Categoría: Fantasia

  • Arena en el aire

    Llega el momento en el que, a pesar de querer seguir brincando y comerte las estrellas de una cucharada, el almanaque se hace pequeño y el invierno te cubre el sombrero de blanco.

    Te das cuenta de repente, nadie te avisa de que te aproximas a la meta, ni que al pagarlo en cómodos plazos, el malestar te llega el sexto día del mes.

    Y claro, de preocupación se hace otoño en tu cabeza, las nubes eclipsan tu mirada y tu cuerpo se convierte en el mapa de tus vidas pasadas. 

    El porvenir se hace vago, remolonea cansado en el sillón del recuerdo, tus manos tiemblan de enojo, que por haber pasado, ya no recuerdas que, cuando joven tampoco podías, pero ahora es necesario.

    Probé atrasar el reloj en vano, cambiar mi hogar de estación para recuperar el verano, esconder el calendario de Adviento pintándolo de pared, estirando el rugoso papel debajo de un cuadro de ninfas bailando. Pero el tiempo, que no es tonto, supo encontrarlo.

    Solo me queda aceptar la realidad, que si el brillo del humo se ha disuelto, las pupilas heladas mantienen poder contemplar en océano, que la realidad está por encima del firmamento y que poder sonreír arruga el rostro, pero suma momentos.

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  • Pájaros en la cabeza

    De los incontables pajaritos que tengo en la cabeza, que alimento todos los días con melodías confusas a media nota y promesas incumplidas para hacer mañana, el más soñador, me habla del color de tu mirada, cuando te asomas a tu ventana y te escondes al verme pasando.

    Yo le digo que es mentira, que la fantasía le aborda pronto y que los sueños son para las madrugadas, pero él insiste en que te salude, aunque no estés a la vista, a ver qué pasa. Sonrío, aunque no me lo crea, porque aunque no sea cierto, siempre espero el momento en el que bajo tu casa paso.

    Me imagino que los rayos del atardecer, al dejar atrás tu presencia, están hechos del calor de las ganas de verme en tus brazos, del aroma de tu pelo, que se enreda en el aire que llega a mi cuello. Pero de tanto inventar se hace eco en el camino y bajo tu oculta mirada, me fundo en el confín del ocaso.

    Smoke City – Underwater Love

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  • ¡Vete!

     – Venga, cariño, ya es tarde, tienes que irte.

    La luz se hizo tenue y el reloj urgente. Su ropa no ayudaba a escapar, demasiado desorden en la cabeza y en el dormitorio. 

    En el espejo una cana, en la cara una arruga. El tiempo pasa y no nos damos cuenta. Tal vez al reloj de arena no le importe la dirección del viento. 

     – Date prisa, te tienes que ir.

     – No quiero irme.

     -Tienes que hacerlo, es muy tarde.

     – Pero no quiero.

     – Ya lo hemos hablado, debe ser así. Vete.

    Agachó la cabeza y abrió la puerta. Los últimos rayos de sol escapaban del cielo mientras él, con la cabeza apoyada en la entrada, pensaba qué hacer con su noche. La luna llena apareció, llenando de luz la humedad del ambiente. Un gruñido gutural se escuchó al otro lado de la puerta. El miedo le explicó que era hora de irse.

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  • Saqueo

    Destrozando la única nube de humo que había entera en el cielo, entraron en el área de batalla Billy Joe y Roastbeef, su gorrino alado. Hicieron algunas cabriolas en el aire y aterrizaron en campo abierto, donde miles de cadáveres frescos aguardaban a ser saqueados. 

    Mientras el cerdo daba rienda suelta a su voraz apetito, desgarrando miembros de las fallecidas alimañas, Billy buscaba en las mochilas de sus destrozados jinetes. Palpando entre sus bolsillos, uno de los caídos abrió los ojos y clavó la mirada sobre su desvalijador. Con gran esfuerzo le dijo.

     -Ayúdame.

    Se trataba de una mujer joven, guapa, de no ser por la sangre que le cubría el rostro. El uniforme estaba hecho jirones y en la barriga se le veía una fea herida a punto de infectarse. Billy Joe sacó su daga instintivamente y se retiró amenazante.

     -No, no te voy a hacer daño, solo ayúdame a salir y te dejaré con tu saqueo.

    El joven, con el arma en la mano, analizó la situación, cortó las riendas y el arnés que ataban a la dama a su montura y se retiró para dejarla salir. Tambaleando por mantenerse de pie y con cara asustada, le dijo a Billy Joe.

     – Me siento rara, no me duele nada.

     Él, sin hacerle mucho caso, siguió revolviendo bolsas y desparramando su contenido por el suelo.

     – No siento nada. ¿Qué me está pasando? ¡Ayúdame!

    Con una mirada de desinterés, el saqueador, recogiendo los restos del botín y metiéndolos en las alforjas que portaba el cerdo, le dijo.

     – No puedo hacer nada, ya estás muerta.

    De un salto, montó a su gorrino alado que, con un feroz gruñido, alzó el vuelo, hizo un rizo en el aire y desapareció entre las brumas de la noche.

    Lacuna Coil – Swamped

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  • Miedo

    Le pesaban los párpados, las sabanas ardían en la penumbra, la oscuridad era el tramo de tiempo en el que la luna traía dentadas sonrisas alrededor de su cama. Así que, temblando su lóbrego calor, esperaba el rescate de la madrugada.

    En un suspiro de calma, antes de imaginar criaturas feroces con ansias de sangre y carne, su oído le llevó a un sollozo que le guio hasta la siniestra guarida del armario. De puntillas, envuelto en sábanas, cruzó en sigilo el abismo que separaba la cama y la temible entrada del ropero graznó al abrir. Salió un cuervo volando lento y en un lamento se arrojó por la ventana. El niño respiró profundo y se aventuró a entrar, tragándoselo la oscuridad sin compasión.

    Encendió una lámpara incandescente que ejercía de luna nueva, pasando a creciente. Entre los árboles formados por ropa amontonada, en un zapato gastado por el desuso, encontró al monstruo sentado, infeliz, llorando. De su mirada brillante salían brillantes lágrimas, como chispas de cables rotos pasados por agua. “Pobre ser malévolo, comido por la pena”, pensó el niño al verlo entristecer.

     – ¿Qué te pasa, horrorosa criatura?

     – Que no asusto a nadie.

     – No con ese llanto, pero a mí me tienes aterrado todos los días, tanto que ni duermo. 

     – ¿De verdad?

     – Horrorizado estaba.

     – ¿Ya no?

     – No, ahora ya te conozco.

    El niño, tras hacerse amigo de su pesadilla, empezó a amar la noche. Ella, convertida en sueño, le dejó dormir y se quedó con él.

    Eyes Of The Nightmare Jungle – Shadow Dance

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  • Kraken

    El velero navegaba con brío sobre el viento de una estrella, surcando un sistema planetario, en busca de algún tesoro a la deriva de alguna civilización extinta. 

    En su puesto, el vigía, sobre su tonel de pantallas fluoradas en un verde brillante, le inquietó una mancha que se movía sobre la marea de señales. Hizo su medición de rigor y gritó a pleno pulmón.

      – ¡Atención, Kraken!

    El capitán saltó de su sillón en el puente de mando y comunicó presto sus instrucciones.

     -Paren las máquinas, rápido, apaguen energía, tenemos que quedarnos a oscuras.

     – A la orden, mi capitán.

    El monstruo, una bestia negra de varios kilómetros de longitud, chispeaba energía oscura allá a lo lejos. Algo le llamó la atención, abrió sus enormes ojos amarillos y empezó a ondular sus tentáculos. Tomando la dirección adecuada  expulsó un chorro de antimateria que le hizo avanzar veloz por el espacio.

     – ¿Nos ha visto? – preguntó el comandante de la nave al vigía.

     – Sí, mi capitán.

     – Timonel, vire a babor, aproveche la inercia y prepárese para una maniobra evasiva.

     – Comprendido, mi capitán.

    La criatura estaba a poca distancia de la embarcación. Sus tentáculos se estremecían mientras coordinaba su velocidad con la del velero. Su impulso constante hizo rozar la popa de la embarcación. Un enorme y brillante ojo, que abarcaba todo el campo visual, apareció en la escotilla del capitán.

     – Rápido, desplieguen las velas. 

     – Pero capitán, nos va a destrozar, nos va a ver.

     – Despliegue las velas, marinero, es una orden.

     – Sí, mi capitán. 

    El trapo se abrió rápidamente y, enojado, se hinchó haciendo galopar al navío de repente. El calamar gigantesco, que esperaba un sutil movimiento, reaccionó acercándose aún más a la rápida embarcación.

     – ¡Corten la vela!

     – ¿Qué?

     – Qué despegues esa vela de esta nave, si no queréis morir devorados por ese bicho, capullos ¿Qué no entendéis?

    De un chasquido, la vela salió disparada rumbo al espacio profundo. El Kraken, agitando sus tentáculos velozmente, fue tras su presa, dejando residuos de materia oscura centelleante tras de sí.

     – Bien, timonel, diríjase a la estela, recojan toda la materia oscura que pueda. Preparen motores de curvatura antes de que esa criatura se dé cuenta del engaño y vuelva a por nosotros.  

     – A la orden, mi capitán.

    Mago de Oz – La Costa del Silencio

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  • La constelación del León

    Ella, por encima de la suciedad lumínica que tapa la bóveda celeste, sobre el filo de las escarpadas montañas, contemplaba incansable el infinito. Su dedo apuntaba a Cor Leonis, su mirada perdida en un sueño, se elevó al sonar el teléfono.

     -¿Lo has visto?

     -Hola, Marcos, ¿estás de guardia?

     -Sí, en la Constelación del León, dime qué no lo has visto.

     -Sí, hay un pulso, algo raro.

     -¡Lo sabía! Pásame tu perspectiva.

     -Te la envío, ¿has hecho algún contraste?

     -Sí, los rusos ven lo mismo. Es un pulso. Tiene un patrón lógico, hay algo que nos está hablando.

     -Espera, ¿estás seguro? Un pulsar podría estar enviando una señal. Parece un faro en el espacio. 

     -Ahí no, no hay ninguno. Además, tiene un patrón.

     -¿Tienes una secuencia?

     -Sí, te la paso.

    Ella buscó en su correo electrónico, ahí estaba, señalado con líneas y puntos. Un párrafo enorme lleno de un código lleno de líneas y puntos.

      – ¡Dios mío!

     -¿Lo ves? No para de emitir esa señal, yo diría que es binario.

     -No, es algo más sencillo.

     – ¿Qué has visto? ¿Qué es?

     – Es morse

     – ¿Morse? ¿En un idioma extraño? ¿Cómo lo sabes?

     – Es morse en castellano. ¡Qué hijos de puta!

    -. —

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    A ._

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    H ….

    I ..

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    S …

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    Lord Of The Lost – Raining Stars

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  • Balada de fuego y nieve

    En un cósmico estruendo, entre saliva de lava y ardiente deseo de libertad, el espíritu del fuego se derramó por la ladera del volcán, y a su paso iba arrasando lo que encontraba.

    Una niña, con expresión enfadada y manos en la cintura, esperaba al monstruo bajo la falda de la montaña que, preso de la curiosidad, paró ante ella.

     -Eres una criatura bruta y desconsiderada, estás destrozando el monte.- Le replicó la pequeña enojada.

     -Quita de en medio, criatura de agua, o te terminaré quemando.

     -Ni lo sueñes, si me quito, arderá mi pueblo.

    Su signo era tórrido, pero su corazón ardía de pasión, no de maldad. Al escuchar a la niña se dividió en dos y rodeó la aldea donde habitaba ella. Siguió su camino sin dejar de abrasar todo lo que tocaba.

    El viento trajo a la lluvia y esta fue enfriando al incendiario ser, que sufría inmensamente por cada gota que evaporada. Se vio en la agonía de dejar de existir si no dejaba de dilucidar y crepitó mientras se apagaba.

    La niña, rociando de aceite el extremo de un leño, y alimentó con él las brasas de lo que quedaba del espíritu del fuego, llevándolo  cobijo de su poblado. El pirómano ser se convirtió en hoguera y con expresión afligida le dijo a la niña.

     -Yo he destruido tu monte y tú me salvas la vida.

     -Salvaste mi pueblo, y nos volverás a salvar.

     -Pero yo lo único que sé hacer es incinerar y chamuscar.

     -¿Sabes dar calor?

     -Sí.

     -Entonces, nos protegerás del invierno.

    Caía la nieve envolviendo el paisaje en un blanco manto helado, convirtiendo en cristal la furia del río, haciendo tiritar a los árboles, que quedaron desnudos e inmaculados. Pero en la aldea reinaba la alegría, de ambiente festivo, de estar sentados todos alrededor del fuego, comiendo y brindando por el calor del invierno.

    La niña, cerca de las brasas, comprendió que la tierra amaba al viento y al agua, pero también al fuego.

    Shireen – So Human of You

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  • Pecado

     -Padre, he pecado.

     -¿Qué es lo que te aflige, hijo?

     – He tenido pensamientos impuros.

     – ¿Por qué dices eso? ¿Qué ha pasado?

     – La miro y pienso en ella, desnuda, mirándome con esos ojos seductores.

     – Pero ¿De qué imagen se trata? ¿Cómo es?

     – Ella es… Viste con una túnica azul, de expresión divina, con sus manos juntas en procesión, reviviendo la pasión y el dolor en el que está atrapada. Se lamenta en un suspiro, la tristeza es un pesar que no abandona. Pero hay deseo en su rostro, hay una caricia callada del roce de la seda sobre su piel. Gime silenciosa, presa de su delirio, ahí es donde yo me pierdo. Imagino sus labios pidiéndome besos, sus manos recorriendo mi espalda…

     – ¡Ya basta! Lo he entendido, ¿dónde tienes esa depravada imagen?

     – Aquí, la llevo siempre conmigo.

     – Quiero ver de qué se trata.

     – Es esta.

     – A ver. ¡Pero si es una estampa de La Milagrosa! ¿Cómo se te ocurre, pequeño pervertido? ¿Cómo se te ocurre tener ese tipo de pensamientos con nuestra señora? Anda, reza cinco Padrenuestros y no se te ocurra rezar ninguna Ave María, no sea que te tenga que echar agua bendita helada por encima. Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    .

    – Padre, he pecado

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  • Día nublado

     Hoy pienso ruido, rumor constante que araña mi mente, alquitrán en la elocuencia ensuciando mi amanecer, emborronando nostalgias químicas y encabritando la serenidad de los girasoles al torcer la mirada.

    Hoy pienso ruido cuando ayer era coloquio, espíritu y bruma rompiendo la madrugada.

    Supersubmarina – Hermética

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