

Una suave brisa fue aliento. Ella sonrió un segundo, escuchó la melodía de las olas del mar. Comprendió la urgencia y su rostro cambió. Las arrugas de su cara parecían preocupadas. Comenzó su rezo en la oscuridad de la noche.
La niña despertó sobresaltada. El sonido de las ramas arañando las paredes. Asustada, fue en busca de su abuela. La encontró en el centro de la cueva. Sus ojos en blanco, su mente muy lejos. La niña tragó la sequedad de su garganta y corrió.
Rápido.
Más que el viento que azotaba el bosque hasta dejarlo sin hojas.
Más que las lágrimas del miedo.
Llegó a la aldea y gritó fuerte.
– ¡Despertad, peligro!
Sus pulmones ardían del esfuerzo.
– ¡Hay que ir al lugar seguro!
El viento quería enmudecerla.
– ¡Por favor, salid!
Una puerta se abrió ante ella. Envuelto en pieles y con el pelo enmarañado le daba más aspecto de oso que de humano. Gruñó entre bostezos.
– Niña, ¿por qué hacer una llamada a la Gorssed? ¿Cuál es la emergencia?
– No sé -dijo la niña deshaciéndose en llanto- mi abue… la bandrui está en trance.
El hombre-oso agarró a la niña y la sentó en sus hombros.
– Bien hecho, niña. Vamos a despertar a toda la comarca.
Pronto salieron alarmados por el escándalo. El viento aullaba cabalgando sobre las cabañas. La niña y el hombre-oso se aseguraron de que todos estuvieran listos y corrieron a la cueva de la vieja baldrui.
Entraron sin orden, pero con cuidado. Se agruparon alrededor de la vieja y en silencio escucharon su canto. El rumor del viento desgarrando el bosque atemorizó a los habitantes de la aldea. Pero ellos se sabían a salvo en el lugar sagrado.
El sol fue promesa de calma. La tempestad había pasado. Arrancándolo todo a su paso. Rompiendo árboles, muros y moradas. El más grande de los aldeanos sollozó en silencio.
– Ahora solo habrá frío y hambre.
La baldrui, que se levantaba del lugar de su letargo, miró al que se lamentaba y le dijo:
– Del hambre y del frío nos ocuparemos después. Esta noche la tormenta aceptó nuestro canto.
A Winged Victory for the Sullen – Requiem for the Static King
No fue el viento quien salvó la aldea. Fue la voz que se atrevió a enfrentarlo.
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