Categoría: pesadillas

  • Paseo por la playa

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Cuál es la manera más divertida de hacer ejercicio físico?

     -Fíjate, Lua, fíjate cómo cae el sol.

    La perra, ajena a las palabras de su compañero de paseos, ladraba juguetona a las olas rompiendo.

     -Es el mismo sol que se puso en estas playas cuando, hace mucho tiempo, los fenicios desembarcaron aquí. Construyeron un canal para comerciar.

    Lua, cansada de correr por la orilla, se sentó a la vera de su amigo, escuchando su discurso atenta, como si le importara. Ladeaba su cabeza para comprenderlo mejor.

     – Bajo el mismo sol caminaron por aquí romanos y árabes, personajes como Cabeza de Vaca y Cristóbal Colón, Incluso Hércules, según la leyenda, se paseaba por aquí.

    La perra se echó entre las piernas de su compañero de viaje, sabía sin entenderlo que ahora es cuando más necesitaba su cercanía.

     -Este mismo sol, Lua, nos vio a Sofía y a mí pasear de la mano. Hasta hace poco. No pasaba una semana entera, sin al menos asomarse un día, a ver cómo el sol se escondía en este mar tan antiguo. 

    Ella lo miraba con pasión, con la gratitud de quien pide comida, la cercanía de quien necesita el calor al comienzo del invierno. En un segundo se le escapó un gemido.

     – No llores, Lua, no pasa nada. 

    El viejo señaló la primera estrella que empezó a brillar. La perra siguió con la mirada el rastro de su dedo. En su dedo un anillo brillo, con el reflejo de una luna llena de plata, que había cogido relevo al sol. 

    El anciano empezó a disolverse en el sereno del camino, su cuerpo se iluminó y pequeños fragmentos de él ascendían, como las volutas del fuego en una hoguera.

     – Vamos, Lua, ves a casa, dile a Sofía que la quiero. Ah, y que no sea tacaña con tu comida…

    Ya no era más que un resplandor cuando la perra dio la vuelta y se alejó corriendo. Contaría a su humana lo que había pasado, pero solo comprendería que lo echaba de menos.

    Spiritbox – Crystal Roses

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  • Telaraña de tinta

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué animales son las mejores/peores mascotas?

    La conocí una noche de luces brillantes conectando mentes, rima fácil en letras de Shakespeare y elegancia grotesca de tambores lejanos. Me fijé en su mirada atenta, ardiendo en verde, en su pelo ondeando al viento, lento a pesar de las prisas y de su marca en el hombro de una enorme tarántula grabada a tinta.  

     Al poco tiempo nos cogimos de la mano y gritamos atentos al escenario, nos sabíamos todos los versos y cuando no, nos comíamos a besos, hasta pasar de tonada, o hasta que nos acordábamos de la gente a nuestro lado que empujaban de envidia al ver nuestras caricias sin importancia ajena. 

    La luz encendió nuestra necesidad de intimidad, una mirada cómplice con una invitación a una copa. “Vamos a mi casa”, me dijo, “ahí son más baratas”. Cruzamos la calle de los enamorados, buscando fuego en la parada del metro, contando segundos en el trayecto.

    En el portal un beso, entrando desenfreno, arañamos el sofá, volcamos la pecera, dimos cuenta del suelo. Nos amamos hasta la luz del sol, no hasta decir basta, hasta quedarnos secos. 

    Sin tiempo para dormir, quiso contarme un secreto, me dijo que me lo enseñaría, que esperara un momento. Esperé un instante y solo recibí un grito, escuché un misterio de un vivero tumbado. ¿Sería aquello que tiramos de tanto amor? 

    Sí, estaba en lo cierto. Estaba encima de mí, trepando lento, sus patas peludas subían por mi pecho. Lullaby, vino a mi mente, al ver la araña tatuada en el brazo de ella caminando por mi cuerpo. Ese era su secreto, alimentaba a su mascota con las sobras de sus amantes.

    (Se deshizo en risas luego)

    The Cure – Lullaby

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  • Salir huyendo.

    Sugerencia de escritura del día
    Describe un cambio positivo que hayas hecho en tu vida.

    Tu mente era una mancha de tinta tirando a china, sangrando gotas gruesas en el mar de las mil dudas que se deslizaban gritando espacio. Lamentando heridas de claustro sin ventana que, presa del fervor procesado a vírgenes llenas de gracia y salero de poco peso, pues resultó que no llegaban ceros para el cambio de tus hábitos, de pasarela camino a la playa, de bronce extendido por el culto al cuerpo rendido.

    Así que salté del barco en marcha a buscar la marea, me rodeé de ruido blanco en vez de hundirme en brea, me escondí en la arena por no ver el sol.

    Tal vez debí esperar tu boca, aunque sé cómo roncea, parar frente tu falda y ver cómo vuela, pero no es buena idea, mejor digo adiós.

    Si vuelvo y me desangras, yo todavía herido, me pierdo en la constancia del andar de tus latidos, de las curvas de mi huida y esas piernas larga que de finas no terminan si en sueño las conservas.

    Por eso, escapo en silencio para recorrer otras tierras. Para sentir frío en caricias de noche, calor en ríos lejanos, donde brillan estrellas ajenas y se hacen cálido el olvido. Donde la paciencia es un sobre sin carta que espera respuesta y la miel sintética escribe ceros al color de piel pintada.

    El columpio Asesino – Que No (Deluxe)

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  • Me recuerdo

    Me recuerdo perdido en tu mirada, observando el mar con la mente fijada en momentos que no serán. Destruyendo instantes de mi memoria, con la rabia de una fotografía rota que, sabiéndote cerca y queriéndote lejos, prefiero rasgarte de mi lado y exiliarme lejos. 

    Muy lejos, a donde las canciones mandan las lágrimas a secar con alegre rasgar y voz quebrada, sintiendo tu caricia ardiendo en brazos de otra dama. Al lugar que las leyendas mandan a morir a sus héroes en boca de terroríficos monstruos, huyendo sobre la sombra de una silueta en llamas. Prefiero mantenerte en el olvido y permanecer soñando el recuerdo.

    Me recuerdo perdido en tu mirada y terminé siendo verbo.

    Los Planetas – Prefiero Bollitos

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  • Maldito insecto.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué animales son las mejores/peores mascotas?

    Como el tiempo apremiaba y Soledad andaba con algún retraso en su trabajo, esperó a última hora para ir al baño. Se miró un segundo en el espejo para comprobar que su pelo estuviera perfecto y abrió la puerta del inodoro. 

    La puerta principal del lavabo se abrió de golpe, ante la temerosa mirada de la chica entraron dos reporteros con enormes cámaras, de las que se usan para cubrir los conflictos bélicos. Tras ellos entró un señor con bigote y sombrero de explorador con un micrófono en la mano. Tenía una constante y misteriosa locución en proceso.

     -… Entramos sin avisar en su guarida secreta. Esperemos tener la suerte de poder encontrarla. Para comenzar empezaremos a buscar su rastro.

     La joven no pudo contenerse y empezó a gritar.

     -… Señorita, por favor, no grite tanto. ¿No ve que estamos trabajando? 

     – Pero… esto es el lavabo de señoras, ¿qué coño hacen ustedes aquí?

     – Oiga, señora, tenemos permiso, estamos rodando un documental, no moleste.- Dijo con cara de enfado el señor con bigote, luego, mirando para uno de los cámaras, le indico con el dedo que grabara el suelo. – ¡Mira, mira! ¡Aquí hay una! ¡Graba, graba, vamos a seguirla a ver si damos con la reina!

     – ¿Qué reina? ¿No sabéis que en los baños públicos no se puede filmar? 

     – ¡Que tenemos autorización! Tenemos que encontrar a la reina de las cucarachas.

     – ¿La reina? A saber cuál de ella es. Mire ahí, mire como corre.

     – ¡Huy, otra! Grábala, grábala. No señora, la cucaracha reina es más grande y lleva mochila.

     – Mochila, sí, como Dora la Exploradora, pero con antena, y usted es el mono, ¿me van a dejar ir al baño?

     – Por si le interesa, la reina tiene una mochila para transmitir todo lo que procesan las demás.

     – Como estos dos, los de las cámaras, ¿no?

     – Pues exacto, ha dado en el clavo, estos bichos están aquí para espiarnos. ¡Mira! Otra, en el techo, grábala.

     – ¿Y quién nos están espiando? ¿Los rusos?

     – ¿Los rusos? Qué más quisieran ellos que tener esta tecnología. Señorita, estos bichos son robots biológicos y están diseñados para vivir con nosotros y saber que hacemos en todo momento.

     – Pues yo lo que voy a hacer es mearme encima si espero más. Y si no son los rusos, ¿quiénes son?

     – Extraterrestres.

     – ¿Aliens?

     – Sí, está comprobado.

     – ¿Bajitos, verdes y cabezones?

     – En verdad tienen esta pinta – El señor del bigote sacó su móvil y le enseñó a Soledad una imagen.

     – Y… ¿Cuándo dice que vienen a visitarme?

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  • El refugio.

    En las paredes había símbolos extraños arañados en la roca. Se desprendió de la nieve que cubría sus hombros y comenzó a prender la fogata. Alguien había procurado madera seca para que quien la necesitara la pudiera usar, la tradición obligaba a reponerla. Entonces fue cuando apareció el monstruo.

    Medía más de dos metros, por lo que tuvo que agacharse para entrar dentro de la cueva, tenía todo el cuerpo cubierto de un pelo grueso de color naranja pálido. Las facciones de la cara era casi humanas. Emitió un gruñido gutural y se quedó en posición desafiante.

     – Sí, son frías noches, saludos.

    La criatura profirió otro gruñido.

     – ¡Ah! Lo siento, no sabía que este era un lugar sagrado, tendré que buscar otro refugio.

    El homínido le hizo un gesto con su peluda mano y comenzó a articular sonidos roncos mientras gesticulaba.

     – Vale, hay que rezar a vuestra diosa como señal de respeto para permanecer aquí, pero yo no conozco esa plegaría, es más, no sé si la voy a poder pronunciar.

    La criatura emitió un sonido corto y vibrante.

     – ¿Qué me ayudas? Vale, todo sea por no pasar frío.

    La peluda criatura empezó a emitir un canto, curiosamente bello a pesar de su ronca voz.

     – A ver si lo consigo. Graoooooar, Grrrraoaaaaar, mmmm, Graaaaaaa, oaaaaar oaaaar.

    El homínido parecía divertirse, parloteaba y repetía el canto una y otra vez, mientras el humano no paraba de intentar imitarlo, intentaba una voz ronca y gutural que parecía imposible para el.

     – Casi que voy prefiriendo el frío al dolor de garganta, a ver ahora. Gggraaoooar, Grrraoaaaar, mmmm, Groaaoaa, oaaaaaar, groaaaar.

    La expresión del humanoide naranja cambió, de golpe abrazó a su discípulo y se dispuso a parlotear en su idioma.

     – Bueno, lo he hecho lo mejor que pude, entonces. ¿Esto me permite poder pasar la noche aquí?

    La criatura le puso una mano en el hombro al humano y empezó con su entonación de gruñidos.

     – ¿Qué? ¿Qué me adviertes que si llega una hembra puede exigir el derecho de aparearse con quien se encuentre en esta cueva? No, si yo mejor me voy. 

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  • Posos en el café.

    Sugerencia de escritura del día
    ¿Qué te hace reír?

    La cafetera pitaba con alegría, como complemento de un despertador que no dejaba de sonar, con desgana la retiró del fuego y se sirvió. Con la mirada perdida y el pensamiento espeso como el alquitrán, soñaba, no meditaba, con un día sin la necesidad de madrugar.

     – ¡Eh, oye!

    El sobresalto le hizo golpear la mesa y derramar algo de café. Con el corazón en un puño, se quedó mirando alrededor, no sabía de dónde venía esa vocecilla.

     – ¡Bro! ¿Qué te pasa? Casi me tiras.

     – ¿Pero qué es esto? ¿Quién eres?

     – ¿Pero no ves que soy yo quien te está hablando?

     – ¡Pues no, no veo quién me está hablando!

     – ¡Joder! Qué espeso estás hoy, soy el café. Venga, tómame, ya que vas a llegar tarde.

     – ¡Dios! Ya pasó, ya me volví loco.

     – No, hombre, no estás loco.

     – Pero ¿cómo no voy a estar loco si estoy hablando con el café?

     – Ah, claro, entiendo, es que te han llegado ahora.

     – ¿Qué cojones me ha llegado ahora?

     – Tus poderes, un poco mayorcito, ¿no? Que tienes, ¿casi cuarenta?

     – ¿Pero qué poderes? Si yo no creo ni en poderes ni en milagros.

     – A ver, qué tan tonto no puedes ser. ¿Has oído hablar de consultar los posos del café?

     – Algo he oído.

     – Pues has despertado ese poder. Así que bébeme y te voy diciendo.

     – ¿Puedes adivinar el futuro? 

     – Hombre… Esto es como todo, yo puedo adivinarte el presente, todo lo más el futuro inmediato, pero mientras hablamos ya es presente.

     – Pero lo de los posos del café era un método adivinatorio, ¿no?

     – Sí, claro, pero para eso tienes que usar café con cierta calidad. El que tú usas es malo, no lo siguiente. Compra café del bueno y tendrás previsiones de hasta un año. Con el Kopi Luwak creo que consigues un rango de visión de 25 años. Aunque hay uno importado de Colombia que no está mal de precio.

     – Vale, qué me puedes decir ahora, con los medios que tenemos.

     – Que estás amargado por tener que ir a trabajar, que estás deprimido porque no ligas y que eso es normal porque no hay quien te aguante. ¡Ah, sí! Que tienes que ir al dentista, que tienes una caries en la segunda muela del tercer cuadrante que casi llega a la raíz.

     – ¿Del ruido del coche me puedes decir algo?

     – Comprate un café decente, anda.

     – ¿Con eso podré averiguar el futuro de otras personas? 

     – Claro que sí. 

     – Pues me voy corriendo a comprar café.

     – Claro, pero tómame primero, que me voy a enfriar…

    Tras conocer el portazo de despedida, se materializó un diminuto ser. Veinte centímetros de carcajadas con forma humana, piel color aceituna y orejas de punta. Se reía tanto que a duras penas se tenía en pie. Pronto apareció otro, parecía un poco mayor y bastante más serio, acercándose al más risueño, le dijo;

     – Te has pasado un poco con el humano, no solo le robas el café sino que además exiges calidad. A ver qué dice de esto la ley de Urisk.

    Phoebe Bridge (The Cure cover) – Friday Im in Love

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  • Auspicio de lo cotidiano

    Sugerencia de escritura del día
    Cuéntanos algo que la mayoría de gente no entiende.

    Y sin saber cómo, llegó.

    Melodía de libélulas en vuelo rasante al compás de la tarde, vals de aves de tonos apagados en sintonía con el mecer de las ramas de los árboles. Las últimas gotas del calor del verano se depositaban en pinceladas de luz, despojando a las flores de sus pétalos, llevando su perfume lejos en el viento.

    Y sin saber por qué, anocheció.

    El sol se llevó el color, arrastró sus rayos absorbiendo el verde de las ramas agitadas. Fue arrancado el azul de los lirios y quedaron lánguidos y mustios, el rojo y el amarillo de las mariposas quedaron manchados de gris, su vuelo se volvió lento y cayeron como hojas marchitas de árboles secos esperando su fin.

    Y sin saber cuándo, apareció la luna.

    En blanco y negro quedó el paisaje, las enredaderas, en un saludo a Selene, abrieron sus campanillas blancas ante su resplandor. De los troncos huecos salieron, amenazando a la oscuridad con sus cabriolas, luciérnagas de tonos brillantes que bailaban a la noche, orquestadas por el aullar de la penumbra.

    Y sin querer saber, despertó. 

    Pauline en la Playa – Un Bosque

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  • Sonrisa extraña

    El brillo de su sonrisa se tornó extraño. Su mirada apagada se despidió de la luz. Expiró una última vez y quedó en silencio.

    Al borde de la luna fue cuando se levantó y marchó.

    Lilium – Sleeping Inside

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  • Presencia

    Sugerencia de escritura del día
    Cuéntanos una habilidad secreta que tengas o que te gustaría tener.

    La piel se le erizó con el susurro de mi voz que, sin poder evitarlo, se desprendió de mi ser al cruzarme contigo. 

    Contemple tu mirada asustada, tu suspiro perdido, tus ganas de correr secuestradas por el murmullo del recorrido. Tu perfume a frío de escarcha con aroma desconocido. 

    Te pude ver bien al pasar, pero tú a mí no, porque ya no estaba. Hacía mucho tiempo que ya me había ido.

    Lacuna Coil – I Wish You Were D3ad

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