ansiada conexión en directo. Mientras, en un rincón, el féretro y el cuerpo sin vida del protagonista de tan singular fiesta eran totalmente ignorados.

    La pantalla hizo un cambio que provocó revuelo entre los invitados al velatorio. Apareció una cuenta atrás de un minuto, eso hizo que la viuda se levantara y se aproximara a la primera fila, justo delante del monitor. Según iba consumiéndose el tiempo, la gente iba ganando excitación, hasta que, en los últimos diez segundos, todos, incluido la viuda, contaban en alto al compás de los números que se descontaban en el dispositivo. 

    Justo cuando terminó el tiempo cronometrado, apareció la imagen sonriente del fallecido. Todos reaccionaron con alboroto, descorcharon champán y hubo felicitaciones, sobre todo a la viuda, que ahora sonreía radiante.

     – Buenas noches a todos, no pensé que habría tanta gente en mi funeral. Que sepáis que estoy bien. Es un poco distinto a estar vivo, pero no mucho, así que empiezo a trabajar la semana que viene, normal, alguien tendrá que pagar todo esto.  

    Los asistentes rieron, todos estaban pendiente de la pantalla, alzaban sus copas y comentaban entre ellos.

     – Pedro, ¿de verdad estás bien? – Quiso saber su viuda.

     – Lola, estoy perfectamente, ni te imaginas cómo es despertar aquí, sin dolor, sin preocuparme por mi salud. Lo único que echo de menos del mundo real eres tú. Aunque vamos a estar en contacto, no estamos tan lejos.

     – Te echo mucho de menos, Pedro.

     – Y yo también, Lola, pronto tendré un espacio privado y podrás venir a visitarme. Te aseguro que esto es una maravilla. Nos veremos muy pronto, te lo prometo. Sabes que esto no es el fin, solo un nuevo comienzo.

    La sonrisa de la viuda se volvió triste y volvió a sentarse, a recomponer su mente, a esperar los cambios que tengan que venir. Mientras su difunto marido explicaba su experiencia en la otra vida a los demás, ella, sumida en sus pensamientos, no entendía el motivo de tanta alegría. 

    Lola sabía que era una oportunidad, la transferencia cuántica por la cual descargaba la mente a una máquina no era para todo el mundo. Había un proceso de adaptación en vida, así que solo podían optar por el traspaso aquellas personas que iban a tener una muerte lenta, siempre y cuando no hubiera degeneración neuronal extrema. Una vez traspasada la esencia al servidor, el cuerpo quedaba en estado vegetativo hasta su muerte natural, solamente entonces se activaba la vida digital, en un proceso al que llamaban El Renacer. Nunca funcionaba si la muerte era provocada.

    La viuda se había informado mucho desde que le propusieron hacerle renacer. Descubrió que el proceso era muy caro, pero los trabajadores virtualizados eran muy cotizados por numerosas empresas y en muchos casos, el pago del servicio pasaba por trabajar para ellos, la empresa que les hacia renacer, con exclusividad durante algunos años. 

    También sabía que lo que en un principio sería una vida virtual, réplica de la que vivía en el mundo real, pronto se convertiría en algo distinto, pues las necesidades de las personas renacidas, como todo el mundo imaginaba ya, eran distintas, dejaban de estar encapsulados a un cuerpo y ya no necesitaban comida y agua para sobrevivir. Su mundo estaba en un bosque de ataúdes electrónicos, conectado a redes y alimentado por la electricidad generada por una placa solar, en cierto modo como las plantas.

    Mirando a la imagen de su marido, que animado, contestaba las preguntas formuladas por familiares y amigos, ella, en un adiós silencioso, abandonó el recinto.

    Radiohead – Fake Plastic Trees

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  • Parte de mi familia

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué tiene de bueno tener un animal de compañía?

    Al anochecer se quedaba sentada en el pasillo, blanca como la espuma de las olas del mar rompiendo, serena como la manecilla corta del reloj de pared, Delilah, la gata, se quedaba custodiando la esquina durante al menos una hora, si más que hacer que proyectar su verde mirada sobre una minúscula grieta en la pared. 

    Al principio no le di importancia, pero sé que el instinto felino oculta secretos que los hace sabios, así que empecé a preocuparme. Me quedaba observando, junto a la gata, la grieta que se formaba en la pared. En poco tiempo empecé a percibir una amenaza, algo tenebroso que se desprendía de esa esquina del pasillo, derramando oscuridad al aire como una nube cargada de lluvia.

    Esa noche Delilah había faltado a su cita y sola quedé en el pasillo mientras los rayos de sol se ocultaban en el horizonte. La grieta de la pared empezó a supurar humo negro, que caía en cascada, depositándose en el suelo como lava negra escupida de un volcán. Avanzaba espesa sobre las baldosas blancas, ensuciándolas al contacto con un rumor alquitranado, susurro de palabras, de símbolos extraños que quedaban grabados al pasar.

    Al ir acercándose aumentaba el cuchicheo hasta convertirse en cánticos, que se dirigía a mí convertidos en una espesa niebla negra, avanzando lentamente. A ritmo del creciente miedo que me invadía, fui retrocediendo hasta acabar arrinconada en la pared contraria. De la espesa humareda fue formándose un largo brazo con una garra negra de dedos afilados, que tanteaba el suelo, buscando palmeando y arañando, infectando todo lo que tocaba de su sucia lobreguez, hasta que cerca de mí paró mientras mi respiración se desbocaba.

    De la ventana saltó iluminándolo todo. La pequeña Delilah parecía tener alas, y a la velocidad de la inercia de un salto llegó a mi lado. Su zarpa inquieta atravesó la palma de la garra de humo, entonces abierta, disolviendo con aire su negrura, haciendo retroceder la sucia marea que la alimentaba hasta quedar dentro de la grieta de la pared,  donde nunca tendría que haber salido.

    Siempre he pensado que la gata me daba paz, al sentir su ronroneo acariciarme en las noches de frío, al escuchar sus leves pasos por la mañana, al despertar, o las tardes de lluvia, con su revoloteo frente al cristal de la ventana. Ahora también me hace sentir querida y segura. Delilah no es solo mi amiga, sino también es parte de mi familia.

    The Jesus and Mary Chain – Darklands

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  • Un dinerillo

    Sugerencia de escritura del día
    ¿En qué has trabajado?

    Tras su sonrisa tan cordial, su mirada me decía que había algo más. Algo que no sabía explicar. Extraño como su forma de comportarse conmigo. Como todas las mañanas, me la crucé en la entrada de su casa.

     – Hola cariño, que vaya bien en el colegio.

    Y es que la vecina, estaba siempre en la puerta de su casa, la veía allí cuando iba al colegio, cuando volvía, cuando salía a la calle con mis amigos. Incluso aquella noche, cuando me llevaron corriendo a urgencias por aquella intoxicación de chocolate en mal estado, estaba en la puerta de su casa, con aquella sonrisa rara. Inmutable.

    Ayer, al volver del colegio, me paró sonriendo, me ofreció las galletas que acostumbraba a hacer y me dijo.

     – Niño, estoy ordenando el trastero, y me vendría bien dos brazos fuertes para mover unas cajas ¿Te gustaría ganar un dinerillo?

     – No sé, señora, se lo preguntaré a mis padres.

     – ¡Oh, cielo! Seguro que te dicen que sí. Vente esta tarde y te ganarás unos cuantos euros y te dejaré quedar con los trastos que ya no necesite.

    Como quise ser buen vecino y la posibilidad de tener algo de dinero me resultaba atractiva, a las cuatro y media estaba tocando en su puerta. Fue la única vez que no estaba ahí con la sonrisa encendida, esperando a que pasara.

     – Hola, niño, pasa, pasa. Te estaba esperando.

    Nada más entrar me invadió el recuerdo de los días de Navidad, una casa ordenada y decorada, con aroma a cocina antigua, a cebolla refrita con pimientos y especias, para preparar el asado y tarta de manzana de postre.

     – Hola señora, ¿Está esperando visita?

     – Sí, niño, hoy van a visitarme mis antiguas compañeras de… de la facultad. – 

    La vecina me indicó que llevara unas cajas. Estaban amontonadas en la habitación, quería que las fuera llevando al trastero. Y eso hice. Fui llevando trastos de un lado a otro. En una ocasión me asomé a la cocina, muy extraña, con un horno enorme. ¿Querría asar un caballo?

     – Oh, niño, estás trabajando mucho. Ven, descansa un rato, tómate esto. He hecho pastelitos, ¿quieres probarlos?

     – Señora, ¿esto es vino?

     – Vino dulce ¿Qué? En mi tiempo se le daba a los niños, con azúcar, para que crecieran fuertes.

     – Si usted lo dice.

    Yo ya había probado la cerveza y en alguna ocasión el champán en Navidad, además. Mi tío Enrique, a veces, también me daba a probar ese licor de cerezas que tanto le gustaba y tanto ardía al tragar, a escondida de mis padres, claro. Cada tres cajas tocaba uno de los ricos pastelitos de chocolate y una copita de vino dulce. A la hora, estaba tan mareado que me costaba pensar. 

     – Oh, niño, ¿estás cansado? No te preocupes, acuéstate un rato en esa habitación, luego continúas.

     – No hace falta, puedo seguir.

     – ¡Que entres, niño! No me discutas.

    Aquí pasaba algo raro. Entré en la habitación y me acosté en la cama, me sentía mareado pero no tanto como para perder el control. Aunque hice un poco de película,  tambaleándome y dejándome caer a peso sobre la cama. Me sorprendió cuando escuché que cerraba con llave, así que empecé a explorar alrededor.

    Era una habitación pequeña de narices, con rejas en la ventana y un armario empotrado, que abrí encontrando libros escritos a mano, con tapa vieja y símbolos incomprensibles, raros y llenos de aristas. Intenté sin conseguirlo abrir la puerta, así que pensé en llamar la atención de alguna manera.

     – ¡Señora! ¡Me estoy meando! ¡Me meo mucho! ¡Ábrame, por favor! ¡Me voy a mear aquí! – 

     – ¡Ay, niño! Espera, que ya voy.- Dijo mientras se escuchaba caminar por la casa. – Ni se te ocurra ensuciar el cuarto.

    Salí de la habitación tambaleando y simulé querer vomitar por el camino. Me guió al cuarto de baño y me empujó dentro. Abrí el grifo del lavamanos y me dispuse a salir por el ventanuco que había justo al lado de la antigua cisterna del váter. Casi no cabía por allí, pero conseguí acceder al patio interior. 

    La señora preguntaba que si me faltaba mucho desde la puerta del baño, yo ya había recorrido todo el pasillo que daba a la cocina. Si era como la de casa, debía tener salida al exterior. El horno enorme estaba prendido y abierto, había cacerolas burbujeantes y un libro de recetas abierto por la página del centro, con un dibujo de una persona atada de pies y manos con una manzana en la boca. Fue entonces cuando empecé a tener miedo de verdad. Ya no pensaba que la vecina era una señora chiflada, ahora pensaba que era una bruja peligrosa.

    La puerta de la cocina cerrada, como ya había pensado, era de cristal, pensé en usar algo para romperlo. Pero para ganar tiempo tenía que cerrar la cocina. Al aproximarme al pasillo vi un gato negro entrando, era enorme y tenía cara de pocos amigos. Me bufó y se abalanzó sobre mí con fiereza.

    De los videojuegos conseguí reflejos de guepardo, conseguí esquivar al estúpido gato sin esfuerzo, que con el impulso entró en el horno de cabeza y yo cerré la puerta, dejando al felino cociendo dentro entre siniestros maullidos. 

     – ¡Niño maleducado!

    La señora se había dado cuenta de que me había escapado y ahora venía corriendo por el pasillo, cerré la puerta de golpe y tranqué calzando una silla. La vecina golpeaba la puerta con rabia, se escuchaba sus uñas, arañar la madera. Desesperado por escapar, tiré uno de los calderos a la puerta de salida, se rompió el cristal en mil pedazos, sin mucho cuidado logré salir de una pieza y sin heridas graves. Tras de mí, la señora, gritaba como una poseída. Pero no se atrevió a perseguirme mucho trecho fuera de su casa, por suerte.

     – Es por eso, Don Matías, por lo que no pude hacer ayer la tarea.

    Lori Meyers – Punk

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  • Abrázalo

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es el objetivo personal más difícil que has conseguido por ti mismo?

    Suspendido en un tanque de aislamiento, entre la viscosa mezcla de fluidos para la conservación corporal, flotaba en estado insomne. En sedación programada, almacenado, a espera del veredicto.

     – Bien, empecemos, ¿dónde está el psiconauta?  

     – Preparado, Ilustrísimo Señor, titulado 1473/46ESP.

     – Recién licenciado ¿verdad?

    – Así es Señor.

    – Bien, suerte en su primera inmersión. active el sincrónico mental.

     – A sus órdenes.

    El recipiente se iluminó a la vez que el psiconauta 1473 conectó su casco a la red de la sala. Un zumbido hizo vibrar el suelo, las pantallas empezaron a emitir datos, la constante principal eran dos ondas mentales, la del acusado y la del operario mental, cada una de un color.

     – Sincronicen.

    El Psiconauta torno su mirada en blanco, respiró hondo y exclamó.

     – Sincronización completa, Ilustrísimo Señor.

     – Cuando esté preparado comience el descenso.

    En el monitor se habían superpuesto los gráficos de las dos ondas mentales, el navegante mental consiguió cerrar sus ojos, que no dejaban de moverse, como en un mal sueño. 

    – Estoy dentro, Señor. Es horrible, hay sangre por las paredes y por el suelo, está lleno de huellas ensangrentadas, las paredes son estrechas, me estoy manchando… 

     – Bien 1473 ahora siga mis instrucciones y todo irá bien, no se asuste. Búsquelo y cuénteme lo que está pasando.

     – Es un pasillo enorme, las huellas me llevan hasta el final del pasillo, estoy siguiendo su dirección, el sujeto está al final y está arrastrando el cuerpo sin vida de una mujer.

     – Bien, persígalo.

     – Entra por una puerta.

     – Bien, de prisa, entre.

     – La puerta me lleva a una escalera descendente, hace frío, las paredes son blancas y están llenas de sangre.

     – ¿Lo ve?

     – No

     – No deje de bajar, avance.

     – La escalera da hacia la entrada de un parque, está iluminado por farolas antiguas, algunas funcionan de manera intermitente. Hay un rastro de sangre que… Por ahí lo veo, sigue arrastrando el cadáver…

     – Bien, tiene que seguirlo, descríbamelo todo.

     – Estoy entrando en el parque, voy a unos cincuenta metros del sujeto, él contempla los árboles, está despistado, absorto en el paisaje.

     – Está usted dentro de los sueños del sujeto, en parte está reviviendo recuerdos, no lo pierdas de vista, pero no le llame la atención, necesitamos saber qué ocurre.

     – Tuerce a la izquierda, cambiando de sendero, entra en una caseta, como las que usan los jardineros para guardar sus herramientas.

     – Entre usted también.

     – Es muy pequeña, me va a ver.

     – Entre, no le va a pasar nada.

     – Dentro es como una casa, una de estas de madera antigua, el sujeto sube unas escaleras que lleva a un piso superior. El cadáver está cambiando, parece más grande. O no sé si es el más pequeño.

     – Eso es, 1473, explíquemelo todo, ¿lo ve ahora?

     – Ha entrado en una de las habitaciones, voy a entrar.

     – Sí, no le pierda la pista.

     – Tras la habitación hay una playa, he salido en una caseta, de las que se usaban para cambiarse, está desierta, y llueve ligeramente, él es más pequeño y el cadáver… está vivo, se está arrastrando, es mucho más grande y ya no es arrastrado, le está siguiendo. Entran en lo que parece una tienda de campaña, de las que venden en los grandes almacenes, en la sección de artículos de camping.

     – Entre, no lo deje atrás.

     – Estoy saliendo de una carpa, como la de un circo, es un parque de atracciones, o más bien una feria de pueblo, con su noria y su tío vivo. Hay poca gente, el sujeto ahora es un niño, y el que antes estaba muerto ahora lo lleva de la mano. Entran en la atracción de los espejos.

     – Perfecto, no deje de describirlo todo, es muy importante.

     – Está todo oscuro, pero los veo, aparecen en un haz de luz, el que estaba muerto le grita, le chilla muy fuerte, le dice que parece imbécil, que si no sabe comportarse, le está pegando, muy fuerte. No sé qué hacer. 

     – Acérquese, y cuénteme lo que pasa.

     – El hombre se acaba de largar, se ha escuchado un portazo, pero el niño ha quedado aquí, llorando y sangrando por la nariz, me está mirando.

     – Ahora abrace al niño.

     – Pero sigue siendo el sujeto, es un asesino.

     – ¡No! En este estado de su mente es un un niño indefenso, ya sufrirá su castigo cuando lo reanimemos. Usted abrace al niño.

    Korn – Insane

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  • En los límites de la realidad.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué series veías de pequeño?

    De pequeño me obsesionaba sobre todo una serie llamada en los límites de la realidad, en tiempo de los dos rombos, la censura parental estaba a la orden del día, así que para poder ver la serie saltaba por la ventana de mi habitación, recorría toda la terraza común que había en el edificio, para, a través de la  gruesa cortina, poder entrever las imágenes de esa pequeña televisión en blanco y negro que adornaba el salón.

    A veces hacía malabares para poder levantar la persiana, mal meter mi cabeza por el hueco resultante y poder ver el episodio de la semana, cualquiera de los vecinos del edificio de enfrente podía tener el espectáculo de un niño de ocho años, con pijama de Mazinger Z, siendo engullido por la ventana y masticado por una persiana, que se quejaba con los estertores del infante. Lo cierto es que ningún vecino fue lo suficiente bellaco para chivarse sin escrúpulo a mis padres de mis aventuras, eran buena gente y se limitaban a apostar sobre una posible caída y un posterior atropello.

    El sonido no era problema, ya que como mi abuela era más sorda que la estatua de metal mohoso del parque, las conversaciones de la serie podían ser escuchadas sin el menor de los problemas a dos kilómetros a la redonda, consiguiendo ocultar mis constantes peleas con el entorno, para permanecer agarrado a la ventana.

    Una vez, agarrándome como de costumbre a cualquier saliente, tuve la mala suerte de resbalar y caer justo donde estaba el cactus. No sé quién tuvo la maldita idea de poner semejante ente diabólico justo bajo la ventana, un ejemplar mexicano que produce el mismo efecto al pinchar que un habanero restregado en un ojo, por lo que mi grito fue espectacular. El alarido fue tan grande que llegué a despertar a familias enteras en Dinamarca. Obteniendo el auxilio de mi familia, que mientras me extraían pinchos de cierta parte de mi anatomía me iban preguntando cariñosamente “Qué coño hacía allí a esa hora”.

    Al verme atrapado quise contar la pura verdad.

     – Yo estaba en mi habitación cuando un resplandor con un poder anti-gravitatorio empezó a hacerme levitar, y claro, debe ser que perdieron sintonía justo cuando pasaba por aquí, así que caí del cielo. Sí, al puñetero cactus. 

     – Claro, igualito que en el episodio de hoy de los límites de la realidad, ¿no? – Me respondió mi madre.

    En defensa propia les dije que quizás el episodio era en directo y que quién sabe por qué el OVNI me dejó caer, que eso era un misterio más sin resolver. Por si acaso, en el tiempo que estuve injustamente castigado,  le mande una carta con lo ocurrido a Steven Spielberg quien poco después dirigió uno de los episodios para la pantalla grande, el muy sinvergüenza no fue ni para mandarme unas entradas para ir a verla al cine del barrio y desde entonces simpatizo más con George Lucas, aunque también terminó cayéndome mal por poner a Leia con tanta ropa en su última película.

    Filter – One
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  • Un sistema nuevo

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué te motiva?

    Su aspecto era inmaculado, vestido con un traje gris y corbata negra con finas franjas amarillas, combinaban a la perfección con el tatuaje amarillo y negro que asomaba en su cuello. Esperaba atento a todos los asistentes en la puerta de la sala de conferencias. Con el aura de autoridad que no pasaba desapercibido, contrastando con la armonía de su voz.

     – Buenos días, ¿cómo están? Empezamos en breve. Tomen asiento por favor. 

    Entró el más rezagado un par de minutos después de la hora acordada, de inmediato cerraron las puertas de la sala y se iluminó la gran pantalla existente con el logotipo de la empresa.

     – Señoras y señores, gracias por estar aquí y sobre todo por prestarse voluntarios a este experimento, que os hará pioneros en este sistema que pretende cambiar el mundo tal y como lo conocemos, ¿alguien de ustedes quiere enseñarme su tatuaje?

    Como si se tratase de la orden de mando de un sargento instructor del ejército, todos los participantes se arremangaron la ropa para enseñar su tatuaje, casi todos en el mismo sitio, en el antebrazo, de distintas formas, pero todos de color amarillo y negro.

     – ¡Me encanta la aptitud de este equipo! Como sabréis, la primera fase de la instauración del tatuaje fue todo un éxito, millones de clientes por todo el mundo disfrutan de él y de todas las ventajas que conlleva tenerlo. Ahora en vuestro cuerpo tenéis una evolución ¿Tenéis todos los dispositivos adicionales que se os dio?

    Todos hicieron un gesto positivo, algunos enseñaban la caja blanca que los contenían, otros mostraban los minúsculos aparatos directamente como si fueran fáciles de ver de lejos, algunos de ellos simplemente gritaron un “sí”.

     – En breve empezaremos a dar la formación completa para su uso, hoy les vamos a resumir la función principal, la asistencia a la venta. Este equipo hace que estén conectados a un nodo donde se les va a facilitar cualquier dato que sea necesario para realizar la venta. Todo esto a tiempo real, obtendrán respuestas y estrategias inmediatas. Así que solo tienen que seguir las instrucciones para poder cerrar el proceso. Según los cálculos, van a lograr  una efectividad de un noventa y ocho por ciento en el cierre de ventas.

    En la tercera fila se vio una mano alzada, enfilaron hacia ella todas las miradas del recinto y entonces, con la lentitud de un reo que va hacia su celda, se puso de pie un tímido señor con cara de temor mal disimulado.

     – A ver, ¿alguna duda en la fila tres?

     – ¿Y si por casualidad el sistema falla?

     – No hay fallos reconocidos.

     – Pero ¿y si no hay cobertura? ¿Si hay algún tipo de interferencia de señal?

     – No existen fallos conocidos, si fuera así se les notificará al momento.

     – ¿Y si el fallo es nuestro? Por ejemplo, de comprensión.

     – En ese caso el tatuaje lo detectará y se volverá a dar instrucciones, se les planteará de otra forma mas sencilla.

     – ¿Y si aun así hay fallos?

     – Vamos a ver, ¿Conoce el programa?

     – ¡Claro!

     – Entonces sabe que según sus logros tienen bonificaciones, ¿no?

     – Sí, las conozco…

     – En este caso, van a tener más gratificaciones, al haber más ventas van a tener más comisiones y más incentivos. Van a conseguir paquetes vacacionales, suscripciones a servicios, sanidad, regalos varios, hasta vehículos oficiales y descuentos en productos. Lo sabe, ¿no?

     – Sí, por supuesto.

     – En caso de que el cliente, a pesar de todo, no quiera la venta, pues nada, no generará esos beneficios, pero no os vamos a hacer responsables de las decisiones del cliente. Hasta ahí lo ven bien, ¿verdad?

     – Sí, claro.

     – En caso de que haya alguna negligencia, el sistema lo detectará, y en ese caso, solo en ese caso, se les aplicará dolor neuronal.

    System of a Down – B.Y.O.B.
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  • El cuento

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Sobre qué temas te gusta escribir?

    Pinceladas rojas de sol asesinado por el anochecer, pintaban las grises nubes, que escoltaban una pálida y llena luna en el sendero del bosque. Selena, enajenada con el murmullo de sus pensamientos, se dejó atrapar por el tiempo, caminando despacio rumbo al hogar.

    De la penumbra llegó, siguiendo los distraídos pasos de la joven, unos ojos grises iluminados por el resplandor del plenilunio. Hechizo de cazador, relamiéndose oculto tras el retorcido movimiento de aquel roble que, de tan anciano, sollozaba descanso eterno.

    Ruidos tras ella, rechinar de garras en madera haciendo apretar el paso a la dama por temor al manto oscuro que se cernía doble ella.

    Galope sombrío tras los árboles.

    Apresurados pies de ángel con melena al viento.

    Hocico husmeando el viento.

    Olvidando los pasos, corriendo.

    La fiera feroz se abalanza.

    La joven asustada, mira hacia atrás y con voz temblorosa pero firme, se dirige a    la criatura que la persigue y le dice;

     -¡Coño José Miguel! ¡Qué susto!

     – Perdona Selena, me dejé llevar – Dijo el monstruo entre gruñidos.

     – ¿Pero tú te crees que se puede ir persiguiendo a la gente así? Se lo voy a decir a tus padres-

     – Joder, perdón Selena, es que desde que me mordió aquel lobo…

     – ¿Y eso te da derecho a perseguirme por todo el jodido bosque?

     – Perdón- La bestia espectral empezó a gemir sintiéndose un cachorro asustado.

     – La próxima vez se lo digo a tu madre. Y ahora me acompañas a casa.

     – Vale, ¿me invitas a chicle?

     – Claro.

    Selena, con su caperuza roja,  se adentro entonces en las sombras, entre los retorcidos árboles del bosque, está vez en compañía del lobo, que saltaba alegre jugando a su vera.

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