Categoría: sueños

  • Cuervo

    El cuervo picoteó la tumba, lo hizo con sarna, como si le molestara el tacto de la losa fúnebre. Ella se asustó un poco del aleteo del animal, pero algo en su mirada le resultó familiar. 

    Trescientas cuarenta y seis lágrimas derramó, una por cada flor, una por cada día de visita. Ya casi había el ramo de un año. De rosas blancas y lilas, negras también, algunas rojas de amor roto, como la de hoy.

    El cuervo graznó su negrura, asustando a la viuda de nuevo. Pero había una idea en su cabeza que, nublada desde hace mucho, no terminaba de iluminarse. Quizás era mejor preguntar.

     -¿Eres tú, Rafael?

    El cuervo graznó dos veces. Cualquiera que entiende del canto de dolor de las aves, sabe de buena tinta, que dos graznidos significa “no”. Ella lo entendió y guardó silencio. El pájaro negro, con voz ronca, le contestó.

     -Yo no soy él. Solo soy el recipiente de su alma, pero puedo contestar por él. ¿Qué quieres saber?

     -Quiero saber por qué, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué se fue?

     -Se fue porque su misión no podía continuar aquí. Es más útil en otro lugar.

     -¿Qué es más importante? Yo… Lo necesito.

     -No, tú no lo necesitas a él, te necesitas a ti.

     -Pero yo le quiero.

     -Y él a ti. 

     -Entonces, ¿A qué vienes, Rafael?

     -A dejarte marchar.

    La última rosa manchó de perfume la tumba, aroma de adiós, de principios de lluvia de octubre.

     -¿Te volveré a ver?

     -Sí, pero cuando lo hagas ya no seré yo.

    El cuervo voló hasta perderse en el firmamento. La noche cubrió de paz los últimos rayos de sol, paz con el triste sabor a ramos de flores marchitas y a cenizas que han de buscar su candela para renacer en ella.

    Diary Of Dreams – She and Her Darknes

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  • Alas de estornino

    Atrapada entre el canto de los estorninos, vencida sin remedio por el peso de los párpados, entre el verde de la pradera y el azul del cielo, suspiró. De su boca se elevaron mariposas blancas, queriendo alcanzar el sol entre las brumas. De sus manos y pies, las raíces encontraron líquido alimento para el murmullo de su pecho. Y su cabello, se deshizo en bucles de tiempo, en el amanecer del rocío, en el amor del río por el mar eterno. 

    Y el mar rompió en sal las lágrimas de otros.

    Ella ya era universo.

    Y se convirtió en recuerdo. 

    Dead Can Dance – Opium

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  • La generosidad incomprendida.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué pequeña mejora puedes hacer en tu vida?

    El suelo era rojo, arenoso, con pequeños guijarros color arcilla. Había una huella bien impresa con la forma de la suela de una bota. Destrozando el centro de la forma impresa en el suelo, justo donde se leía claramente, NASA, apareció un apéndice que transportaba un ojo. Pestañeando a ratos, hizo un giro completo y miró hacia abajo. 

    A su lado comenzó a salir otro ojo, imitando a su congénere, aunque de una manera más lenta. Siguió con la mirada el camino de huellas que se perdía en las dunas rojizas del paisaje y entonces se permitió pestañear.

     – ¿Otra vez están aquí? – Le dijo un ojo al otro.

     – Ya ves, la última vez, el individuo metálico estuvo dando vueltas por toda la superficie.Vaya ser más extraño. Recogía rocas, yo supongo que se las comería. En una ocasión hizo un agujero en la tierra con un apéndice giratorio, que casi le dio en la cabeza a Pgñor.

     – ¿Sabes lo que quieren? ¿Alguien ha hablado con ellos?

     – No, el individuo hacía ruiditos incomprensibles, parecía muy poco inteligente. A veces le daba por chocar constantemente con la misma piedra, otras se pasaba horas caminando en círculo. Ni idea de qué estarán buscando por aquí. Igual tienen hambre, aquí hay muchas rocas.

     – Será que de donde vienen no hay.

     – ¿Qué no hay rocas? ¿Qué lugar conoces que no las haya?

     – ¿Será que las que hay aquí son más sabrosas? Quizás deberíamos ofrecerles algunas como acto de buena fe. Aunque los que han venido ahora son algo distintos, tienen dos patitas, dos bracitos y un cabezón monumental. Quizás coman otras cosas.

     – Les podemos ofrecer unas raíces de Kgbrauna.

     – Muy sabrosas las del tío Rñ Fauro, ¿cómo lo hacemos?

     – Mejor se las tiramos, por eso de mantener las distancias.

     – ¡Vale!


    Era muy distinto ver el paisaje desolado desde la comodidad de la base que caminar por aquí. El cielo, enrojecido por el reflejo del propio planeta, daba el aspecto fantasmagórico de una película de John Carter al paisaje. Eric Moore sentía el calor del orgullo de ser el primer humano en pisar estas tierras, seguido de su compañero Vladímir Ivanov y RAI el primer autómata dotado de inteligencia artificial expresamente ensamblado para esta misión. 

    Habían recorrido casi dos kilómetros, con una visibilidad mínima por la suspensión de polvo del ambiente, haciendo el trayecto monótono.  Las dunas de arena le recordaban los pasajes que recorría Paul Muab´dib en las novelas de Frank Herbert. En una pausa para recuperar aliento, sintió un golpe en la parte trasera del casco. Se dio la vuelta con preocupación, pero no pudo divisar nada.

     – Vladímir, ¿me copias?

     – Afirmativo, Eric, estoy pendiente.

     – He notado algo en la parte posterior de la escafandra, ¿has visto algo extraño?

     – Nada, ningún sensor me ha señalado algo anormal. 


     – Parece que el extraño no ha visto la raíz de Kgbrauna. – Le dijo el ojo que sobresalía de la huella al otro que estaba a su lado.

     – Tírale una más grande.


    El golpe esta vez fue tremendo, tanto que le hizo caer quedando postrado a gatas. Al mirar atrás, no podía creer lo que vio.

     – Vladímir, me acaban de lanzar un objeto. ¿Habéis captado algo?

     – Esta vez sí, un objeto redondo, como un balón de baloncesto, ha salido de debajo de la tierra. ¿Ves el proyectil?

     – Sí, parece un nabo, una zanahoria redonda de color granate, vamos, una hortaliza.

     – Cuidado, agáchate, que viene otra. 

     – ¡Coño, Vladímir! ¡Avisa a Houston! ¡No atacan los marcianos!

    The Ghost Aura – In Machine

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  • Penumbra


    Noche, que sin farol, se presenta absurda presencia translúcida que, sin caricias, opaca de claro de luna. Sin tu sabor, mar de olas inversas que no rompen en espuma, solo huyen, escapan de mi ser, sin más adiós que el silencio, creador de brumas al pasar por tu lado. 

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  • La señal de la Cruz

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuáles son tus marcas favoritas? ¿Por qué?

     – La ciruela es la forma que tiene Dios de comunicarnos placer.  -Dijo metiéndose la fruta de golpe en la boca.

     – Hermana Valentina, algún día, con sus impertinencias, se va a atragantar y morirá sin remedio

     – Mejor, así conoceré por fin a Dios, me han dicho que es mi marido.

     – Si no vas directamente al infierno, por blasfemar tan a menudo.

     – Igual, en el infierno incluso me tratan mejor, porque mi marido no es capaz de tener un detalle conmigo. ¿Será guapo el diablo, hermana María?

    La monja, que fingió no haberla escuchado, pero no pudo evitar que le enrojeciera el rostro dejándole las mejillas color cereza, agachó con espanto la cabeza.

     – Hermana Valentina, deja de meterte con la hermana María, ¿no ves que anda ocupada con sus labores? 

     – Bueno, ¿qué mal hay en una conversación agradable mientras se trabaja? ¿O es que hay también que guardar silencio al remendar o barrer? Que yo sepa la penitencia del silencio es voluntaria.

     – Lo que no puedes hacer, hermana, es incordiar a todas tus compañeras todo el tiempo. Ya podías echar una mano en vez de andar siempre de acá para allá deambulando.

     – Ya, si me dejarais salir de vez en cuando, yo no me aburriría tanto. 

     – Ya hemos hablado de eso, las normas son las normas. Pienso que el castigo es una solución bastante efectiva para evitar caprichos innecesarios.

     – Y ¿quién me va a castigar, Dios? Pues la Madre superiora aprecia mucho la cantidad de dinero que le da mi padre, el duque, para que yo no moleste en sus asuntos y pase desapercibida. 

    La joven novicia cerró de un portazo la sala y desapareció por el laberinto de pasillos.

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  • La luz de la farola

     – ¡Qué extraño, Nube! No son ni las diez y la calle está desierta, ¿habrá partido hoy?

    La perrita movió la cola contenta al escuchar su nombre y siguió husmeando el suelo en busca de rastros de los amigos suyos que habían firmado las paredes. En su paseo nocturno, Juan fantaseaba muchas veces con redes sociales caninas, en las que, escribiendo a golpe de vejiga, los canes contaban sus historias y vivencias. Por eso, él era muy delicado a la hora de que Nube se tomara su tiempo olfateando árboles y esquinas.

     – Vamos, ¿no quieres pasear esta noche? No pasa nada.

    Atenta a su dueño, como si entendiera sus palabras, siguió caminando. Estaba algo inquieta y, en tramos, no quería caminar. El recorrido siempre era el mismo, giraba a la derecha y miraba los árboles del pequeño jardín de cuatro árboles que, en un intento de hacer algo estético, los del ayuntamiento habían amontonado en un hueco. Luego su camino era recto hasta llegar al fin del callejón. La perrita olisqueaba cada una de las tres farolas que iluminaban la calle y volvían a casa deshaciendo el camino. 

    Hoy, la última farola no quería encender bien, centelleaba varias veces y se apagaba unos instantes, hacia ese ruido característico de energía derivada, incluso al acercarse parecía oler a chamusquina. Eso inquietaba a la pequeña terrier, que no quería caminar.

     – Vamos, Nube, no te asustes, te pareces a Maite. Ella era tan miedosa, me llamaba cuando le perturbaba algo, que era siempre. Una cucaracha cruzando el pasillo, ruidos en las bisagras, me acuerdo una vez que nos entró el gato del vecino por la ventana y casi se nos va de un infarto. Sí, Nube, tú no hacías más que ladrar. 

    La perra decidió continuar la marcha, despacito, alejándose de la intermitencia de luz de la farola estropeada. Mientras, Juan ya estaba en otro mundo, uno que solo ocurre en su cabeza y que a veces lo hace ir muy lejos, hasta el pasado. Al cruzar la zona de discontinuidad de luz, ella gimió de miedo.

     – Sí, nube, yo también la echo de menos. Mucho.

    Sintiéndose un poco mareado, Juan apoyó su mano en la última farola, y de pronto todo oscureció. Todo se silenció. Sintió cómo caía sentado al suelo y quiso creer que fue una leve pérdida de conocimiento. Consciente de que la perrita ladraba histérica y le lamía la cara con desesperación, empezó a levantarse. La luz empezó a relampaguear otra vez. El camino se volvió a iluminar.

     – No pasa nada, Nube, volvamos ya.

    Juan, con trabajo, empezó a caminar de regreso. La inquieta terrier tiraba de la correa queriendo huir del lugar. Tardaron un instante en llegar al portal. Nube lloraba y se desesperaba por subir las escaleras. Olfateó con nerviosismo bajo la puerta, mientras Juan giraba la llave. Al abrirla, junto con el clic de la cerradura, descubrió luz en la cocina.

     – Anda, Nube, dejamos la luz encendida. ¡Nube, para! ¿Dónde vas tan deprisa?

    No dejó siquiera que le desatara la correa, de un tirón, se soltó y, llorando con desespero, corrió hacia la luz. Se asomó preocupado y lo que vio le hizo buscar asiento. 

     – ¿Pero qué tiene este bicho que parece que hace un año que no me ve?—dijo la señora que estaba preparando una infusión para dos. – ¿Y tú? Estás blanco, parece que has visto un fantasma. ¿Pero bueno, qué os ha pasado?

     – Maite, ¿eres tú? 

     – ¡No! Soy Whitney Houston. ¡Chico, me estás preocupando! 

      – ¿Qué día es hoy? – Preguntó Juan intentando disimular su estado de pánico. 

     – Pues es 3 de junio, Juan. -Respondió ella con cara de preocupación—. ¿Recuerdas que mañana voy a ver a mi madre por la mañana temprano, no? Que te vas a quedar solo una semana. ¿Estás bien?

     – No, Maite, no te vayas. Iremos los dos otro día, pero no te vayas.

     – ¿Pero qué te pasa?

     – Tengo la certeza de que si te vas mañana, no volverás.

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  • Refugio para animales en extinción.

     – Mírala, con sus ojitos azules y su mirada de “sácame de paseo”. ¿No es un encanto? Esta se llama Dorothy y es un amor. Yo me la llevaría a casa, pero ya sabes cómo se pone tu padre. 

     – Mamá, no entiendo por qué te obsesionas tanto con esos bichos, no son buenas mascotas, algunos hasta peligrosos. Una amiga de la oficina casi pierde un ojo por algo que le había lanzado el suyo.

     – Seguro que lo trataba mal. Rencorosos sí que son. Y tienen memoria, si le haces algo malo, lo recuerdan. Pero mira lo adorable que es esta. ¿La sacamos de paseo? La asociación pide voluntarios para hacerlo. 

     – Está bien, mamá. Pero no nos la vamos a llevar. ¿Quién se va a hacer cargo de este animal salvaje? 

     – Hay quienes les enseñan a hacer cosas, van a por el móvil, te riegan las plantas, incluso hay gente que los adiestran para que les limpien la casa. Mírala, si es adorable, con ese parloteo tan rarito que tiene, ¿no es una monada? 

     – Son muy pequeños para esas tareas. Además, ya tenemos máquinas más eficientes, nos las podemos permitir.

     – Pero así contribuimos a salvarlos. 

     – Verás, yo veo bien que se protejan las especies, que intentemos la repoblación de las criaturas endémicas del…

     – ¡Más nos vale! Fuimos nosotros los que casi exterminamos la especie.

     – Te recuerdo que, hace siglos, ellos eran los dominantes aquí. 

     – Y nosotros destruimos sus viviendas, arrasamos su mundo. Y fue porque el nuestro está superpoblado y ya casi no tiene recursos. Somos monstruos y tú no quieres hacer nada para ayudar a los más débiles.

     – ¡Ay, Mamá! Quédate a tu humana, si quieres. Ya eres mayorcita, pero si te muerde que sepas que tu solita te lo has buscado.

     – Claro que sí, mi vida, pero ayúdame a convencer a tu padre.

    The Clash – Washington Bullets

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  • Reformular palabras con letras perdidas

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué haces para integrarte en la comunidad?

    Cierto día, dibujando nubes en mi cuaderno viejo, descubrí con espanto que había vocales que, como presos de pánico en una cárcel de situaciones incómodas, estaban huyendo de mí.

    Me di cuenta de la desaparición de la a cuando, al expresar alma, apareció en su lugar el éter, que con su efluvio desordenado me invitó a la calma. Yo, carente de la comprensión de la letra en fuga, quise entender que era el colmo, condenado el significado de la paz, convirtiéndola en la lid de un ejército sin batalla.

    Se me atragantó la vocal, cuando quise amar y solo supe querer, cuando al caminar solo pensaba en volver y cuando un rato después, la presencia de la desaparición de mi amiga sonora, se convirtió en tartamudeo sordo, no solo por no ser capaz de pronunciar, tan solo poder enmudecer, sino que además, la mar se convirtió en lamer y en vez de llorar, al no poder usar mis lágrimas, solo me quedó querer perder y esconder las palabras.

    Fue en un grito que supo a sorpresa cuando, de repente, en un atisbo de cordura, encontré a la letra que se había quedado muda. El miedo de la rima fácil que, con mi ingenio también perdido, y mis ganas de recuperar el tiempo, que en la juventud tanto gastaba, la había hecho esconderse en el paladar, justo en su curva, simulando ser la d de duna.

    Fue más fácil de encontrar la erre que se quedó entre mis dientes, Cuya ausencia me obligó a hablar en chino cantones, o la y griega, que vino sola, expresando afirmativos sajones, o cuando se extinguió la equis, que todavía no sé si existe o es tal vez, el amor de una madre en la alegría imberbe del día de antes de la noche de reyes.

    Love of Lesbian – Planeador

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  • Mi senda

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué hace que te centres en la vida?

    Al recorrer el sendero de la vida, fui recolectando momentos maravillosos, instantes de ensueño que me animaban a seguir un camino inmenso, de emociones profundas apresadas en memorias escritas y alegrías carentes, en apariencia, de estigmas. Con cada paso, granos de arena de tiempo pasado, que se depositaban en mis bolsillos. Pequeños baches de adoquines quebrados, tristes de pisotones insolentes de transeúntes sin piedad, que se incrustan en mis botas a cada paso. 

    Con el recuerdo de caricias descuidadas de hábito, sonrisas necias de latido lento, que cicatrizan corazones zurcidos con el roce del sereno, canciones de la marcha fúnebre a coro de guirnaldas célibes que, festejando el trato del tiempo, conformándose en el despojo de un sentimiento. Y la suma se convierte en peso, que me hunde en el barro, me arrastra en alegóricos pasos de rastro olvidado.

    Probaré, soltando una lágrima por cada lamento a dar, impulsarme despacio en el negocio de amar, inventar verbos errantes de ritmo, que signifiquen instantes de rezos al mar. Y que las olas me impulsen lejos, me hablen del silencio y me hagan flotar, muy lejos. Ojalá que los nudos se deshagan en llanto y dejen la brisa guiando mis manos, que a tientas, las caricias, lisonjeras de tu piel, remiendan la senda del acervo ajeno.

    Portishead – Wandering Star

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  • El cuentacuentos

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué trabajo te gustaría desempeñar por un día?

    – Mil años atrás, cuando las ramas de los árboles se tocaban entre sí, susurrando misterios en un bosque interminable, vivía una princesa encantada…

     – No, no hay presupuesto para una princesa, debe de ser otra cosa.

     -… Vivía una doncella encantada, apresada en la torre más alta de un castillo…

     – Tampoco castillo, ¿si no tenemos presupuesto para la princesa, lo vamos a tener para un castillo?

     -… Vivía una doncella encantada apresada en la habitación superior de una casa de campo…

     – Casa de campo también suena ostentosa, ¿podemos cambiarlo?

     -… La doncella estaba apresada en el sótano de una cabaña. Suspiraba la bella dama mirando por la vent… esto… y no miraba nada. Ocurrió que, por casualidad, el príncipe cazaba…

     – Sin príncipes, por favor.

     – … El cazador sin título nobiliario cazaba por la zona, montado en su caballo blan…

     – Tampoco nos da para un caballo.

     – Montado en su burro tordo.

     – ¿Puede ser sin animal? Se nos van a quejar los de las protectoras.

     – ¡Pero qué andaba cazando! ¿qué más da un burro?

     – ¿Es verdad, podemos variar algo?

     – ¿Qué variamos?

     – Todo, por favor.

     – Bien, empecemos. En el presente, en mitad de la gran vía, cuando los tubos de escape de la circulación matutina, bramaban a más no poder, secuestraron a Jimena. De familia humilde y corazón valiente, se enfrentó con un grupo de delincuentes juveniles de los años ochenta, que vestían mayas apretadas y camisetas de «Airon Maiden» y la encerraron en el garaje de la casa de uno de ellos. La dama suspiraba con la oreja pegada a la pared, ansiando la libertad como cualquier cantautor en épocas pasadas. Ocurrió que, pasaba por allí, por mera casualidad, un inspector de instalaciones de gas llamando a las puertas de las casas del barrio. Iba montado en un patinete eléctrico hecho en china, derrapando con clase por las esquinas…

     – ¿Iba por la acera? 

     – ¿Qué? 

     – Que si circulaba según las normas municipales, es por dar ejemplo.

     – Hombre, que es un cuento de hadas, ¿qué más da si da ejemplo o no?

     – Es verdad, y la chica ¿todavía estaba encantada?

     – ¿Encantada? Claro, claro, encantada. La chica, que había leído todos los manuales de construcción y reparación que había en la  biblioteca pública, pues de tan pobre que era no tenía otra distracción, consiguió hacer un puente en el mecanismo de apretura del garaje. Esto provocó un cortocircuito que prendió fuego al edificio y facilitó la apertura de emergencia de las puertas. Escapando casi fue atropellada por un patinete de la marca Guan Ming que, desestabilizado por el acto de esquivar, chocó contra una farola. La joven volvió felizmente con su familia sin que fuera necesaria la aparición de ninguna figura masculina al rescate. Cabe indicar que la familia de Jimena estaba constituida por dos madres lesbianas, una hermana saharaui adoptada y una lagartija de plástico reciclado como mascota. Además, eran veganos, practicaban budismo musulmán y apoyaban la práctica del comercio justo. Colorín colorado, este cuento se ha acabado. ¿Está bien así?

     – Solo un detalle mas, no me gusta lo de colorín colorado, es muy ambiguo.

    Iron Maiden – Run To The Hills

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