Categoría: pesadillas

  • Paseo por el desierto. (4:1-11)

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Sueles rechazar las cosas que se interponen con tus objetivos?

    El sol abrasaba sin piedad, y la arena hacía bien su papel de asador sobre sus pies descalzos. El horizonte nublado de calor, el paisaje monótono que termina en locura y en muerte, pero el sabía que solo podía hacer una cosa, seguir caminando arrastrando su túnica a su paso.

     – ¡Hola, guapo!

    Su espejismo fue mujer, no agua, ni sombra, ni descanso merecido tras días de marcha. Una hermosa señorita, vestida de cuero corto y negro, ceñido hasta estrangular sus extremidades, que hacía caso omiso a las inclemencias del desierto para seducirle.

     – Tengo algo que proponerte, ¿me acompañas?

     – Largo, aparición, no tengo tiempo para ti.

     – No soy una aparición, ¿quieres tocarme para comprobarlo?

     – No, gracias, si paro muero, no consigo nada prestándote atención.

     – Pero, ¿te has fijado en aquel oasis? Descansamos un rato allí y escuchas mi trato.

    La mujer señaló hacia la izquierda, la bruma producida por el calor se disipó en un conjunto de palmeras con abundante vegetación en una pequeña extensión de terreno. 

     – No me interesa descansar.

     – Vamos, hombre, date un respiro, no vas a perder nada por eso.

     – Verdad, nada pierdo por desviarme un poco.

    En lo que pareció un suspiro, se adentraron entre la sombra de los árboles, estaban protegidos por una baja formación rocosa que paraba la tormenta de arena. En el fondo, una grieta en la pared salpicaba el suelo de bendición líquida. Él corrió al sonido de la fuente y saltó sobre el charco que dejaba. La exuberante dama caminó hacia el hombre que se hallaba sentado en el agua.

     – ¿Ahora si me vas a hacer un poco de caso?

     – ¿Quién eres y qué quieres?

     – Oh, eso no es importante, me llamo Lucy y quería hacer un trato contigo.

     – ¿Lucy? ¿Cómo que no estás muerta? Con esa minúscula ropa de ramera y el poco cuerpo que tienes deberías estar seca. ¿Qué coño eres?

     – No es lo que soy, sino lo que puedo hacer. Puedo sacarte del desierto.

     – Estoy aquí por voluntad propia, saldré de él cuando lo necesite.

     – ¿Quieres riqueza? Tengo la posibilidad de bañarte en oro.

     – ¿Para qué? No necesito más de lo que yo mismo me procuro.

     – También puedo ser tu fantasía.- Dijo la dama bajando lentamente la cremallera de su escote.

     – Hace tiempo me hubiera encantado la idea, hoy, sin embargo, no. Además, no me resultas atractiva. 

     – Vamos, hombre, habrá algo que desees. ¿Una familia?

     – Una cabra.

     – ¿Una cabra?

     – Sí, sí, una cabra, que pueda pasear con ella, llevarla a pastar y me dé leche fresca todas las mañanas. Ese sería mi deseo.

     – ¿Seguro?

     – Sí.

     – Bueno, pues no se hable más.

    La mujer dio una patada a una palmera con la punta del tacón, de esta cayó un coco enorme que, al romperse, salió una pequeña cabra joven balando.

     – ¡Oh, es preciosa!

     – Vale, ahora solo tienes que adorarme.

     – ¿Qué? ¿Cómo se hace eso?

     – Oye, para ser el hijo de Dios eres un poco bobito, ¿no?

     – ¿Qué soy… quién?

     – Tú no eres Jesús de Nazaret?

     – ¿Te refieres al colgado ese que camina por el agua y abastece de vino en las bodas? 

     – Sí

     – Me lo encontré hace días y me regaló su túnica, a saber como estará, con este sol y sin ropa…

    Sleep Token – Take Me Back to Eden

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  • Fragil

    Se le veía pequeña, frágil, con la mirada perdida en un pensamiento pasado, oculto por el silencio. Pero ella no era así. Era vendaval en la albufera, notas de colores oscuros paseando por el pentagrama de misterios que, de saberlos pintar bien, todos sabríamos que ella, en mitad de la confusión de su piel, no era ella, era él. 

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  • ¿Empatía?

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué estrategias usas para lidiar con las sensaciones negativas?

    – ¡Sí, yo tengo una pregunta!

     – Adelante, Martínez, ¿qué no ha entendido esta vez en relación con el curso de atención al cliente?

     – Verá, nos ha recalcado que la empatía es muy importante, que nos debemos poner en la piel del cliente, es así ¿Verdad?

     – Así es, es muy importante escuchar al cliente, comprender su problema y actuar en consecuencia.

     – Sí, sí, pero tengo alguna duda con el modo de proceder.

     – Bueno, hemos explicado sobre la escucha activa y sobre la forma de obtener información y…

     – Sí, lo del interrogatorio lo entiendo, lo que no llego a comprender es cómo poder ayudar.

     – ¿Ayudar? No comprendo.

     – Ya lo veo.

     – No, no, póngame un ejemplo.

     – Vale, un cliente adquiere uno de los flamantes frigoríficos de alta capacidad. En seis meses este electrodoméstico tiene un fallo de funcionamiento. El equipo se apaga a raíz de una descarga eléctrica. El técnico que lo repara decide un trato inadecuado en el uso y descarta la garantía en la reparación. Se informa al cliente y se le da un presupuesto, a mi gusto, bastante elevado.

     – Vale, se le explica la situación y se le hace entender al cliente. ¿No es así?

     – Sí, así es.

     – Pues no sé dónde está el problema, además, si ha comprado un frigorífico de alta gama es porque su nivel adquisitivo es alto.

     – Bueno… mi pregunta es más bien en relación con el método empático para tratar al cliente.

     – Sigo sin entender…

     – Verá, en el momento del contacto con el cliente es cuando se pone en práctica la escucha activa, en este caso el cliente ha comprado este tipo de producto por necesidad, tiene familia numerosa y lo que más le interesaba es la capacidad que tiene el producto y la durabilidad que explica la marca en su publicidad.

     – Pero esa durabilidad es según el trato de…

     – Sí, sí, déjeme explicarle. Como ya le dije, el cliente tiene familia numerosa. Nueve son los que usan el frigorífico: el cliente y su esposa, cinco niños, el abuelo y un caniche que se llama Pikachu.

     – Buen ejemplo de escucha activa.

     – Claro, claro. El problema empezó cuando el hijo mayor, en un descuido, tira la botella de leche y, por no sé qué peculiaridad del destino, le llega líquido a la instalación eléctrica interior del aparato. El adolescente recibe una descarga y el aparato enfriador muere entre chispas y destellos. 

     – Ahí está; negligencia del cliente.

     – Nadie lo niega, aunque en el anuncio tan tierno que sale en la tele tiene carácter “child friendly”. Sí, donde el niño pasa el camioncito de la marca sobre las nevadas colinas de las empanadillas y se cabrea porque no hay escarcha.

     – Sí, bueno, es solo una representación, sabe que a los críos no se les debe dejar…

     – Comprendo, la historia sigue con las lágrimas de un padre preocupado que, no solo se siente estafado por el funcionamiento de un refrigerador que permite la entrada de líquido en lugares sensibles, sino que debe abonar una factura sin esperarlo. Además del retraso por envíos y espera a recambios, lo que le deja casi un mes sin poder usar su nevera. Sabiendo que tiene niños pequeños…

     – Planificación, es algo que ya hemos visto en otros cursos; una buena planificación hace que…

     –  Sí, todo está previsto, pero el envío sale tarde. El técnico tiene tanto trabajo que retrasa la entrega y la pieza está en China y es mandada por barco, pasa por tres aduanas y el inspector nacional no sabe leer chino, por lo que retrasa el tiempo de espera buscando un traductor. A propósito, ¿se debe aplicar la empatía con el técnico que no le da tiempo y se le obliga a tener preferencia con determinados casos? ¿Y con el transportista que debe soportar atascos monumentales y se le aconseja trabajar más allá de lo indicado en el registro de su ruta para cumplir plazos de entrega?

     – Vale, sí, pero a usted lo que le interesa es el cliente. 

     – Que va a esperar un mes y tiene que pagar ochocientos euros. Entiendo que debo ponerme en su piel, darle palabras de ánimo y hacerle entender que yo también sufro por él. Pero, ya que el tiempo de espera no lo puedo reducir, ¿le puedo descontar algo de la factura?

     – Bueno, es complicado, los recambios tienen un coste, la mano de obra también, hay muchos gastos, tenemos beneficios mínimos…

     – O sea, que no, que no hay descuentos posibles.

     – No deberíamos hacer descuentos, no es una solución en este caso. 

     – Vale, entonces creo que donde quiere decir empatía realmente deberíamos poner otro término distinto.

     – A ver, ¿qué termino?

     – Falsedad.

    Metallica – Damage, Inc.

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  • En OVNI

    Sugerencia de escritura del día
    Estás a punto de emprender un viaje por todo el país. ¿Avión, tren, autobús, coche o bicicleta?

     – Fíjate lo curioso que son los humanos, Gñorf.

     – ¿Qué andas investigando esta vez, Wgñerf?

     – Tienen una forma de reproducirse de lo más interesante.

     – Pues será como la de los demás animales del planeta, supongo.

     – Bueno, sí, al fin y al cabo un sujeto introduce un miembro dentro del otro sujeto y le escupe un chorro de células incompletas que compiten en una maratón para fecundar o morir. Lo apasionante es el comportamiento sexual.

     – ¿Qué hay de particular?

     – ¡Uff! Es muy complejo, Gñorf. Existen muchos géneros, varios tipos de orientación y todos tienen una interrelación de lo más compleja. Fíjate, ¿Ves ese humano? 

     – ¿El del holograma? Sí, claro.

     – Pues se llama Andrea y es del género femenino, pero ella se siente masculino, así que gracias a la tecnología humana la han podido transformar y ahora se hace llamar Andrés.

     – Como quien cambia de traje, no le veo gran inconveniente, nosotros cambiamos de forma y no pasa nada.

     – Resulta que a Andrés le gusta una humana que se llama Rosanna, que es hembra, pero le gustan las hembras y, ya que Andrés es algo femenino, se han propuesto tener descendencia. Algo imposible, ya que entre los dos no pueden.

     – ¿Por qué no?

     – Pues porque la tecnología humana no produce una transformación completa, en este caso le faltarían los órganos internos masculinos.

     – Vale, ¿cómo solucionan esta ecuación de carácter sexual?

     – El factor z es Javier, amigo de toda la vida de Rosanna.

     – Es el masculino faltante, ¿no es así?

     – No, él es demisexual, birromántico y antroxesual. Con Rosanna ha acordado la fecundación, pero con condiciones.

     – ¿Qué se repartan los vástagos a partes iguales?

     – No, que en el proceso copulativo también participe su pareja.

     – Vale, y qué condiciones impone.

     – Se llama Anabel y el pansexual poliamorosa, quiere que Andrés también participe.

     – ¿Y qué problema hay?

     – Que Andrés no quiere participar en el acto si está Javier, que Rosanna se inhibe si está Javier y necesita el vínculo afectivo de su amiga María.

     – Vale, ¿cómo solucionaron esto?

     – Pues todos juntos en un cuarto oscuro.

     – ¿Y fueron felices y comieron perdices?

     – Bueno… Andrés y Anabel se hicieron más que amigos y se fueron a vivir a Marbella. Javier ahora está con Rosanna y María fue la única que fue fecundada, que como ella no quería tener descendencia, ahora ejerce de vientre de alquiler. Por lo demás, Anabel es vegana, así que no come perdices, que ahora tiene una relación abierta con Sandra.

     – ¿Quién es Sandra?  

     – La vecina, que se fue a quejar porque había mucho ruido y se quedó a participar.

     – Todo esto es como el fútbol de segunda división, ¿verdad?

     – No, la realidad del deporte es más complicada aún.

     – Bueno, ese problema no lo tenemos nosotros, que con un roce y un poco de convicción ya nos quedamos fecundados.

     – Como me vuelvas a poner el tentáculo encima, sales por la escotilla del ovni.

    Joe Santriani – Not Of This Earth

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  • Perdido

    La gota que sobresalía al respirar amenazaba con convertirse en escarcha. Había caminado muchos kilómetros a través de ese frondoso bosque y el hambre empezaba a aparecer, pero el miedo a la oscuridad que se abría paso le hacía seguir avanzando.

    Tras el ventanal ella miraba al infinito. Su memoria le traicionaba llevándola a aquel tiempo donde estaba él, momentos felices donde el frío importaba poco, donde la hoguera eran dos cuerpos pegados al son de las gotas de lluvia cayendo.

    Él los había perdido, la curva de la carretera se había vuelto desierta, esperó mucho tiempo, pero nadie volvió a por él. Decidió marchar, correr en busca de una señal que ya nunca encontró. Decidió entonces perderse en el bosque y aventurarse en el silencio.

    Ella quiso limpiar el cristal condensado del calor del hogar, vio una sombra caminar sin rumbo allá, donde terminaban los árboles. Quiso encender la luz de un faro y ofrecerlo de guía.

    Un resplandor lejano llegó hasta él, mostrándole un iluminado camino hacia la primera casa del lugar. La esperanza le hizo comenzar a caminar.

    Ella, abriendo la puerta de su hogar, esperó paciente.

    Él, cohibido y asustado, quería sin atreverse entrar al cálido portal iluminado.

    Retirándose de la puerta, le invitó a pasar.

    Lentamente cruzó con cautela.

    Ella sonrió con melancolía.

    Al olfatear las manos de ella, supo que al fin estaba en un lugar seguro.

     – Estarás hambriento, ven, come algo, descansa. Ya veremos mañana qué hacer contigo.

    Aunque su intención era otra, supo que ese perro perdido ya había encontrado su hogar.

    The Beatles – Martha My Dear

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  • ¿Estas bien?

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué es lo que más odias que te pregunten? Explica por qué.

    Una sombra.

     – ¿Miguel?

    La figura salió desde las brumas, despacio.

     – Hola, Miguel… ¿Eres tú?

    Despacio, caminando con la lastimosa parsimonia de una danza fúnebre, suspiro agónico por llegar de entre las sombras. 

     – ¿Miguel?

    Acercándose lentamente con marcha suplicante, como si la carencia de alma fuera una característica del movimiento, desplomando su peso en cada paso, con un esfuerzo inconsciente para mantener la cadencia sin caer despedazado en el suelo.

     – ¿Estás bien?

    “Que pregunta más curiosa” susurraba en forma de melodía su agónica mente, mezclada con la confusión de ideas que perecían en el fondo de su cerebro, la constante destrucción de recuerdos que iban quedando agrietados en un rincón, como fotografías viejas, quemadas por el tiempo y, sobre todo, por la aparición del hambre. Hambre atroz, que lo envuelve todo, su cuerpo, su estómago, su ser. Apresurándose sin conseguirlo bien, fue consciente de que la pregunta correcta era otra. “¿Estarás tú bien si logro atraparte?”

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  • La sombra del cuervo.

    Ella gritó fuerte, en una explosión desde sus pulmones quebrantados de dolor. Su sonido se expandió lejos, más allá de los árboles que la habían capturado en el interior del bosque.

    El cuervo se posó en el mismo árbol roto en el que la habían atado. Pendiente a sus tres atacantes, que esperaban las sombras de la noche, para forzar un macabro juego con ella como protagonista. 

    El que jugaba con ella se dio cuenta de la presencia de la oscura ave y advirtió a los demás. El cuervo graznó tres veces, la mujer asistió desde sus ataduras.

      – Mira ese bicho lo grande que es.

      – ¿Y qué? Es un cuervo, espántalo y ya está.

     – Que es muy grande, Armand, da mal agüero.

      – Es solo un pájaro, no tienes miedo del bosque y te lo da un puto pájaro.

    La sombra del cuervo se proyectaba justo detrás del bandido. Y de ella salió, con su uniforme de placas brillantes y su capa parda de plumas de cuervo negro, del mismo color que la espada que separó por sorpresa la cabeza del cuerpo del miedoso infeliz, que no pudo comprender lo que pasaba a sus espaldas.

    La palabra rápido se hizo lenta para los dos que quedaban, uno agarró su espada, el otro fue ensartado sin tiempo para más que para una última mueca de dolor.

    Espada sobre espada que se desafiaron en duelo, chispas azules salían de ellas, pero el sabor del miedo fue esta vez para el tercer facineroso, que no supo del filo del contrario hasta no ver la sangre brotar de su cuello.

    La última estocada del caballero de la oscura armadura fue a romper las cadenas de la dama que, dolorida de sus ataduras, cayó sin remedio al suelo.

     -Un día no voy a estar cerca para sacarte de los líos en que te metes, bruja.

     – Sabes que no será así.

     -Claro que no.

    Con una leve sonrisa se fundió en la sombra del cuervo que, graznando tres veces, alzó el vuelo. Se lo tragó el anochecer tras la mirada constante de la dama que sonreía mientras se ponía en pie.

    Nine Inch Nails – Dead Souls

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  • Pícara mirada

    Tras esa pícara mirada se escondía la más feroz de las sonrisas. Tras esa fila de dientes puntiagudos, una historia de terror en reposo. Una medianoche oscura, con luna llena de fondo y tres gotas rojas de lo que fue su alimento. 

    Ella no quiso saltar al turbio mundo que la mantiene envuelta, pero esta noche su hambre exigió caza y entre las luces nocturnas encontró su presa.

    Era una velada más de risas y bailes, de corazones rotos, esperando una afirmación en braille, un sí de sus labios rojos sedientos que, con el aire le dijo: ¡vamos! Y él no dudó en hacerlo.

    La penumbra del camino dejó que la siguiera, no sabía por qué se apartaba y dejó que desapareciera, delante su traje corto y su andar sin prisas del que quiere compañía.

    Pero había alguien más entre ellos, era quien conocía el miedo de la mano de un cuchillo, y se aproximó en un movimiento felino. Ella, deteniendo pasos, miró de reojo. Él, con expresión de desprecio, mostró brillando su mano. 

    Lucía su afilada navaja en el cuello del enamorado, ella se volvió con calma y observó al desarmado y, en un sobresalto violento, ya estaba a su lado.

    Ella sonrió siniestra al que portaba el arma, aprendió a sentir terror cuando sus colmillos blancos perforaban sus latidos y se convirtió en su alimento en medio de un grito.

    El galán tendido en el suelo, que no entendía nada, comprendió que su dama era a quien debía la vida. Mientras ella se envolvía encima de quien portaba el arma, una voz desde su mente le susurraba.

     -huye, es el momento, hoy no serás mi alimento, pero aléjate de mí mientras puedas. 

    Viento a través, lágrimas entre tanto, sin mirar hacia atrás, tan solo en sus pensamientos, donde sus ojos cargados de deseo le estaban llamando. Donde una pesadilla atrapaba un sueño y se quedó corriendo hasta que el sol le saludó.

    Tras esa pícara mirada se escondía la más feroz de las desdichas, y tras la sombra suspiraba el temor al deseo perdido.

    Korn – Forsaken

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  • La matricula

    Su vestido de color rosa y su carita de ángel contrastaron con la enérgica audacia al entrar en el despacho del director del colegio, que sorprendido, tras los saludos de rigor, le preguntó por el motivo de su visita.

     – Mi padre tiene cita con usted.

     – Hola pequeña, dile que pase y hablaré con él.

     – Bueno… se lo paso.

     – ¿Por teléfono?

     – Algo así.

    La pequeña puso los ojos en blanco y la oscuridad se hizo a su alrededor. Su cara tomó la textura y el color de la porcelana envejecida, en su mirada aparecía el reflejo de la hoguera, su voz… esa no era su voz.

     – BUENOS DÍAS, HUMANO, SOY  ASMODEO, DESEO Y ORDENO MATRICULAR A MI HIJA EN ESTE COLEGIO.

     -Niña, deja de bromear, que no es divertido.

    La oscuridad se hizo con el despacho, los objetos de alrededor empezaron a temblar de inmenso terror. El ordenador y las luces centelleaban a la vez. El director, con muestras de sudor frío en la frente, le contestó.

     – De acuerdo, pero, ¿qué es lo que podemos ofrecerles nosotros?

     – ESTE ES UN COLEGIO DE MUCHO RENOMBRE, TIENE BUENAS REFERENCIAS EN MI CÍRCULO.

     – No conozco muchos casos como el suyo.

     – CLARO, PORQUE ES UN CÍRCULO OCULTO Y HERMÉTICO.

     – Sí, tenemos un índice muy alto de éxito escolar, nuestros alumnos van muy preparados para la universidad. Aunque somos muy exigentes, hacemos un examen muy selectivo a los nuevos alumnos. Con ustedes haremos algunas excepciones, no siempre se tiene la oportunidad de tener contacto con alguien como usted.

     – Y QUIEN LO TIENE NORMALMENTE LE CUESTA EL ALMA, HUMANO, TAMBIÉN YO HARÉ UNA EXCEPCIÓN, A NO SER QUE TENGAS OTRAS NECESIDADES.

     – No, no, ya tengo bastante con la hipoteca. A ver, necesito los datos de la madre de la criatura.

     – LA… ¿MADRE?

     – Sí, la madre, porque ¿tiene madre, no?

     – SÍ, SÍ, ESTÁ AQUÍ CONMIGO, ME AYUDA CON LA GESTIÓN DEL INFRAMUNDO.

     – Entonces… ¿Quién se ocupa de la niña aquí, en la tierra?

     – PUES ESTÁ BAPHOMET CON ELLA.

     – ¿Baphomet? ¿Es pariente de la niña?

     – ¡NO, QUE VA! ESTÁ AHÍ PORQUE LE HE MANDADO QUE LA CUIDE.

     – ¿Es su representante legal? ¿Quién es? ¿Lo conozco? 

     – PUES NO SE, PELUDO, CON CHIVA, CUERNOS NEGROS…

     – ¿La cabra?

     – BUENO, ES MÁS DEMONIO QUE CABRA…

     –  ¿Ha dejado a la niña con una cabra?

     – OIGA, QUE ESA CABRA SABE VEINTITRÉS LENGUAS MUERTAS, CONJURA EN ÁRABE Y CURSO SUS ESTUDIOS EN LAS ESCUELAS DE ALEJANDRÍA, ADEMÁS, DA LECHE.

     – Vale, sí, es buena influencia para la niña, pero necesito tener un contacto legal.

     – VALE, YO LE DIGO A BAPHOMET QUE SE PRESENTE Y FIRME.

     – Sí, hombre, que venga la cabra para que los alumnos la vean y se rían de nosotros. ¿Algún representante legal más humano?

     – BUENO, PUEDO DECIRLE A LILITH QUE SUBA EN UN MOMENTO, PARA EL CASO ALGUNA VEZ FUE HUMANA.

     – Pero ¿Lilith es familia de ella?

     – AQUÍ EN EL INFIERNO SOMOS UNA GRAN FAMILIA, ESO DEBE VALER.

     – Bueno, mientras no venga la cabra… Que firme aquí y ya la tendremos matriculada.

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  • Cómodamente

    La moneda rodó tintineando gastos, se quedó varada en el precipicio de las finanzas y se fundió con el contrato. Cuarenta años de letra pequeña, dos cuartos y una misera terraza con vistas al humo de la avenida. 

    Su sonrisa era tan luminosa que no llegó a ver los cuarenta y siete buitres que volaban en círculo, esperando un descuido del estómago ruidoso de los que no pueden y necesitan tener. 

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