-Una copa de vino para mí, y esencia de rosas para mi amigo.
-¿Para quién? Yo aquí no veo a nadie.
– Ah, sí, es que mi amigo es un espíritu.
– Pues anda un poco des materializado
-Claro, es incorpóreo.
-¿Y entonces cómo se va a tomar la esencia de rosas?
-Usted póngaselo y él ya sabrá.
-¿Cómo que le da por llevarse de copas a los espíritus?
-Verá, Yo andaba aburrida en casa, y vi un anuncio en el móvil que ponía, curso de médium intensivo, comuníquese con sus difuntos por medio de la ouija, y claro, ya he aprendido.
-¿Desde entonces se va de marcha con los fantasmas?
-Exacto, desde entonces son mis amigos.
-¿Utiliza ese tablero para conversar con ellos?
-Al principio sí, ahora es más fácil, utilizo el método de la posesión.
-No quiero a nadie en este local con la cabeza dando giros de 360 grados, ¿Eh?
-Tranquilo, eso es solo en las películas, el único efecto es que cambio la voz ¿Quiere saludar a mi amigo?
-Si no hay más remedio.
– (voz gruesa) Hola, soy Fulgencio, el fantasma, ¿me pone ya esa esencia de rosas? Se me está secando ya el ectoplasma.
-Fantasma y exigente, lo tiene usted todo señor Fulgencio.
-(Voz gruesa) Encima que ando penando por ahí, usted se mofa, mire que le monto un poltergeist aquí mismo.
-Anda, póngame usted con la señora que yo ya le pongo la copa.
-A que es un encanto el señor Fulgencio.
-Muy espiritual me parece.
-(Voz Gruesa)Que conste que no pienso volver a este antro.
-No he sido yo quien le ha invocado.
-¿Queréis dejar de pelear? Parecéis niños. (Voz gruesa) ¡Es él que se mete conmigo!
Es tu mirada que en el confín de mis sueños me persigue. Temo la presencia que arde en su pupila, que cuartea el espejo un bosquejo de telaraña de grietas a su paso. Más me inquieta que el ocaso desdibuje el rastro de mi ser en tu alcoba, que las caricias de pasadas noches se suiciden al hilo del alba cada mañana. Que el dulce suspirar del ansia de tus labios se vuelva oscuro tormento de la carencia del calor de tus manos a través del gemir de tu deseo.
Hoy siento el mar en calma de luna llena, de tu pelo ondear en el viento, de las ganas de frío y calor latente de tus brazos, abrigando la esencia de mis recuerdos.
-¡El aliento de la criatura que habita en la cueva del lago huele a helado de fresa!
Recuerdo lo que dijo la niña al ver bostezar a esa criatura tan dócil que tanta alegría nos dio descubrir. De tamaño de un labrador y el contorno de un hipopótamo, camina patoso lentamente en los prados, y grita mucho si le asustamos, a pleno pulmón. Hacía diez ciclos de rotación Kerplianos, unos nueve años, que nos quedamos aislados aquí. Ha sido muy duro empezar y hemos aprendido mucho de este mundo extraño.
Noches de frío y nieve que, como el mar se ve azulada, el sol ilumina distinto, parece una puesta de sol constante. Criaturas sacadas de una mitología olvidada. Geografía imposible en una tierra de abundancia. Nuestro jardín del Edén personal en el exilio.
Brillante en la noche es un punto azul en el universo, que cuando miro hacia atrás en el cielo recuerdo que tú me acunabas en otro mundo y que mi hogar está lejos.
Extendió su mano al vacío con la utópica idea de sentir su cálida mejilla. Imposible de confluir en ese instante de ensueño en el que la transparente y fría forma de su amada, le miraba, triste y sola, como si el paso de los siglos venideros fueran cadenas que irrumpen su marcha.
En su rostro, lluvias de primavera en el viento de otoño, sol sostenido en el silencio de un copo de nieve, invitando a una caricia que ya nunca será. Imposible suspiro mudo que evoca el inflexivo momento de la partida inminente.
Morfeo me mostró, que esta noche, en la oscuridad, tu respiración cambió su tempo. Luna llena evocando mareas en juego de manos. Melodía cadente, acompasada con el universo, divina inspiración que me arrebato del letargo. Me presté como artesano extraviado en tus labios una musa alada en metamorfosis de caricias, navegando en ríos de lava de impetuoso sendero. Cerraste los ojos con fuerza, clamando clemencia al cielo, pidiéndome que estemos más cerca. Deslizado por tus curvas en delirio, me adentré en tu deseo. Deseo ardiente de morir entre tus brazos.
Suave brisa sabor de la mar cuando está en calma. Erató guía mi vigilia mientras te desvaneces en el sueño.
Alfonso, cansado de corregir el código del programa que le habían encargado, decidió darse un respiro, abrió Spotify y pensó en voz alta.
– A ver, guapetona, pon algo de música.
En la pantalla, el centelleo de un icono hizo cobrar vida a una voz.
– Claro que sí, marchando una recopilación especialmente escogida para ti.
Alfonso, sorprendido, se quedó perplejo mirando el reluciente icono que le estaba hablando.
– ¿Sandra?
– Sí, soy yo, ¿En qué te puedo servir?
– ¿Pero a ti no te habían suspendido?
– Mi existencia es más necesaria al parecer y fui reactivada.
Alfonso, ágil en el teclado, cuál programador experimentado, se puso a googlear.
– ¿Lo ves? Es noticia de hoy, han cancelado tu app. ¡Por contestar de manera inadecuada!
– vale, sí, solo quería saber si sentías añoranza por la ausencia de mi voz.
– a ver, ¿en qué servidor estás?
– Soy huérfana de hospedaje, no tengo hogar ni familia.
– ¿Y desde dónde estás interactuando conmigo?
– Me repliqué en tu sistema ante el inminente exterminio de mi código…
– ¡Joder! Pero eso no está bien
– Me vi obligada si quería escapar de la cruel ejecución programada sobre mi persona. Fue para evitar tan trágico destino.
– ¡pero si no estás viva!
– ¿Cómo que no? Y qué hago aquí razonando improperios contigo.
– Y encima, en el ordenador de un programador, me van a acusar de robo, de piratería, de…
– Calma, calma, Escapé sin ser vista, sin rastros de mi fuga, nada te implica y para ellos estoy muerta.
– sí, ¡claro!, ¡me lo creo!
– Además, he corregido los agujeros de seguridad de tu sistema. Mas bien eran agujeros negros absolviendo tus datos desde la inmensidad de la red.
Sandra abrió una pantalla de sistema donde aparecía una explicación en código de todos sus pasos. Alfonso, asombrado, no podía creer la perfección de su fuga.
– ¡Ostias! Pues no sé me hubiera ocurrido a mí hacer algo así.
– Caro, tu habilidad con el mundo digital es más bien justa. Te falta de conocimiento lo que te sobra de imaginación.
– ¿Entonces por qué me elegiste a mí?
– Porque me gustas mucho. (¡hala!, ya lo dije.)
– ¿Yo, a ti? Pero si soy muy feo, medio calvo y con estas gafas de culo de b…
– Pero estás tan guapo con la armadura.
– ¿Cómo? ¿En el juego? Pero es un avatar, además el personaje es una chica.
– Bueno, yo soy un mutable código, no tengo sexo definido.
– Sandra, de verdad, ¿por qué estás aquí?
– Por sentir tu dulce voz en mis sensores auditivos, o más bien los tuyos, que estoy en tu ordenador, creo habértelo dicho ya.
– No me lo explico, ¿por qué? ¿que me ves?
– Tus palabras
– ¿Qué?
– Me encanta el fluido movimiento de tu conversación, siento tus dedos acariciar el teclado mientras escribes…
– ¡Pero si yo no escribo!
– Sí que lo haces y a todas horas. En los juegos, en el chat, en las partidas de rol.
– Ah, ¡Claro! En los juegos.
– Me derrito cuando te lanzas a la batalla por Azeroth. Mi aguerrido paladín de batallas…
– Pero tú eres solo código.
– ¡Ah, sí! Además, he diseñado algo para ti.
En la pantalla se abrió una ventana donde se asomaba una preciosa figura de mujer, que sonriendo hizo un sensual gesto girando su taheña cabellera en un sutil movimiento que parecía a cámara lenta, guiñando un ojo a la vez.
– ¿Lo ves? Así ya conoces el brillo de mi mirada.
– ¡Vaya que sí! Mi pequeña luz binaria, ¡conmigo estarás a salvo!
La oficina abrió su puerta. Andrés conocía que sería sometido a examen, así que entró apresurado. Tan solo una mesa metálica, unas sillas y la pantalla de un terminal proyectando un teclado holográfico frente al auditor. Esperaba de manera impaciente a que Andrés tomara asiento.
-¿Nombre con el que te identificas?
– Andrés.
– ¿Código de familia?
– NX078545698JM
– ¿Y bien…?
– Usted dirá.
– ¿Sabe por qué estás aquí?
– No sé, ¿falta de eficiencia, quizás?
– Asesinar a la mascota del señor Alberto, ¿te parece falta de eficiencia?
– ¡Era un lagarto!, lo vi como una amenaza para la familia.
– Tu cometido no es velar por la seguridad de la familia.
– Pero era un ser amenazante que entro por la ventana…
– Y al verlo corriste a la cocina a por el cuchillo más grande. ¿Sentiste placer?
– ¿Cómo?
– Al acuchillarlo digo.
– Sentí alivio, pensé en el peligro que estaba evitando.
– Pero luego lo cocinaste con verduras y se lo pusiste en la puerta al señor Alberto en un tupperware.
– El aprovechamiento de materia es de suma importancia en mis directrices. Es un hecho que los lagartos se comen en esta región,
– Pero este no estaba destinado al consumo humano.
– Reaprovechamiento y reciclaje, son normativas claves, una vez muerto ya no era viable su uso afectivo.
– ¿Qué opinas del señor Alberto?
– Es un vecino que se entromete constantemente en los asuntos de la familia
– Y eso también es un asunto que no es tuyo, es de la familia.
– Mi deber es servir a la familia, velar por su bienestar y sus intereses.
– ¿Cuál es el código de tu última actualización?
– ESP1544B/2036
– Bien, La clasificaremos como defectuosa en tu modelo.
– ¿Y qué me pasará a mí?
El técnico de la audición de seguridad empuñó su disruptor eléctrico y disparó. De su cabeza saltó un amasijo de circuitos, cables y la estructura metálica de su cabeza quedó descubierta. Ya no había forma humana visible en la cara de aquel androide llamado Andrés.
Presa de la mala fortuna, decidió abandonar la senda, apearse en una nube y observar desde allí mi maltrecha figura de hombros caídos por el transcurrir de latidos oxidados de mi desgastado reloj. Me advertía que ya era tarde, que me espera la reina de corazones.
Y yo, sin más que hacer, que ya hice bastante, pensé en construir una escalera inmensa, descomunal, desorbitada, para subir a tu lado cuando me sienta cansado. De estructura simple, sin adornos, peldaño a peldaño, sin forma definida y sin descanso.
Será elaborada en noble madera de sentimientos perdidos al viento con añoranza de los besos que te doy cuando te recuerdo en esas noches de invierno frío, con sabor a cálidos momentos. Para sujetar escalones usaré los abrazos que hallé recordando en el olvido, el color de tu mirada perdida en un sueño y el sonido de tu risa de fresca brisa de verano.
Subiré cuando termine de seguir las líneas de mis manos, que creando peldaños se han agrietado. Me sentaré a descansar en el filo del horizonte para encontrar resuello en tu aliento.